PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE LA ESCALADA FEMENINA

Mujeres que abren vías

Con este artículo buscamos reconocer el legado de las pioneras españolas que dejaron su huella en las rocas y las paredes, pero también hacer un llamado a las nuevas generaciones de mujeres escaladoras para que sigan buscando su propio camino.

Josune escalando en Ordesa. Foto: Rikar Otegi
Josune escalando en Ordesa. Foto: Rikar Otegi
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Con la cuerda de cáñamo atada a la cintura y los pantalones bávaros de pana, la escaladora va subiendo palmo a palmo por la pared, muy vertical en casi todo su recorrido. Es un conglomerado muy compacto, que no da juego para meter clavos o tacos de madera, único modo de aseguramiento que lleva la cordada. Hay que templar los nervios y confiar en que la suela dura de sus botas se queden en los guijarros que sobresalen del muro.

Por fin, unas horas después, María Antonia Simó se reúne en la cumbre con sus compañeros Jordi Panyella ‘Pany’ y J. Perrera. Es un 6 de julio de 1941. Acaban de realizar la primera ascensión –masculina y femenina– del Dit d’Agulles, un esbelto monolito de la región de Els Frares Encantats, en Monserrat.

María Antonia Simó
María Antonia Simó

No es la única primera que hizo esta pionera, muchas otras tanto de Montserrat como de Pedraforca y de distintas paredes del Pirineo también llevan su apellido. Fue una de las poquísimas escaladoras, junto a Carme Romeu, Olga Carreras y pocas más, que participaron en la apertura de vías en los años incipientes de la escalada.

Vamos avanzando en las décadas de la historia – años 70, 80, 90…– y la participación de las mujeres en la apertura de vías sigue siendo alarmantemente baja.

Durante los cuatro últimos años he tenido el privilegio de coordinar los números monográficos de la revista Desnivel que hemos ido dedicando a las grandes paredes y principales zonas de escalada de nuestra geografía, que suman ya una docena: Urriellu, Riglos, Gredos, Ordesa, Montserrat, paredes de Alicante, El Chorro, La Pedriza, el Aneto, la Montaña Palentina, Galayos y Pedraforca (y el que estamos a punto de publicar, sobre la sierra de La Cabrera).

En todos ellos me he esforzado siempre por buscar la huella femenina en la historia de sus escaladas y, con gran pesar, número tras número, la presencia de escaladoras en sus páginas ha sido lamentablemente baja.

Miriam García Pascual (1963-1990) en Yosemite.  (© Familia García Pascual/DESNIVEL)
Miriam García Pascual (1963-1990) en Yosemite.

Claro que hay excepciones, como el ejemplo de María Antonia Simó del inicio y otras grandes escaladoras que vinieron después. Entre ellas hay que citar a la talentosa madrileña Marisa Montes (fallecida prematuramente en Los Alpes en 1981) o, más adelante, a Miriam García Pascual (autora de la imprescindible obra Bájame una Estrella, primer libro editado por Desnivel, en 1991) y otras como Mónica Serentill, Montse Pascual, Montse Puig, Mònica Verge, Marta Lozano, Anna Ibáñez, Ana León (primera octavogradista española)…

Si hablamos de montañas más grandes, sería muy injusto no mencionar el importante papel desempeñado por reconocidas alpinistas como Edurne Pasabán, Rosa Fernández, Chus Lago, Araceli Segarra, Lina Quesada…

Y, por supuesto, la inigualable Josune Bereziartu que, además de ser una adelantada a su época que rompió moldes internacionales en la escalada deportiva, dejó para la posteridad vías como El Ojo Crítico de Ordesa, junto a su compañero Rikar Otegi.

Llevándolo a un plano personal, yo misma formé parte de la masa de escaladoras que empezó a escalar a finales de los 90. Éramos pocas; aún menos las que escalábamos en cordada femenina vías largas de pared y con los dedos de una mano se pueden contar las que se lanzaban a abrir vías.

Sí que hubo una importante eclosión tanto en esos años como en los posteriores 2000 de escaladoras deportivas que se movían mano a mano con los chicos por los octavos, con figuras tan inspiradoras como las de Leire Agirre, Mariona Martí, Ruth Planells, Esther Cruz, Eva López, Ana Belén Úbeda, Berta Martín, Eva Élez, Agurtzane Romero, Ana León, Raquel Hernández, Silvia García o Pati Blasco (no eran las únicas, pero ellas fueron las protagonistas de la revista Escalar nº 28, de julio de 2002, que quizá recordéis si ya peináis canas).

Pero, volviendo a la apertura de vías, muy pocas de estas se animaban a coger un taladro y aún muchas menos a abrir vías comprometidas en grandes paredes o montañas.

Claro que las hay, incluso mujeres cuyas aperturas trascienden si ha sido una realización femenina o masculina porque no tienen parangón con persona alguna en el mundo. Sí, estoy hablando de Sílvia Vidal, a quien seguro que conocéis y desde aquí os recomiendo por cierto la lectura de su libro recién editado, Hay luz entre las cuerdas.

Es la más grande ‘bigwallera’ pero no la única. Hay otras forjadas en los noventa y que siguen dando caña, como la oscense Cecilia Buil, aperturista y escaladora todoterreno que lleva una trayectoria incomparable; entre otras que me dejo en el tintero o que ni siquiera conozco, porque nunca han hecho públicas sus primeras ascensiones por voluntad propia, lo que no quita que también existan y hayan influido en sus círculos cercanos.

Sílvia Vidal durante la apertura de Espiadimonis (1.300 m
Sílvia Vidal durante la apertura de Espiadimonis (Patagonia chilena)

Hoy miro a mi alrededor y observo con gran alegría muchas chicas jóvenes que se suben con desparpajo por las vías más difíciles, que escalan con amigas o les ponen las cintas a los “chicos sin complejos” (por suerte, hemos avanzado mucho en este aspecto pero, como nos recordaba hace poco Seb Berthe en su artículo Machismos en la escalada, aún queda camino por recorrer).

En los rocódromos, la presencia de mujeres ya es casi la misma que la de hombres, pero las noticias que cada día encabezan la portada de esta web sobre nuevas aperturas en paredes y montañas, son en una proporción abrumadoramente alta realizadas por hombres. Me estoy refiriendo a escaladoras españolas, aunque en el plano internacional hay más pero siguen estando en minoría.

De nuevo hay excepciones, como el excelente trabajo que está realizando Miriam Marco al frente del Equipo Femenino de Alpinismo, con grandes mujeres que han dejado su huella en expediciones como la de 2023 a Groenlandia –donde abrieron ocho nuevas vías– o su anterior expedición a Jordania y Arabia Saudí (unas actividades plasmadas en los recomendables documentales Abriendo Camino vol. 1 y 2).

Uxue Loizo en la Fathers Tower (Foto: Juanmi Ponce/FEDME).
Uxue Loizo en la Fathers Tower (Foto: Juanmi Ponce/FEDME).

Las mujeres (las del lado privilegiado del mundo) tenemos los conocimientos, técnica y nivel suficientes para abrir vías en las grandes paredes y montañas, ¿por qué entonces nos conformamos habitualmente con hacer repeticiones o «primeras ascensiones femeninas» a vías ya abiertas por hombres?

No deja de causarme cierto embarazo ver que una repetición de una vía clásica por parte de una mujer sea motivo de artículos y conferencias que nunca se le pedirían a un hombre, sin que con esto pretenda restar mérito a sus ascensionistas.

Es innegable que, como sociedad construida por los hombres, acarreamos una pesada losa. Además, dejándome llevar por el vicio de la generalización, creo que las mujeres no tenemos una necesidad tan imperiosa de dejar nuestra huella, que nuestro ego no precisa alimentarse de la misma forma que el de los hombres. Nos conformamos con escalar, con disfrutar, sin tener en cuenta el legado que estamos dejando.

Ana Belén en “El Calvario del Sicario”. 📷 Alfonso Martínez
Ana Belén en “El Calvario del Sicario”. 📷 Alfonso Martínez

Es importante que esto cambie. Cuando, quizá dentro de un par de décadas, otra periodista se siente en mi lugar y se ponga a investigar las primeras ascensiones realizadas por mujeres, no puede seguir existiendo este vacío.

Hay que ponerse manos a la obra. La revolución ya la estamos viendo en el aumento de magníficas películas producidas, dirigidas y escritas por mujeres; en cantantes que imponen tendencias mundiales; en tantas voces nuevas y personales de escritoras, dibujantes, cómicas…

Chicas, las paredes están ahí, todavía hay mucho terreno virgen para buscar nuevas aventuras, para plasmar la mirada femenina por medio de este arte que también es la escalada. Escuchad su llamada… ¿no os están ya sudando las manos? ¡Vamos, a por ellas!

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Comentarios
4 comentarios
  1. Se da la preciosa circunstancia de que en la portada de hoy se puede leer la noticia del primer descenso en esquís, por parte de Aymar Navarro, del Tuc del Hemnes, una montaña cuya primera ascensión fue realizada por María Antonia Simó y Olga Carreras en 1960. De ahí su nombre en aranés, el pico de las mujeres (al principio pensaron denominarlo Pic des Dones). Esta ascensión fue quizá "la última primera" de los Pirineos a una montaña virgen de gran entidad y ciertamente complicada de ascender por su cresta nor-occidental, la de la derecha de la foto..

  2. Tenéis toda la razón, un lamentable olvido no haber incluido a Gema Lanza y sus muchas y buenas vías de Picos. También debería estar Eva Sánchez, aperturista de vías invernales Gredos, y seguro que me he dejado más… Disculpas a todas ellas. Espero en todo caso que haya quedado claro el mensaje: había muy pocas mujeres que abrían vías antes y siguen siendo pocas ahora. Ojalá esto cambie.

  3. Buen artículo, pero creo que se mezclan tantas cosas que puede desorientar. Abrir vías es una cosa bastante concreta. Me sumo al comentario de Jorge; Gema Lanza debería aparecer entre las principales aperturistas nacionales. Grande Churra!

  4. Gran artículo, pero llama enormemente la atención que se obvie a la que quizá sea una de la/los (daría igual el género) más importantes aperturistas de los picos de Europa, Gema Lanza. Creo que no haga falta enumerar lo logros como escaladora de esta activa miembro de “los cholos”.
    Un extraño y gran error no haber nombrado a Gema. Una pena.
    Saludos.

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