WoGü, en la 7.ª Kirchlispitze del Rätikon suizo, era una de las vías que figuraban en la lista de tareas pendientes de Jacopo Larcher y Barbara Zangerl. Llevaban años queriendo probar la mítica línea abierta por Beat Kammerlander a finales de los años noventa y, después de varias semanas de actividad en la zona, decidieron finalmente ponerse a prueba en sus 270 metros y nueve largos.
El resultado fue especialmente llamativo: Jacopo Larcher encadenó WoGü el 22 de agosto y Barbara Zangerl lo hizo al día siguiente, el 23. Ambos consiguieron completar la vía en su primer intento de punto rojo, después de varias sesiones de trabajo repartidas durante aproximadamente un mes. Para Babsi Zangerl, además, la ascensión supone la primera femenina en libre de la vía.
WoGü fue abierta por Beat Kammerlander a finales de los años noventa y su primera ascensión en libre llegó de la mano de Adam Ondra en 2008. La vía, de 270 metros y dificultad máxima de 8c, había sumado hasta ahora las repeticiones en libre documentadas de Edu Marín, Roland Hemetzberger, Cédric Lachat y Louna Ladevant.
Una decisión improvisada
La decisión de abordar WoGü surgió casi de manera espontánea. La pareja acababa de trabajar Déjà, otra de las grandes referencias de la escalada dura del Rätikon, y todavía tenía el material bajo la pared. Después de semanas acostumbrándose a la caliza técnica de la zona, tenían a apenas cincuenta metros una vía que llevaban años mirando con respeto.
Jacopo Larcher explica que, aunque sobre el papel WoGü es algo menos difícil que Déjà, la escalada resulta más sostenida y acumula varios largos de carácter muy bloquero. Además, las aperturas de Beat Kammerlander son inseparables de los alejes. Para la pareja, precisamente esa combinación entre dificultad y aventura era parte del atractivo de la línea.
El trabajo comenzó durante la última semana de julio. El principal problema no parecía estar tanto en resolver individualmente los largos como en encadenarlos todos en una sola jornada. La vía exige superar nueve largos con dificultades que alcanzan el 8c y el 8b+, y deja poco margen para cometer errores cuando se intenta completar de abajo arriba.
La estrategia fue la misma que habían empleado durante aquel verano: desplazamiento al Rätikon por la tarde y escalada a última hora, cuando el calor daba una tregua. Los días acababan habitualmente bajo la luz de los frontales. Algunos largos, además, castigaban especialmente la piel, hasta el punto de que rara vez podían escalar dos jornadas consecutivas.
Nueve largos y varios puntos críticos
Uno de los primeros grandes obstáculos es el 8c de 45 metros. Después de una larga sección de 8a, con algunos reposos y un aleje considerable, aparece un bloque muy duro justo antes de la reunión. Jacopo Larcher encontró una secuencia que le funcionaba especialmente bien gracias a su mayor estatura, mientras que Barbara Zangerl tuvo que buscar una alternativa al no poder alcanzar el mismo agarre.
Pero el largo que más tiempo y energía les exigió fue probablemente el corto 8b+, de apenas 12 metros y prácticamente vertical. Los agarres y apoyos son extremadamente pequeños y la escalada resulta muy insegura: un mínimo error significa abandonar la pared.
Después llega Badewanne, otro de los largos clave. Su primera sección resulta difícil de descifrar y la escalada no permite simplemente progresar de seguro en seguro. Más arriba, una sucesión de regletas sobre una caliza extremadamente afilada añade otra dosis de dificultad. Para Larcher, estos dos largos fueron los mayores obstáculos de la vía. El siguiente 8b+, algo más desplomado, ofrece en cambio una escalada más cercana a la deportiva, aunque acompañada de alejes importantes.
Con todos los largos encadenados individualmente, llegó el momento de intentar la vía completa. Ambos querían escalar todos los largos de primero, alternándose el liderazgo de la ruta. Como Babsi había sido la primera en atacar Déjà, esta vez le correspondía a Jacopo abrir el juego.
Jacopo Larcher abre el camino
La jornada de Jacopo Larcher comenzó con una complicación inesperada: durante la noche había llovido y por la mañana la pared estaba completamente mojada. Permanecieron en la furgoneta hasta el mediodía, convencidos de que tendrían que abandonar el intento, pero finalmente la roca comenzó a secarse y decidieron subir.
Tras un comienzo prudente, Jacopo Larcher fue ganando confianza. Superó el primer 8c al primer intento y llegó a sus dos principales dificultades: el 8b+ y Badewanne. En el primero perdió el equilibrio en el crux, aunque consiguió rehacer la secuencia pocos minutos después y encadenarlo. En Badewanne tuvo que recurrir a un segundo intento después de cometer un error al principio, pero consiguió finalmente superar también ese largo. Los últimos largos fueron bien hasta alcanzar la parte final, parcialmente mojada, donde tuvo que luchar hasta la cima.
No había demasiado tiempo para celebrarlo. A la mañana siguiente le tocaba el turno a Barbara Zangerl.
Barbara Zangerl repite 24 horas después
El objetivo de la austriaca era llegar cuanto antes al primer 8b+, antes de que la pared quedara expuesta al sol. Sin embargo, el primer largo de 7a seguía completamente mojado. Es un tramo aparentemente modesto dentro de la vía, pero técnico y con alejes considerables, lo que lo convertía en un comienzo especialmente incómodo.
Después llegó el primer 8c. Barbara Zangerl tuvo que emplear una secuencia diferente a la de su compañero en la parte superior y, por tanto, con un margen de error reducido. Lo superó sin caer y pudo continuar sin tener que repetir la sección inferior.
El primer 8b+ era probablemente el largo que más respeto le imponía. La roca afilada y la exposición al sol dejaban poco margen para cometer errores. Sin embargo, lo encadenó a la primera. También resolvió al primer intento Badewanne, pese a tener que improvisar después de equivocarse en la secuencia, y superó de la misma manera el segundo 8b+. El 8a+ siguiente y el último largo también cayeron al primer intento.
De este modo, dos jornadas después de comenzar el intento completo, Jacopo Larcher y Barbara Zangerl estaban juntos en el top de WoGü. Habían conseguido algo que ellos mismos no esperaban: completar una de las grandes clásicas de la escalada deportiva de varios largos del Rätikon en días consecutivos y en sus primeros intentos completos de punto rojo.
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