El Karakórum es ya testigo de una madrugadora expedición interesante de otoño –aunque formalmente sea de finales de verano–. Se trata del grupo ruso que intentará el Baintha Brakk (7.285 m), más conocido entre la comunidad alpinística mundial como el Ogro.
Formada por Alexander Parfenov, Alexey Sukharev, Alexander Ryndyk y Ratmir Mukhametzianov, su objetivo inicial era la ominosa cara norte de este pico localizado en la cordillera del Panmah Muztagh. Sin embargo, las vicisitudes de su viaje les ha obligado a un forzado cambio de planes.
Lo contaba la periodista rusa Anna Piunova el viernes pasado en sus redes sociales:
Alexander Parfenov y Alexander Ryndyk han estado combatiendo una fiebre persistente durante varios días. Siguiendo consejo médico, empezaron un tratamiento con antibióticos y se están recuperando, pero intentar el muro en su estado actual sería asumir demasiado riesgo.
Hoy marca el inicio de una ventana de buen tiempo de una semana de duración, y Ratmir Mukhametzianov con Alexey Sukharev han cambiado su foco hacia la cara sur. Planean enviar el dron arriba, estudiar los detalles de la pared y luego comprometerse como una cordada de dos en un intento de nueva línea que discurra entre las rutas existentes.

Un pico para la historia
El Ogro es un pico que ha llenado algunas páginas en la historia del alpinismo de dificultad en grandes montañas.
La primera ascensión correspondió a los británicos Chris Bonington y Doug Scott, en 1977, tras los infructuosos intentos de 1974 (expedición japonesa), 1975 (grupo británico liderado por Don Morrison, que también encabezó el reconocimiento de las caras norte y sur en 1971) y 1976 (nueva tentativa japonesa a la cara suroeste).
Después de haber alcanzado la cima oeste y realizar un vivac en una cueva de hielo junto a Mo Anthoine y Clive Rowland, Bonington y Scott atacaron la técnica torre somital, llegando a la cumbre al atardecer. Después vendría un dramático descenso que forma parte de la historia del himalayismo internacional.
Fruto de una caída durante un rápel, Doug Scott se fracturó ambas piernas, convirtiendo el descenso en una auténtica lucha por sobrevivir. El tiempo empeoró radicalmente, y tras varios días atrapados en la cueva de nieve, el cuarteto británico retomó sus pasos hacia la cumbre oeste. Un nuevo vivac y al día siguiente iniciaban el descenso del Pilar Sur hasta el collado que atraviesa hacia la arista oeste, por la que habían ascendido.
Bonington sufre otra caída, rompiéndose algunas costillas y la escasa visibilidad les impide atravesar el collado y los retiene dos días en las tiendas del último campo de altura. Ya en las cuerdas fijas, pero muy debilitados, reiniciaron un descenso que obligó a Doug Scott a recorrer sobre manos y rodillas los cinco kilómetros de glaciar y morrenas que separaban el campamento base de la pared suroeste del Ogro.
Dos ascensiones más
La segunda ascensión del Ogro tardó otros 24 años en llegar, hasta el año 2001. Thomas Huber, Iwan Wolf y Urs Stöcker volvieron a plantarse en la cima del Baintha Brakk tras haber escalado el anhelado Pilar Sur hasta la cima (una expedición francesa lo resolvió en 1983, pero se volvieron sin la cumbre). La expedición germano-suiza tuvo inicialmente sus diferencias con un grupo estadounidense liderado por Hans Johnstone, que había elegido la misma ruta, pero finalmente regresó con la nueva ruta y con la primera ascensión al Ogro III.
Durante aquella primera década del siglo XXI, también Al filo de imposible intentó la ascensión del Ogro pero las peligrosas condiciones de la parte alta de la montaña motivaron la retirada de Alberto Iñurrategi, José Carlos Tamayo y Jon Beloki en su intento final. Quienes no se retiraron fueron Hayden Kennedy y Kyle Dempster en verano de 2012, que abrieron una nueva ruta en la cara sur y terminaron llevándose un Piolet d’Or 2013 por ello. En 2016, Kyle Dempster perdería la vida en la cara norte del Ogro II junto a su compañero Scott Adamson.








