Con el encadenamiento de Celedon, ruta ubicada en la Hoya de Leze (Álava), el vasco Oier Berruete da un nuevo impulso a su trayectoria como escalador y a su motivación. La vía, una línea de 45 metros de resistencia extrema equipada y encadenada por Iker Pou en 2012, en un primer momento contaba con un plus pero, tras las repeticiones de ilustres novenogradistas como David Gambús, Gorka Karapeto, Patxi Usobiaga, Ander Lagasabaster, José Luis Palao o Jonatan Flor, entre otros, está firmemente asentada en el 9a.
Aunque Oier, de 25 años, es oriundo de Antoñana, un pueblo de Álava, nos cuenta que hace ocho años se trasladó a Huesca por los estudios, y desde entonces ahí sigue, aunque para su estreno en el noveno haya escogido su provincia natal.
Sobre Celedon, confiesa en sus redes que: «Cuando me decidí a probarla no sabía si alguna vez iba a ser capaz de hacer semejante vía. Ha sido un proceso muy bonito que he disfrutado en todo momento: descubrir la coreografía, aprenderla, y después conseguir hacerla lo más fácil y mejor posible. Sin duda, un proceso que además de hacerme mejorar, me ha ayudado a conocerme mucho mejor, a saber cómo se comporta mi cuerpo».
Le preguntamos más sobre este encadenamiento:
¿Por qué escogiste Celedon como proyecto y cómo ha sido tu proceso en ella?
Hacía tiempo que me fijé en esta vía, ya que cuando llegas al muro te entra por los ojos y empiezas a soñar con ella. La empecé a probar un poco el año pasado, le saqué los pasos y maticé secuencias… pero tuve que dejar de escalar por una lesión en el talón y en la rodilla.
Después de la recuperación, para esta temporada tenía claro que quería centrarme en esta vía, por lo que fui compaginando días en la vía con sesiones de entreno dirigidos a ella. No ha sido fácil pillar buena condición, pero probarla con humedad y mojada me ha servido para centrarme en detalles que con buenas condiciones tal vez no los haría.
¿Cómo la describes?
La vía es muy buena, 45 metros de pura calidad, bastante mantenida. Se podría dividir en dos partes: la primera es una escalada más física y de “no parar” que termina en un reposo muy bueno. Hasta aquí es 8c+ (Celedon txiki). La segunda parte será como 8c, más vertical, pero notas el peso de los metros que has escalado debajo… Se convierte en un juego mental, es una batalla constante hasta la cadena.
¿Cuándo empezaste a soñar con hacer un 9a?
En 2021 hice mi primer 8c y desde entonces empecé a pensar que podría ser posible hacer 9a algún día. No era un objetivo como tal, pero el superarme a mí mismo siempre me ha mantenido motivado. No obstante, hay cosas que no podemos controlar, y durante estos 3-4 años he tenido que parar varias veces debido a lesiones.
Me han operado 3 veces de la rodilla, y cada una de las lesiones venía justo cuando mejor me sentía física y mentalmente. Ha sido duro, pero también soy consciente de que he aprendido mucho y que después de cada lesión siempre he vuelto con la energía renovada.
He visto que también eres entrenador de escalada, ¿cómo empezaste con ello y cuáles dirías que son las claves de tu método de entrenamiento?
Empecé a escalar hace 10 años y lo iba compaginando con otros deportes. Al mismo tiempo que fui dedicando más energía a la escalada, empecé a interesarme por el entrenamiento y el rendimiento. Cuando terminé mis estudios empecé a entrenar a diferentes escaladores y escaladoras, bajo mi marca de entrenamiento “Obsesion”.
Además, durante este proceso he conocido a mucha gente que ha tenido influencia sobre mi evolución en la escalada y manera de entender el deporte, estoy muy agradecido por ello.
Siempre he creído que si se disfruta del proceso los resultados van viniendo. Me podría describir como una persona organizada y metódica, me fijo mucho en los detalles.
A la hora de entrenar y escalar se refleja cómo somos cada uno. Yo disfruto así, y además creo que me da resultados. Lo importante es buscar la fórmula que le funcione a cada uno, y con la que cada persona se sienta cómoda.












