Tom Livingstone y Gašper Pintar se han sobrepuesto a unas condiciones meteorológicas poco favorables y han terminado concluyendo una interesante aventura en Alaska. Concretamente, han firmado la primera ascensión de una nueva ruta en la cara sur del Mt. Dickey (2.909 m), que han bautizado como The Great Wall.

Expedición al congelador
En sus redes sociales, el ganador de un Piolet d’Or por su ascensión al Latok 1 de años atrás, Tom Livingstone, describe su primer tercio de expedición “como vivir en un congelador; pasamos el día sacando paladas de nieve de encima de nuestras tiendas, mientras oteábamos las cumbres nevadas entre las nubes”.
Sus primeros intentos no fueron encaminados a la línea que finalmente terminarían abriendo. Primer intentaron repetir Blood from the Stone (1.500 m, A1, WI6 X, M7+) en la cara este del Mt. Dickey, abierta por Ueli Steck y Sean Easton en 2002 y repetida el año pasado por Matt Cornell, Sam Hennessey y Rob Smith.
A continuación, intentaron añadirle una entrada directa a Ruth Gorge grinder (1.500 m, AI6+, M7), la línea trazada por Jackson Marvell y Alan Rousseau ya hace cinco años. Pero tampoco pudo ser. E incluso trataron de meterse en la cara oeste del Peak 7400, “pero cuando clavamos nuestros piolets en lo que esperábamos que fuese hielo, encontramos sobre todo nieve azúcar imposible de proteger”.

The Great Wall en cuatro días
El tiempo no colaboró, pero finalmente consiguieron llevarse el gato al agua en el enésimo proyecto que probaron, a base de tesón, motivación y buen humor. “Desde que llegamos, nos sentimos atraídos por un gran couloir en la parte alta de la montaña”, apunta Tom Livingstone, quien se preguntaba junto a Gašper Pintar: “¿seríamos capaces de alcanzarlo a través de algunas placas de locura?”
Se pusieron manos a la obra después de una jornada dedicada a fijar cuerdas. “Una línea en sutil travesía por una roca muy inclinada nos llevó hasta la mitad de la pared, con hielo extenuante y un vivac en una cueva”, narra el británico. A continuación, “zigzagueamos más arriba, con la nieve cayendo (o, más bien, subiendo gracias al viento); muchos largos parecían improbables y siempre complejos”.
Su tercer día culminó con un vivac en una arista de nieve. Al día siguiente, remontaron un nevero desplomado mientras a su alrededor caían grandes purgas de nieve, y consiguieron hacer cumbre. Contentos por su inesperado éxito en ese contexto de mal tiempo, todavía no han lanzado propuesta de grado, aunque Gašper Pintar considera que “es la ruta alpina más dura que haya hecho”. La resumen como “una dura combinación de muchos diferentes tipos de escalada, días y desafíos”.









