LECCIONES DE ALPINISMO

Paul Ramsden: “Cuando escalas montañas muy rápido se pierden cosas”

Paul Ramsden recibirá en noviembre su cuarto Piolet de Oro. Hablar con él sobre alpinismo es una lección de estilo, motivación e ideas claras. Su visión es atípica: acostumbrado a escalar con mal tiempo en Escocia tiene claro que es casi imposible realizar una gran ascensión con buen tiempo todos los días. Tampoco busca la rapidez pues su objetivo es disfrutar de la montaña al máximo y, además, le encanta vivaquear. No lleva teléfono satélite, ni sigue ningún parte meteo, tampoco le gustan las redes sociales…

Autor: Darío Rodríguez | 11 comentarios | Compartir:

El año pasado, cuando Paul Ramsden y Mick Fowler ganaron su tercer Piolet de Oro por el primer ascenso al Gave Ding (6.400 m), se dijo que era el primer equipo que conseguía el triplete en la historia de los premios. El pasado otoño Ramsden cambió de compañero: se encordó con Nick Bullock, juntos abrieron el Pilar Norte del Nyainqentangla Sureste y el proyecto les ha valido otro Piolet, el cuarto para Ramsden. La coletilla se repite inevitablemente: nadie lo ha hecho antes. Él, por su parte, siempre actúan con una filosofía muy concreta. “Sabemos que no es la habitual, pero también sabemos que llegamos a las cumbres con más frecuencia que otros alpinistas”, nos decía en una entrevista que le hicimos el año pasado y que ahora recuperamos.

¿Cuál ha sido tu proyecto más difícil?
La ruta que más me ha demandado físicamente fue Siguniang (6.250 m), que hice en 2002. Técnicamente era dura, pero físicamente lo era mucho más. Era muy empinada, el tiempo fue fatal, teníamos pocos vivacs, era muy difícil cocinar y teníamos que ingeniárnoslas para comer y beber… Creo que perdí 12 kilos en 10 días. Esa ruta fue la que nos dio nuestro primer Piolet de Oro a Mick Fowler y a mí. El año anterior habíamos estado en otra montaña pero no hicimos nada: llegamos al campo base, vimos que era muy peligroso y volvimos a casa.

¿Cuál es el secreto de tu compenetración con Mick Fowler?
Es un buen amigo, nos llevamos muy bien y somos muy parecidos. Ambos tenemos trabajo, carrera, familia, una casa, hipoteca… las mismas preocupaciones cotidianas, y eso facilita el entendimiento en la montaña. Cuando escalo con gente profesional, por ejemplo, me doy cuenta de que nuestras vidas son muy diferentes. En cambio, con Mick no me pasa porque somos muy parecidos. También tenemos la misma idea del alpinismo y del riesgo, a ambos nos gusta hacer las cosas lo más seguras posible. Tenemos también el mismo grado de perseverancia, algo muy importante. Si en una expedición solo tira uno se pierde el equilibrio.

Mick se suele encargar de la organización. Su trabajo es más flexible que el mío en cuanto a horas y también tiene más contactos, por eso es probable que le resulte más fácil que a mí organizar las cosas. Durante algunos años yo no tenía nada que ver con estas tareas. Mick me daba simplemente un día y una hora para presentarme en el aeropuerto.

«No puedo negar que si uno quiere ser montañero debe ser un poco egoísta»

¿Sois amigos de las tecnologías en la montaña?
En la montaña no tenemos teléfonos satélite ni nos dedicamos a actualizar un blog o a trabajar con tecnologías de la información. A mí no me gusta, ni siquiera tengo Facebook. Tampoco me gusta tener partes meteorológicos porque eso condiciona tus decisiones. En lugar de juzgar uno mismo según las nubes o la situación, la persona que hace el pronóstico toma la decisión por ti. 

Pronosticar una ventana de buen tiempo ayuda mucho en la logística…
Cuando aprendes a escalar en Escocia el mal tiempo es algo habitual, como una tradición. Creo que en muchos países alpinos no tienen la tradición de escalar con mal tiempo, mientras que aquí es lo normal. Y si se pone muy feo, solo tienes que acampar y esperar a que mejore el día. He escalado en el Himalaya, en Sudamérica, en la Antártida, en Alaska… y en casi ninguna de las cordilleras del mundo hace tan mal tiempo como en Escocia. Suena un poco exagerado, aquí nunca hace mucho frío en cuanto a grados, quizá llegamos hasta 2 bajo cero, pero siempre hay mucha humedad y mucho viento, así que la sensación es de mucho frío y así es fácil sufrir una hipotermia.

¿Cómo sería tu proyecto ideal?
La ruta perfecta debe ser segura, sin seracs ni pendientes con avalanchas, lo que significa escalar en un pilar donde no haya caídas de roca o hielo. Lo ideal es que la vía vaya directa a la cima, algo estético que resulte bonito, y con un descenso alternativo. Hacer un tour entero en la montaña es mucho más gratificante que escalar una vía difícil y bajar por el mismo sitio. Eso me deja insatisfecho, hacerlo de la otra forma convierte la escalada en un viaje.

¿Es fácil ser un alpinista con hijos?
Mis experiencias me han ayudado a ser un mejor padre, pero entiendo que lo que hago puede… puede que no sea… bueno, que no se parece a lo que la gente considera la paternidad ideal. Cuando estoy en una montaña intento evitar pensar en mi familia. No puedo negar que si uno quiere ser montañero debe ser un poco egoísta, no hay más opción. Puedes tratar de justificar cada cosa que haces, pero en el fondo uno sabe que no hay ninguna excusa genuina. Uno es egoísta para hacer lo que hace y la compensación es ser tan buen padre como se pueda cuando estás en casa.

«A mí me gusta vivaquear»

¿Escalas cuando vuelves a casa?
Intento escalar entre expediciones, pero es muy difícil, a veces el trabajo y los compromisos familiares hacen que desaparezca el tiempo libre. Hay años en los que no escalo nada, aunque la gente no me crea.

¿Cómo recuerdas tu primera expedición?
Mi primera expedición fue en 1990 y fue terrible. Volví diciendo que ya no repetiría más, no sabíamos lo que hacíamos, no teníamos experiencia y fallamos estrepitosamente. Estábamos estresados por las avalanchas y las tormentas y no encontramos la manera de hacer aquello. La siguiente fue al cabo de seis o siete años. Me invitaron a ir a Alaska y lo pasamos bien. Hicimos tres expediciones con éxito y ahí es donde me di cuenta de que podían ser divertidas. Entonces conocí a Nick y empezamos a escalar juntos.

¿Cómo es Alaska?
Es un buen lugar, hay buenas escaladas y 24 horas de luz, así que puedes escalar en un solo ataque y eso es muy diferente del Himalaya. Alaska es el lugar perfecto para aprender las habilidades que se necesitan en las expediciones. Nosotros hicimos una nueva vía en la pared Father and Sons en un solo ataque de 50 horas. Lo disfruté, pero escalar sin parar durante este tiempo me hizo echar de menos los vivacs.

¿Te gustan los vivacs?
A mí me gusta vivaquear. Cuando escalas montañas muy rápido creo que se pierden cosas, es genial dormir en la montaña y ver las puestas y salidas de sol. Cuando vas así puedes disfrutar del ambiente. Para mí es perfecto si en un viaje al Himlaya puedes dedicar diez días a la vía, ¿por qué querría hacerlo solo en dos? Además, es muy fácil cometer errores cuando estás cansado, y también es muy fácil decidir que te das la vuelta. En el Himalaya, la gente encuentra un montón de excusas para bajarse.

«Escalar es muy placentero, pero es muy importante llegar a la cima»

¿Qué ayuda a controlar las excusas?
Nosotros siempre nos llevamos libros a las expediciones porque con ellos cambia mucho la cosa durante las tormentas. Si te atrapa una y lees, no te enteras. Si en cambio estás sentado escuchando el viento y viendo como tiembla la tienda, es fácil que cuando termine te retires porque estás cansado, preocupado y agobiado.

Tú y Nick tenéis una filosofía muy particular.
Creo que nuestra manera de hacer no se parece al alpinismo europeo. Es alpinismo, sí, pero no de estilo rápido y ligero. Escalamos tan rápido como podemos y tratamos de ir lo más ligeros posible, pero no priorizamos eso por encima de la seguridad y sostenbilidad. Sabemos que no es lo habitual y también sabemos que llegamos a las cumbres con más frecuencia que otros alpinistas. Escalar es muy placentero, pero es muy importante llegar a la cima, y el método que seguimos Nick y yo es muy exitoso. Hay lecciones que se pueden aprender de esto.

Vídeo entrevista a Paul Ramsden


 


 
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