Cuando piensas en Benjamin Védrines te viene a la mente su trayectoria a pesar de su juventud: ha protagonizado primeras ascensiones y primeras invernales de gran envergadura en los Alpes, firmado ascensiones exprés a itinerarios míticos y establecido récords de velocidad en cumbres como el Mont Blanc.
En el Himalaya ha destacado por su apuesta por un alpinismo ligero y autónomo, culminada en 2024 con la ascensión al K2 sin oxígeno en un tiempo récord.
En 2025 fue Mención especial de los Piolets d’Or, por el conjunto de sus actividades innovadoras. Y, más recientemente, Piolet d’Or 2026, junto con Nicolas Jean, por la primera ascensión del Jannu Este (7.460 m), en Nepal, por la vía Le Sommet des Pieux (2.300 metros, M6 WI5).
Pero, más allá de sus logros deportivos, Benjamin Védrines representa una forma de entender la montaña basada en la autenticidad y la búsqueda personal. Una manera de hacer de la vulnerabilidad una fortaleza, algo así como cuando ves un pájaro volar y piensas: la libertad completa tiene vulnerabilidad infinita.
Y Soledad es un elogio a esa vulnerabilidad que resulta conmovedor y gratificante, que ofrece otro «modelo de héroe» que, además de hacer las burradas que hace en montaña —como la ascensión en solitario de la vía Base en los Drus, en febrero de 2025, el hilo conductor de Soledad—, sufre desórdenes alimenticios, inseguridades y mucha sensibilidad a todo lo que la vida ofrece. El que escala en solitario en montaña y al que le cuesta sentirse cómodo en su piel son la misma persona.
Védrines confiesa que lleva tiempo enredado en la paradoja de ir solo para compartir mejor. Y es que Soledad también retrata una manera de «contar» la montaña, en la era de las redes sociales, sin juicio ni defensa:
«Para mí, contarlo todo es fundamental. A mis treinta y dos años, he pasado la mitad de mi vida en la montaña. Comencé muy pronto a compartir en las redes sociales lo que vivo en estos lugares. Al principio lo hacía para ofrecer mi testimonio, y un poco para ganarme la aprobación de mis iguales. Escribía pequeños textos que comentaban mis descensos de esquí extremo, mis primeras escaladas en el macizo de los Écrins. Con el paso de los años me permití revelar algunos pensamientos más personales, mostrar mis emociones, explicar lo que me hacía vibrar. En 2022 me convertí en alpinista profesional, y si bien es cierto que desde entonces comunicar es una parte de mi trabajo, también lo es que para hacerlo no necesito esforzarme».
Soledad. Benjamin Védrines
Hay muchas maneras de aullar el malestar: Benjamin Védrines elige la escritura y la montaña, elige contarlo todo, sin matices ni escondrijos.
«Para mí, el compromiso es la manera de poder soltar una especie de rabia que forma parte de mi historia, la rabia de no lograr sentirme bien dentro de mi piel, de no aceptarme, de ser siempre extremadamente exigente conmigo mismo. Cuando me enfrento a las dificultades en una montaña necesito esa rabia, que me nutre, que alimenta mis elecciones, mis compromisos. Creo que Léo y yo compartimos un poco esa misma rabia. Nosotros, los alpinistas apasionados, casi nunca somos personas demasiado sanas de espíritu. ¿Para qué querría asumir riesgos en montaña una persona muy equilibrada?»
Soledad. Benjamin Védrines
Y me pregunto si hay personas muy equilibradas o si cada una sostenemos un equilibrio inestable; me pregunto si no es necesario de un modo u otro tener rincones y espacios para aullar nuestro malestar sin dañar a nadie. Deconstruir para construir.
Este compromiso, de escalar a su manera, de soltar su rabia a su manera, de contarlo a su manera queda presente durante todo el texto. Como una llamada a la autenticidad.
Porque para él la montaña nunca ha sido solo un escenario de hazañas, sino el lugar donde aprender a vivir, aceptar la incertidumbre y encontrar la libertad.
«Esta mañana de invierno subo hacia los Drus acompañado por mis dudas. Aquí, las acepto mucho más gustosamente que en el valle, y me siento más ligero. El estrés está siempre ahí: la angustia de sufrir una caída en esta roca podrida, de verme rechazado por ese 7a que me atemoriza. Pero es un estrés bueno, que me ayuda a concentrarme en los movimientos que debo hacer, y no en los pensamientos limitantes. Sé que la cumbre está lejos, he estudiado los obstáculos que me separan de ella, casi metro a metro. Por fin voy a descubrir si soy o no capaz de superarlos, y esa incertidumbre va más allá de mí mismo».
Soledad. Benjamin Védrines










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