ENTREVISTA

Òscar Cadiach: “Ha sido un año triste, estoy contento de estar vivo”

Han sido muchas tragedias las que se han vivido este año en las grandes montañas. Òscar Cadiach, que ha subido dos ochomiles en primavera (Kangchenjunga) y en verano (Gasherbrum I), ha estado cerca de dos de ellas pero ha vuelto para contarlo, sumando su 13×8000.

Oscar Cadiach en la cima del Gasherbrum 1. 29 julio 2013.  (Oscar Cadiach)
Oscar Cadiach en la cima del Gasherbrum
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“Cuando salgo de casa, ya sé el riesgo que asumo al ir de expedición a un ochomil y pienso que puede ser la última”, asegura Òscar Cadiach. El montañero tarraconense ha vivido “un año triste” en los ochomiles. El balance deportivo es positivo, con cimas en el Kangchenjunga y el Gasherbrum I, pero el precio que se han cobrado ambas montañas alrededor de Cadiach es elevado, en forma de la muerte de cinco personas en el pico nepalí y de otros cinco (incluidos los españoles Xevi Gómez, Abel Alonso y Álvaro Paredes) en el pakistaní. No es de extrañar, pues, que por otro lado reconozca que se siente “contento de estar vivo”.

Ahora acumula ya 13 ochomiles principales en su haber y prepara con cuidado la temporada de 2014, año en que tiene previsto intentar cerrar la lista con su 14º ochomil en el Broad Peak. Si lo consigue, habrán pasado 30 años desde que lograra su primer Everest (1984), y lo quiere celebrar en una expedición con amigos y conocidos y, si es posible, después de haber realizado en primavera una actividad pionera de alto nivel en la frontera entre Nepal y Tibet que ha bautizado como la Gran Travesía de la Vía Láctea.

Hablamos detenidamente con él acerca de todo esto y mucho más, unos días después de que haya vuelto a casa tras su expedición al G1 (con una prórroga en los Alpes).

Estás teniendo muy mala suerte en tus últimas expediciones. Has vivido la tragedia muy de cerca en el Kangchenjunga, en el Annapurna y ahora en el G1 otra vez…
Sí, este año ha sido muy triste. Comenzó en el Kangchen con la muerte de los cinco compañeros y la noticia de Juanjo Garra en el Dhaulagiri… Después hubo lo del atentado terrorista en el Nanga, que también me dio un frenazo aunque al final me decidí a ir a Pakistán. Y al final lo del Gasherbrum I…

El año pasado, casi por sorpresa, fue genial para mí, y además con apenas ningún accidente, sólo una desaparición en el Annapurna. Y en cambio este año ha sido muy triste. No sólo por todo lo que te he contado, sino también porque estando allí falleció mi madre y eso te deja un gran vacío.

«El Gasherbrum I lo veo como un pequeño K2».

Y el G1, que parece entre comillas que no es de los ochomiles más complicados, al final ha sido muy trágico, ¿no? Con lo de Artur Hajzer, los tres españoles, el checo Zdenek Hruby…

Sí. Lo de Artur me conmocionó porque yo lo había conocido en Munich en la feria del deporte, con Janusz Majer, y no sabía ni que estuviera en el G1. Además, hubo una pequeña confusión, porque primero el desaparecido era su compañero [Marcin Kaczka] y Artur lo comunicó, pero después este apareció y fue él… Parece que en el corredor de los Japoneses había algunas cuerdas viejas y se produjo la rotura de una.

Hay que tener cuidado con el Gasherbrum I, porque es una montaña que yo la veo como un pequeño K2. Está dominada también por un serac y la llegada arriba te impone bastante. Pasas por la derecha de este serac y vas derecho a la cumbre; la pendiente se mantiene siempre bastante constante, sobre todo en la parte final. Este año, al ser muy seco, estaba todo muy duro y había que ir con mucha cautela.

En cuanto a los tres españoles, David y Alfredo iban los primeros y a unos 200 metros de la cumbre o a unas dos horas, según ellos explicaban, se dieron la vuelta porque veían que llegaban tarde a la cumbre. Esto fue el día 20, cuando teníamos también previsto subir con ellos. Lo que pasa es que Patxi y yo nos metimos en el corredor, no lo terminamos de ver muy claro y decidimos bajarnos. Mientras bajábamos al base el día siguiente, ellos hicieron el ataque a cumbre.

Fue entonces cuando los miembros de su expedición recibieron su llamada de walkie-talkie… Fue todo muy triste. Y ahora por lo visto ha habido otro accidente, el del checo Zdenek Hruby, justo a dos días de mi regreso.

¿Cómo fue tu ataque a cumbre?
Mi idea era subir el día 28, pero hubo una confusión con las previsiones de viento y el horario de salida… y no fui con el grupo que hizo cumbre ese día sino que subí el día siguiente. Yo iba sin oxígeno y todos los demás iban con oxígeno excepto un belga que iba con un sherpa y una neozelandesa, que también iba con un sherpa con oxígeno.

Se me rompió el reloj y pensaba que había salido sobre las once, pero en realidad salí a las dos. Y también pensaba que había hecho cumbre sobre la una de la tarde y eran cerca de las once de la mañana. Me fue muy bien; el día era excepcionalmente bueno, con calor, incluso llegando a la cumbre me tuve que sacar media parte del mono. Las fotos del cumbre, con una calma total, con el forro polar, las vistas con la cumbre sur del Gasherbrum I, el K2, todo el Baltoro…

«Ha habido críticas por el hecho de que no abandonara y regresara a casa, pero ¿qué representaba? ¿Volver otro año? Es muy triste, pero la vida continúa y yo no puedo cambiar los hechos que sucedieron allí».

¿Cómo viviste el intento de rescate?
Nosotros, el día 21 que fue cuando ellos atacaron cumbre, bajamos al campo base. El descenso entre el C1 y el base fue un poco complicado, porque fue un día de mucho calor, tardamos casi tanto como para subir, unas cinco horas, cayéndonos en grietas en diversas ocasiones… Llegamos exhaustos al campo base y Patxi ya me dijo que había cumplido, que tenía bastante y se quedaba en el base.

Ese día se conoció la noticia y hubo esperanzas; llamamos en tres ocasiones a Alfredo, que sabíamos que había comunicado con su padre pero nada más. De hecho, no tuvimos ninguna otra opción, porque hubo tres días seguidos de mal tiempo, con nieve y viento. Cuando se organizó la salida para rescatarles, sus compañeros estaban en el C2 y tenían previsto subir al C3, y al final subió Mariano Galván, con la colaboración de los sherpas de Seven Summits, que estaban abajo y subieron en cuanto se pusieron de acuerdo con ellos para organizar el rescate.

Nosotros participamos de una forma más pasiva, porque estábamos exhaustos del descenso y había otros compañeros en los campos 1 y 2 que estaban más cerca y podían actuar más rápidamente. Estuvimos informando a la familia con lo que sabíamos, hasta que bajaron ellos y ya se hicieron cargo de informar a los familiares. Yo intenté dar los consejos que pude, y cuando fui a cumbre subí también con la idea de intentar localizarlos.

Sé que ha habido críticas sobre porqué no abandonaba y me volvía para casa, pero ¿qué representaba? ¿Volver otro año? Es muy triste, pero la vida continúa y yo no puedo cambiar los hechos que sucedieron allí; en cambio, creo que he aportado cosas importantes por el hecho de haber subido. En la bajada desde la cima vi el cuerpo de Álvaro a unos 200 metros de la cumbre e intuí la zona en que puede estar Xevi. Si no hubiera subido, no habría podido aportar estos datos.

«Quizás pecamos de demasiada prisa, de querer aprovechar aquel intento de cumbre y en el corredor me dio la sensación que no estaba al cien por cien; se lo comuniqué a Patxi y él estuvo de acuerdo en bajarnos».

En el Annapurna y Kangchenjunga seguiste para arriba cuando otros se daban la vuelta, y aquí ha sido al revés, cuando los demás subían para arriba tú has tomado la decisión de bajar…
Patxi y yo acabábamos de volver al campo base, cuando nos dieron dos o tres días buenos y vimos que ellos atacaban la montaña. Hacía muy poquito que habíamos llegado, una semana escasa, y decidimos subir, quizás forzando un poco nuestra opción de cumbre, porque nuestro billete de vuelta era a principios de agosto. Pero creo que quizás pecamos de demasiada prisa, de querer aprovechar aquel intento de cumbre y en el corredor me dio la sensación que no estaba al cien por cien; se lo comuniqué a Patxi y él estuvo de acuerdo en bajarnos.

Después, con la entrada del mal tiempo, valoré si me volvía a enfrentar con el G1, mientras sucedía todo lo de los compañeros. Una opción que vi era subir y si podía detectar algo de lo que había sucedido, como así fue, pues mejor.

«En el G1 es muy fácil desorientarse».

¿Es el Gasherbrum I una montaña tan peligrosa?
Creo que tiene la particularidad de ser una montaña de tipo cónico, como un volcán, en la que es muy fácil desorientarte. Cuando yo me di la vuelta en 2006, nos pilló niebla a casi 7.700 metros, y la sensación es de estar en una ratonera, especialmente en el corredor de los Japoneses que bajamos en el mismo día. Te asomas desde el C3 y sabes que allí pasan muchos accidentes, porque bajan aludes, bajan piedras que cortan las cuerdas…

«No hay ningún ochomil fácil».

¿Cómo definirías el G1?
Es una montaña singular, con ciertas similitudes con el K2 aunque de dimensiones más pequeñas, que mantiene siempre el tipo, con inclinaciones constantes de 55º y en algún punto de 60º. Además, con algunas amenazas concretas como el corredor de los Japoneses, donde caen piedras, y el serac de la cumbre. Para mí, es una montaña para un alpinismo experimentado. No puedo calificarla de fácil. Aunque no hay ningún ochomil fácil. De todas formas, es un ochomil bajo, lo que hace que se pueda subir en un horario reducido.

Una cosa que llama la atención es que, a pesar de ser un ochomil bajo, dices que la gente también utilizaba oxígeno, o sea que se empieza a utilizar oxígeno también en los ochomiles bajos…
Pues sí. En el Annapurna también vi que utilizaban oxígeno, en el Dhaulagiri también vi, en el K2 por supuesto y en el Kangchen por supuesto.

Has hecho el Gasherbrum I muy rápidamente, ¿en un mes o así?
El día 2 de julio llegué a Pakistán. Llegamos al campo base el día 12, y subimos al C1 el día 15 o 16. Volvimos a bajar, luego volvimos a subir el 17-18, cuando fuimos al C2; y al bajar del C2 fue cuando nos cruzamos con estos que iban al ataque a cumbre. Entonces llegamos al CB y al día siguiente volvimos a subir porque hacía buen tiempo.

Fue todo muy seguido. Aprovechamos las ventanas de buen tiempo, pero en la última, en la que nos dimos la vuelta en el corredor de los Japoneses, llegamos muy exhaustos al CB, y además vino el mal tiempo y nadie pudo subir al C3. Hice cima el 29 y luego bajé directo al C1, al día siguiente al campo base y todo seguido a Askole, Paiju, Skardú, aeropuerto que teníamos el vuelo el día 4 (aunque al final volamos el día 6) y a casa.

Y de ahí a los Alpes…
Sí, el día 8 marché a los Alpes (Breithorn, Monte Rosa…). Allí coincidí con Jordi Corominas y hablamos del proyecto de la Gran Travesía de la Vía Láctea, aunque es una idea de mucha envergadura, que incluye dos países, con lo que hay que pedir permisos dobles y el presupuesto se dispara.

«Quieron hacer una expedición de despedida de los ochomiles en el Broad Peak, con amigos y conocidos que quieren compartirlo conmigo…»

¿Esto para cuándo? Porque también tienes que terminar los catorce ochomiles…
Intentaré terminar con los ochomiles el verano que viene, a partir de junio. Quieron hacer una expedición de despedida de los ochomiles en el Broad Peak, con amigos y conocidos que quieren compartirlo… y tampoco me preocuparía el hecho de no ascenderlo, porque si voy con gente prefiero estar con la gente que no hacer una expedición más para mí. Es lo que más me satisface y me gusta de la montaña, y estos dos últimos años ha sido diferente.

¿Cómo es el Broad Peak, que es el ochomil que te falta? ¿Cómo lo ves?
Lo veo como una cumbre media. No puedo decir que sea fácil. A partir de los 7.000 m para arriba hay que abrir mucha huella, con nieve hasta la cintura o hasta la rodilla; suele hacer mucho frío, porque no da el sol hasta por la tarde… Y la altura te afecta en el sentido de que, a veces aunque dé el sol, sigues teniendo frío y eso es debido a la altura a la que estás y a la hipoxia o a la deshidratación. Un ochomil que, como todos, hay que tenerle su debido respeto, y de una dificultad media.

El proyecto La Gran Travesía de la Vía Láctea: un sietemil y luego un ochomil por una nueva ruta.

¿En qué consiste el proyecto de la Gran Travesía de la Vía Láctea que comentabas?
Es un buen proyecto, que tanto a Jordi Corominas como a mí nos hace mucha ilusión y lo llevamos hablando desde hace más de cuatro años. Es un proyecto que va entre Nepal y Tibet, y consiste en ascender un sietemil y acabar en un ochomil. Y ambos por ruta nueva… ¿Que sale sólo el sietemil? Pues es una apertura a un sietemil. ¿Qué sale la travesía? Pues es una apertura a un sietemil y a un ochomil. Y creo que entonces sí que aportamos algo excepcional al alpinismo.

¿Tu idea es hacerlo antes de completar los Catorce si tuvieras el presupuesto?
Sí, esto sería en primavera, abril y mayo. Sería mi proyecto 14+1. Pero dependerá de si conseguimos el reto económico, que es más difícil.

16 ochomiles y 10 abandonos por encima de ochomil metros.

¿Cuántos ochomiles has hecho en total y otros cuántos intentos?
He hecho 16 ochomiles y he intentado 10 más en los que he pasado de 8.000 metros sin llegar a la cumbre. Luego he intentado más, porque al K2 he ido cuatro veces, al Gasherbrum I también he ido tres…

¿Cuál ha sido el ochomil que te ha resultado más complicado de todos?
Sumando los intentos, el Kangchenjunga, porque casi todas las veces he llegado a 8.000 m: 7.700 m, 8.200 m, 8.000 m y la de la cumbre; es en el que he tenido que hacer más estrategia. Si voy a mirar, el G1 me ha resultado sencillo, pero cuando lo intenté por una ruta nueva me resultó complicado y cuando me di la vuelta a 7.700 m, también.

El que más me ha gustado quizás fue el primero, el Nanga Parbat. Estábamos solos, fue una escalada alpina con Jordi Magriñà, estuvimos siete días en subir y bajar, hicimos también un vivac… Fue una sensación única, escalar el Rupal, atravesar el Mazeno, ir al Diamir, hacer una variante, escalar la cumbre, descender, hacer un vivac y llegar al base… Del 2 al 9 de agosto de 1984, con cumbre el 7 de agosto; fue de lo más genial que he hecho.

¿Difícil técnicamente? La Magic Line, aunque no alcancé la cumbre del K2, pero estuve a 250 metros de ella y el descenso por la misma Magic Line no fue fácil y pasó lo de Manel de la Matta. Fueron 112 rápeles  y hubo que hacerlos, algunos con cuerdas cortadas por los aludes y con mal tiempo final… Esto me resultó difícil. Más tarde, la ascensión al K2 la hice con mucha estrategia,. Sí que fue una jornada entera a un ritmo muy lento, pero el K2 en esta ocasión no me resultó complicado, y además no hubo ningún accidente a pesar de subir muchos.

Sobre las fotos de cima del K2 y Annapurna.

Precisamente, el K2 es una de las montañas en las que siempre aparecen críticas hacia ti por la foto que hiciste de la cima…
Sí, estoy a unos 3 metros de desnivel de la cumbre, porque para seleccionar la posición con el vídeo me tuve que sacar los guantes y en la misma cumbre hacía mucho vieto. Y lo mismo pasa en la cumbre del Annapurna. No me pongo en la cresta porque en el momento que sacas una bandera o quieres hacer una foto y te desequilibras, te juegas la vida. En el Annapurna estoy a un metro de la cumbre, arrinconado en la arista, y en el K2 también, porque no me puedo jugar, por una tontería de una cámara, el caerme por allí.

¿Qué manías tienes o qué cosas cuidas más en los ataques a cumbre en los ochomiles?
Tengo mis manías, como todos supongo. A mí me gusta tomarme líquido caliente antes de salir… Ir con el corazón caliente y los músculos calientes, es un buen estímulo para seguir. En el G1 tuve un problemilla en el campo 3, porque apareció una persona sin permiso para la montaña y se me metió en mi tienda, y encima de que cocinaba para él, iba con exigencias de que necesitaba más espacio… Y allí perdí la opción de subir el día 28, porque se me pasó la hora de salida mientras calentaba líquido.

«¿Manias? Beber caliente, ir delante del grupo, perder altura lo más rápido posible…»

Y esto de que vaya gente sin permiso a las montañas, ¿está pasando mucho?
No, no está pasando mucho, afortunadamente, porque tanto los pakistanís como los nepalís son los primeros en delatar una situación así. Pero todo esto te complica un poco, mi estrategia o mi manía de calentarme líquido no la pude resolver y tuve que salir con lo puesto. Pero como hizo un día genial, en el que no hizo ni frío, y supongo que estaba muy aclimatado porque no tuve ninguna sensación de mal de altura ni nada, todo fue bien. Últimamente ya no tengo esas sensaciones en ninguna montaña, no sé si es porque ya he ido tanto que me encuentro bien.

Otra manía sería el poder estar siempre delante del grupo para poder decidir y ver sobre todo la ruta por la que voy a subir, aunque a veces no lo consigo, porque lógicamente van más rápidos los que van con oxígeno. No son grandes manías.

Otra obsesión que tengo es cuando hago cumbre, descender rápidamente. Sé que cuanto más descienda, mejor, porque mejor me recupero. Eso es lo que te salva en los ochomiles, perder altura lo más rápido posible, aunque me adapto bastante bien a los 8.000 metros y me aclimato muy bien. También es cierto que me ha acompañado la suerte, pero aquí la suerte hay que buscarla.

Tus ochomiles, ¿los has hecho sin porteadores y sherpas o los has utilizado también alguna vez?
Utilicé un sherpa en el Dhaulagiri, donde tenía que hacer una búsqueda de Quico Dalmases, para su padre. Cuando hice el intento a cumbre, el sherpa tuvo congelaciones, bajó con un dedo muy tocado y lo tuvimos que evacuar en helicóptero. Luego, yo ya subí con Miguel Ángel Pérez y nos porteamos nosotros la tienda, que la pusimos a 7.700 m, y funcionamos como equipo, compartiendo un saco, hornillo, gas y todo lo que llevábamos… y en el descenso lo recogimos todo, claro.

En el Broad Peak, por el Xinjiang subieron porteadores hasta los 7.000 metros para ayudarnos a instalar los campos. Nosotros estábamos abriendo una ruta e hicimos cumbre nosotros cuatro sin porteadores.

En mi primer Everest, por el Tibet, venían tres sherpas, pero el campo 4 (8.450 m) lo instalé yo el 8 o el 9 de agosto con Lluís Gómez. Luego, el ataque a la cumbre se hizo desde ese campo. Mi saco y mis cosas me las transporté yo. Los sherpas compartían con nosotros, eran como miembros de la expedición y desde luego nos dieron un estímulo muy grande. Luego, la escalada del Segundo Escalón la hice yo, el sherpa no la hizo… la hice en libre y el sherpa me aseguró con la cuerda y luego él ya subió con el jumar.

«El Shisha Pangma lo hice con Chantal Mauduit y Manel de la Matta, toda la espalda, en 12 días».

El Shisha lo hice con Chantal y Manel, toda la espalda en 12 días, y no dejamos ni rastro ni nada. Pero, claro, era más joven y había potencia para hacer todo esto. Ahora, he tenido que hacer mi estrategia… El caso del K2 de este año pasado, yo me subí la tienda y el saco de dormir a 8.000 metros, y mi comida y mi hornillo y, de hecho, dormí solo a 8.000 m con los sherpas, que eran miembros de expedición y dormían con sus correspondientes. Claro, yo llegué el último al C3, el último al C4, el último a la cumbre, el último regresé al C4 y el último al campo base.

¿Cómo han cambiado los ochomiles desde que tú hiciste el Everest en 1984?
Ahora hay mucha más gente, sobre todo en las rutas normales, con todo esto de los catorce ochomiles. Pero para mí, lo más importante es la mentalidad: si tienes mentalidad de alpinista, Messner ya demostró que el ser humano puede subir los 8.848 m sin oxígeno artificial. Y esto no todos los alpinistas lo tienen claro.

«La situación en Pakistán está delicada».

¿Cómo has visto la situación en Pakistán?
Delicada. Ellos dicen que está como siempre, pero está delicada, porque en el hotel estaban las cortinas echadas y las luces apagadas… ellos decían que era por el ramadán, pero yo creo que no quieren llamar la atención de que hay turistas para que no haya atentados. Las embajadas también se veían preocupadas… No descarto que la cosa se complique más para el año que viene. En ese caso, no pasa nada por quedarme con 13.

«Este es uno de los motivos también por los que me gustaría acabar; no me veo yo aquí con 70 años haciendo esto».

Los accidentes que ha habido de gente experta en los ochomiles, como ahora Artur Hajzer o Zdenek Hruby en el G1, ¿no te hacen reflexionar sobre el riesgo que asumes?
Sí, claro que me hacen reflexionar, sobre todo el de Artur. Hacía muchos años que no lo había visto, no sabía cómo estaba físicamente… Este es uno de los motivos también por los que me gustaría acabar; no me veo yo aquí con 70 años haciendo esto. Y ahora tengo 60.

¿Cómo notas la edad en los ochomiles?
Ahora estoy mejor que nunca. Resulta que se me hacen más cortos, sufro menos, no hay tantas incógnitas… La experiencia es un grado. Tengo mi estrategia, puedo aguantar muchas horas… No sé, empecé en 1984 y quizás acabaré en 2014, 30 años después. ¿Hay alguien que se haya tirado tanto tiempo?

Nota de redacción: Pues no, nadie ha invertido tanto tiempo en completar los catorce ochomiles con éxito. Según los datos recopilados por Eberhard Jurgalski en 8000ers.com, la persona que más ha tardado en hacer los 14×8000 hasta ahora es el italiano Mario Panzeri, que lo hizo en mayo de 2012, 23 años y 7 meses después de haber logrado el primero en 1988. A tener en cuenta que Òscar Cadiach logró su primer ochomil antes incluso que alpinistas como el mexicano Carlos Carsolio o Juanito Oiarzabal, que hace ya 17 y 14 años respectivamente que concluyeron su lista.


 

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