Mientras gran parte de la atención mediática se concentraba en los ochomiles, una de las expediciones más interesantes del verano de 2026 se dirige hacia una montaña que sigue simbolizando la esencia del alpinismo de exploración. Los italianos Matteo Della Bordella, Mirco Grasso, Giacomo Mauri y Luca Ducoli han partido rumbo al valle de Charakusa con un objetivo ambicioso: abrir una nueva línea en la imponente cara este del K7 (6.934 m).
La expedición permanecerá en Pakistán hasta mediados de julio. Tras llegar a Islamabad y desplazarse a Skardu, la cordada afrontará la aproximación clásica hacia el valle de Charakusa antes de establecer su campo base al pie de una de las montañas más elegantes y difíciles del Karakórum. Allí dispondrán de entre cinco y seis semanas para aclimatarse, estudiar las condiciones y buscar una ruta lógica a través de la gigantesca pared oriental.
Una montaña mítica para el alpinismo moderno
Aunque su altitud queda lejos de las grandes cimas del Himalaya, el K7 ocupa desde hace décadas un lugar privilegiado en el imaginario de los alpinistas. Situado en el corazón del valle de Charakusa, combina roca, hielo y terreno mixto de altísima dificultad sobre paredes de gran compromiso.
Su primera ascensión fue realizada por una expedición japonesa en 1984, pero la montaña alcanzó una dimensión casi legendaria entre los practicantes del alpinismo ligero gracias a algunas ascensiones memorables de las últimas décadas.
Entre ellas destaca la ascensión en solitario y estilo alpino de Steve House (2004), quien regresó con Marko Prezelj y Vince Anderson para abrir la cara oeste (2007), o la apertura de una ruta en la cara este realizada por Hayden Kennedy, Kyle Dempster y Urban Novak (2012).
Sin embargo, amplios sectores de la montaña permanecen todavía vírgenes, especialmente en los pilares y sistemas de fisuras que surcan la vertiente oriental, donde se centrará el proyecto italiano.
Un objetivo preparado durante años
Para Matteo Della Bordella, uno de los alpinistas europeos más activos en grandes paredes remotas durante la última década, el K7 representa un proyecto largamente madurado. El lombardo ha acumulado experiencia en lugares tan diversos como Groenlandia, la Patagonia, Baffin o el propio Karakórum, siempre con una marcada preferencia por las expediciones de exploración y las aperturas en estilo ligero.
La preparación para esta expedición ha sido especialmente intensa. En los últimos meses, Matteo Della Bordella, Mirco Grasso y Giacomo Mauri abrieron Mutante (M8, 6c, AI4+, 520 m) en la cara sur de las Petites Jorasses, una actividad que sirvió como banco de pruebas para el equipo.
Paralelamente, los integrantes de la expedición han completado otras ascensiones exigentes en el macizo del Mont Blanc, afinando su forma física y su capacidad para moverse con rapidez en terreno mixto de alta dificultad.
La presencia de Luca Ducoli aporta además el impulso de una nueva generación de alpinistas italianos. Integrante de la primera promoción del Eagle Team del CAI, se ha consolidado en los últimos años como uno de los nombres emergentes más interesantes del panorama alpino italiano.










Menudos montadores.