EXPLORANDO

La tradición polaca en el ochomilismo invernal

Los alpinistas polacos se han ganado una merecida fama gracias a sus primeras ascensiones invernales. Nueve de los once ochomiles escalados en invierno fueron inaugurados por montañeros de ese país.

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Janusz Golab en el corredor de los Japoneses durante la ascensión al G1 invernal  (Adam Bielecki)
Janusz Golab en el corredor de los Japoneses durante la ascensión al G1 invernal

La primera ascensión invernal al Gasherbrum 1 a cargo de Adam Bielecki y Janusz Golab ha vuelto a poner en el candelero a la profunda tradición polaca en el ochomilismo invernal. Ellos dos son los últimos herederos de una registro histórico impresionante. Y es que no en vano, ha habido alpinistas polacos en nueve de las once primeras ascensiones a ochomiles en invierno.

Esa más que merecida fama de los Hombres de Hielo o los Zorros Invernales, como se les ha llamado en algunos medios, se remonta principalmente a los logros conseguidos durante la década de 1980. Esa aura de alpinistas duros y entregados tuvo en Krzysztof Wielicki y Jerzy Kukuczka a sus dos principales estandartes.

Todo empezó en el Everest (8.848 m) un 17 de febrero de 1980. Aquel día, Wielicki y su compatriota leszek Cichy conseguían alcanzar el techo del mundo e inauguraban la lista de ochomiles escalados en invierno. Un éxito que rompió moldes y motivó a la comunidad alpinística de aquel país a poner en marcha una carrera que nadie más estaba en condiciones de seguir.

La carrera polaca

En pocos años, la nómina de montañas de más de 8.000 metros holladas en invierno fue creciendo a un ritmo sostenido. El 12 de enero de 1984, los también polacos Maciej Berbeka y Ryszard Gajewski tomaban el relevo en el Manaslu (8.163 m), donde se llevaban el segundo ochomil en invierno. En 1985, los alpinistas de Europa oriental harían un impresionante doblete. Por un lado, el 21 de enero, Jerzy Kukuczka y Andrzej Czok alcanzaban la cima del Dhaulagiri (8.167 m), mientras que por el otro, el 12 de febrero, de nuevo Maciej Berbeka esta vez con Maciej Pawlikowski lo lograban en el Cho Oyu (8.201 m), seguidos tres días más tarde por Jerzy Kukuczka y Zygmunt Heinrich.

Los tres años siguientes representaron nuevos éxitos para el himalayismo invernal polaco. El 11 de enero de 1986, Kukuczka y Wielicki hacían cordada para encaramarse hasta la cima del Kangchenjunga (8.586 m), la tercera montaña más alta del planeta. Un año más tarde, el 3 de febrero de 1987, Kukuczka repetía en el Annapurna (8.091 m), compartiendo cima com Artur Hajzer.

Y, después de un invierno en blanco (con intentos polacos al K2 y al Makalu), el 31 de diciembre de 1988 Krzysztof Wielicki conseguía la primera ascensión invernal más madrugadora de la historia, con su ascensión en solitario hasta la cumbre del Lhotse (8.516 m).

Largo paréntesis y bloqueo del Karakórum

La luz que habían traído esos pioneros de la escalada invernal se apagó repentinamente a partir de ese momento. Nadie volvió a alcanzar una nueva cumbre de un ochomil invernal en más de 16 años, sucediéndose intentos polacos fallidos al Nanga Parbat (1988/89, 1991/92, 1996/97, 1997/98), al Makalu (1990/91, 2000/01) y al K2 (2002/03). Hasta que otro polaco, Piotr Morawski llegaba a la cima del Shisha Pangma (8.027 m) el 14 de enero de 2005, esta vez acompañado por el italiano Simone Moro, el primer no polaco que subía a un pico de más de 8.000 metros en invierno.

A partir de ese momento, los polacos dejaron de tener el papel preponderante en el ochomilismo invernal, dejando ese papel para Simone Moro. Las expediciones dirigidas por Wielicki (2006/07) y por Jacek Teler (2008/09) al Nanga Parbat, y por Artur Hajzer al Broad Peak (2008/09) se quedaron sin cumbre. Mientras que Moro se uniría al kazajo Denis Urubko para abrir en invierno el Makalu (8.463 m) el 9 de febrero de 2009.

Con aquella ascensión, todos los ochomiles del del Himalaya habían sido ya escalados en invierno y, de forma natural, se abría la puerta a la conquista invernal de las montañas pakistaníes, todavía vírgenes en esta estación. Sin embargo, los varios intentos a Broad Peak que llevaron a cabo los inviernos siguientes terminaron sin éxito, como si el Karakórum no admitiera la preeminencia polaca demostrada el Himalaya.

Quienes sí se saldrían con la suya serían de nuevo Simone Moro y Denis Urubko que, acompañados en esta ocasión por el estadounidense Cory Richards, se harían con la cima del Gasherbrum 2 (8.035 m) el 2 de febrero de 2011.

El papel de Artur Hajzer

En este punto de la historia cobra relevancia la figura de Artur Hajzer. Miembro experto de varias expediciones invernales, inscribió su nombre en la primera al Annapurna en 1987 –además de haber hollado otros cuatro ochomiles en otras estaciones. Después de comandar una expedición fallida al Broad Peak en el invierno de 2008/09, en 2010 puso en marcha el proyecto Polish Winter Himalaism 2010-2015, con el apoyo de la Fundación Kukuczka y con el objetivo de volver a poner al alpinismo polaco en la cima de los ochomiles invernales.

Ejerciendo de líder y jefe de expedición al frente de un grupo de fuertes alpinistas polacos de una nueva generación, Hajzer ha realizado nuevos intentos fallidos al Nanga Parbat (verano de 2010) y al Broad Peak (invierno de 2010/11), y ha conseguido cumbres en el Makalu (otoño de 2011) y ahora en el Gasherbrum 1 (invierno 2011/12).

En los tres años de programa que todavía le quedan, con toda seguridad Artur Hajzer y sus ‘chicos’ pondrán el punto de mira en los tres ochomiles que faltan por ascender en invierno: el esquivo Broad Peak, el Nanga Parbat y el K2.

 


 

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