Álex Txikon se plantea explorar la cara este virgen del K2

El alpinista vizcaíno va hoy a los pies de una vertiente que fue calificada como “suicida” por los únicos que la intentaron, pero que Denis Urubko piensa que es la mejor opción en invierno. La expedición ruso-kazajo-kirguís sigue equipando el espolón de los Abruzzos.

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El K2 desde el sur
El K2 desde el sur   Foto: Denis Urubko

Álex Txikon se ha puesto hoy en marcha en el K2 invernal. Después de instalarse cómodamente en el campo base, donde ha construido una serie de iglús para intentar pasar las noches a temperaturas más agradables, el alpinista vizcaíno tenía previsto portear material hoy al campo base avanzado y aprovechar para explorar la cara este.

Así lo indicaba anoche en sus redes sociales:

Mañana, 25 de enero, portearemos material hasta el campo base avanzado e iremos a explorar una de las paredes menos conocidas del K2, la cara este. Todavía no tengo clara la ruta que seguiremos hacia la cima; la Abruzzos siempre estará ahí, pero me gustaría explorar la cara este con menos vías abiertas y ver qué es lo que nos ofrece.

La vertiente “suicida”

La cara este del K2 se abre entre el espolón de los Abruzzos (arista sureste) y la ruta estadounidense de 1978 (arista noreste). Se configura en tres marcados espolones que ofrecen rutas teóricamente bastante directas, aunque nadie las ha escalado jamás.

Denis Urubko es el gran valedor de esta opción para un ascenso invernal , pues su orientación ofrece la mejor protección posible contra los vientos prevalentes del oeste además de estar más expuesta a los rayos del sol.

El gran inconveniente de esta vertiente son los grandes riesgos objetivos que plantea, con un glaciar colgante a unos 8.000 metros que amenaza con derrumbamientos de seracs y desprendimientos de hielo.

De hecho, la única expedición que se planteó realmente abrir un itinerario en la cara este del K2 fue la de 1987 formada por los australianos Greg Child y Tim Macartney-Snape, los estadounidenses Phil Ershler y Steve Swenson y los británicos Doug Scott y Michael Scott, que iban en busca de una nueva línea para ascender en estilo alpino. Se plantaron en la base de la cara este y no tardaron nada en volver a marcharse por donde habían venido, calificando el escenario como “un suicidio”.

En el extremo de la cara este, la arista noreste ha sido también mencionada por Álex Txikon como una posibilidad, aunque el relato épico de las dos ascensiones de esta arista (la polaca de 1976, sin cima, y la estadounidense de 1978) son más bien disuasorios. No solo por la dificultad técnica y la longitud de la arista, sino por un delicado tramo que exigiría ascender durante el regreso de la cumbre (muy arriesgado si se baja con problemas) y por la larga travesía que hay a más de 8.000 metros y que cruza el glaciar colgante para enlazar con los Abruzzos justo por debajo del Cuello de Botella.

Trabajo adelantado en los Abruzzos

Además, optar por una ruta nueva en la cara este y todas sus incógnitas, también implica realizar todo el trabajo desde cero, mientras que en el espolón de los Abruzzos el trabajo estaría más adelantado. Por un lado, la expedición ruso-kazajo-kirguís liderada por Vassili Pivtsov ya ha fijado la ruta hasta los 6.300 metros. El equipo tenía previsto volver hoy a la montaña para resituar el C1 a 6.200 m (ahora está a unos 5.800 m) y situar mañana el C2 a 6.700 m.

Por otro lado, la ruta del espolón de los Abruzzos es un recorrido perfectamente conocido y con las dificultades absolutamente concretadas. De hecho, el propio Álex Txikon la ha intentado en varias ocasiones y en 2011 llegó hasta los 7.900 metros.

Finalmente, no hay que olvidar que el pasado verano el K2 batió su récord de ascensiones en una temporada, con más de 60 cumbres durante el mes de julio. La mayor parte de esas cimas correspondieron a guías y miembros de expediciones comerciales, que equiparon la ruta de los Abruzzos de arriba a abajo. Ello lleva a pensar que el itinerario todavía conserva gran cantidad de la cuerda fija de dichas expediciones, que –si se hallan en buen estado– quizás facilitará el trabajo en los tramos más técnicos de la parte alta del recorrido y puede ahorrar a los alpinistas invernales algún que otro porteo de cuerdas en las zonas más elevadas.


 
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