David Palmada ‘Pelut’ y Joan Gibert decidieron viajar a la Catedral de Imsfrane, en la zona del M’Goun del Atlas Central marroquí, en pleno mes de julio. “No es la época más recomendable para ir a la zona”, reconoce Pelut, quien llevaba tiempo detrás abrir una ruta en su cara noroeste y terminó haciéndola como si escalara en el infierno.
Se fijaron en una línea “en placa ultratécnica, donde ningún largo regala nada y todo es a base de escalada artificial de dificultad con algunas caídas malas” a la derecha de la pared, donde se halla “la visera más desplomada que se aprecia claramente desde la carretera”. Él mismo resume que es una “escalada en conglomerado cobre bolos y bolillos a veces malos y a veces muy malos”.
Al final, trazaron Komando Jaluf (230 m, A5), que consta de siete largos (L1 A4+, L2 A4+, L3 A4, L4 A4, L5 A5, L6 A5, L7 V+). Es la tercera vía en la pared, después de la primera de Christian Ravier en 2017 y de La salvaje (500 m, 7b) de Edu Recio y Jesús Ibarz el pasado mes de diciembre.
La cordada formada por David Palmada ‘Pelut’ y Joan Gibert ya lleva varias aventuras conjuntas: en las Mystery Towers (Utah) en 2019, en la Pared de Aragón de Mont-rebei en 2021, o en las Fisher Towers (Utah) el pasado otoño. Esta es su narración del transcurso de su aventura en Marruecos:


Komando Jaluf
“La Catedral, rata, la Catedral; tenemos que ir a la Catedral, que no hay vías o hay muy pocas”. Así llevaba Juanito desde que nos conocimos, taladrándome la cabeza que teníamos que ir a Marruecos en busca de una pared de 600 metros de conglomerado donde encontraríamos muerte y destrucción asegurada. Y vaya si la hemos encontrado. Os puedo asegurar que, si el infierno existe, seguro que no hace tanto calor como aquí.
La verdad es que me daba un poco de pereza ir de exploración a Marruecos, ya que por razones laborales viajo bastante a ese país. Pero al final una cordada es como un matrimonio, a veces toca montaña y otras playa, y la verdad es que lo teníamos todo a favor para realizar un viaje low cost entre comillas y no tener que arruinarnos pagando por exceso de material a cualquier aerolínea para cruzar el charco y que nos transporten todo nuestro arsenal de chatarra metálica (lo que le digo yo siempre a Juanito: “cuando hagamos búlder, esto ya no nos pasará).
Así que sin pensarlo más cargamos nuestro 4×4 de comida y material y ponemos la operación “Jaluf” en marcha. Solo hay una cosilla que se nos escapaba: por tema de fechas vacacionales de mi compi toca ir en julio… Pero somos muy optimistas y, tanto a Juanito como a mí, nos encanta asarnos escalando al sol en verano. Lo que no hubiéramos imaginado nunca es que escalaríamos dentro de una de esas nuevas freidoras airfryer tostándonos lentamente mientras íbamos escalando.


La movida empieza así:
Tanque full de gasoil y gas con dirección a Almería para cruzar en ferry hasta Nador, desde donde en algo menos de 800 kilómetros llegaríamos a la Catedral. Una paliza de coche de casi 2.000 kilómetros desde casa. Cruzar la frontera no nos demora más de una hora, ya que nuestro país vecino ahora mismo está en plan de tratar muy bien a los turistas, cosa de agradecer ya que todo es más fluido y dinámico; incluso en los miles de controles de carretera que encontraremos durante el viaje el trato es cordial y rápido.
Decididos a llegar cuanto antes para amortizar todos los días posibles de “vacaciones” hacemos un non stop full gas sambarinait de Nador a la Catedral. Llegamos al atardecer, con un par de horas aún para explorar unas paredes vecinas.
La primera sensación al llegar es la de magnitud, tranquilidad y unas ganas increíbles de empezar a descubrir rincones de la pared. Pero hoy en día hay tanta información de casi todo que a veces se rompe un poco la magia de descubrir y del no saber qué te encontrarás. Así que llamo a mi buen amigo Christian Ravier, le pido información y automáticamente me manda las dos únicas vías existentes en la pared: la suya y primera vía en 2017 y la última creación de este diciembre pasado de mi otro coleguilla, Jesús Ibarz, y su compañero Edu Recio. Por cierto, fue ver la topo publicada por Jesús, y Juanito llamarme todo loco “¿lo ves, lo ves? La Catedral. ¡Te lo dije, te dije que teníamos que ir antes!” Pues sí… fijaos bien que este será un lugar que ya veréis que tendrá mucho movimiento, ya que tiene un potencial brutal.


Sin querer perder ni un minuto chateo con Jesús, que está currando por Picos, y me pasa información de primera mano privilegiada: accesos, descensos, tipo de roca, etc. Desde aquí, agradecer tanto a Christian como a Jesús toda la info recibida, porque así todo es más fácil y rápido. Gracias, ratas.
Exploramos todo el pie de vía y nos damos cuenta que la idea que traemos en la cabeza no será posible dada la magnitud de la pared y las condiciones climáticas. Si iniciamos lo que teníamos en mente no vamos a triunfar, así que rápidamente ponemos los pies en el suelo y empezamos a abrir una gran fisura chimenea de roca putrefacta donde pasamos todo un día para abrir 40 metros… uf, no nos motiva lo suficiente, ya que este tipo de ruta exige bastante escalada libre de morraken y con esas temperaturas no nos apetece nada arrastrarnos por esa escombrera vertical.
Así que pasamos al plan B, lo que nos motiva: escalada plaquera técnica de conglomerado a veces bueno y muchas veces muy malo. Cuando exploramos el pie de vía divisé un paño que me robó el corazón completamente, a la derecha de las dos rutas existentes y que se caracteriza por tener la proa más desplomada de la pared y una parte final que asusta solo mirarla. Creemos que tendrá unos 200 metros que, con los días que tenemos, es perfecta para poder escalarla y disfrutarla al mismo tiempo. Así que, después de un buen rato de deliberación sobre si nos vamos, nos quedamos o qué hostias hacemos, la mejor decisión y la más acertada es la de quedarnos y darle al desplome de Satán. Os puedo asegurar que fue la decisión más acertada, ya que coincidimos muchas veces con Juanito que aquí, con esas temperaturas de más de 44 grados, no hubiéramos podido escalar al sol. A nuestra pared solo le tocaba un par de horitas el sol por la mañana y un ratito antes de ponerse, así que prácticamente la mayoría de la escalada sería en sombra.


Mar de conglomerado
Trasladamos toda la chatarra a pie de nuestra nueva ruta y empiezo a navegar por un mar de conglomerado con infinidad de agujeritos que hacen la delicia del artificiero: plomitos, maderitas, ganchos y muy de vez en cuando algún clavito falcado hacen que el largo vaya cobrando intensidad, ya que el suelo está cada vez más lejos y los seguros cada vez son más precarios. Me voy dando cuenta de la inmensidad de la pared, ya que pensaba montar la reunión en un sitio que he divisado desde el suelo y, una vez colgado, lo que creía que sería un largo se convierte en dos. Desde el suelo no lo parece, pero una vez colgados hay un ambiente brutal. La tónica será un largo por día aproximadamente, entre que subimos, arrancamos y nos activamos, pues os aseguro que con ese calor no es fácil hacer que el cuerpo funcione rápido. Toma el relevo Juanito y empieza a gozar entre plomos malos y muy malos, empezando a vibrar desde el minuto 1. Eso nos gusta. Para eso hemos venido, para vibrar y disfrutar, ya que a veces es tan intensa la vibrada que el disfrute queda en segundo plano.
Después de cada jornada, los primeros días volvíamos a nuestro campamento base en mitad del bosque para retomar fuerzas, pero estábamos tan agotados, sucios y sudados que nos dimos cuenta que no estábamos descansando lo suficiente y que si seguíamos así no íbamos a terminar bien. Tomamos la decisión de dejar a un lado nuestra faceta de hippies perrofláuticos y pasarnos al rollo señoritos pijoteros tirando a marquesitos. Nos vamos a la Gîte d´Étape a negociar un cuartucho para dormir y algún rincón para ducharnos, y nos encontramos con que los guardas nos dejan una cabaña prácticamente nueva con su cuartito de baño su barbacoa y su mesita en el jardín por un ridículo precio, después de saber que estábamos escalando la Catedral. Buá, ahora sí que estamos en el paraíso; ahora empezaremos a ir bien. Pensar que cada día cuando bajábamos de la pared el coche estaba ardiendo con todo lo de su interior quemando (comida, agua, ropa)… era imposible refrescarse o hidratarse en condiciones. Pero ahora la historia ha cambiado, nuestra nevera enchufada a full gas, esa duchita refrescante al final de cada jornada y esas noches de estrellas nos hacen empezar a sentir que realmente estamos de vacaciones en el paraíso. Así sí, así sí.
Más motivados y frescos que nunca, seguimos progresando por la pared bajo la atenta mirada y gritos de ánimo de todos los turistas locales que están acampados al otro lado del río, justo enfrente de la pared y desde donde pueden observar perfectamente nuestra progresión. La pared elegida tiene un trozo muy característico, una gran laja con muy mala pinta que casi ocupa media pared. Sin darnos cuenta, ya estoy cabalgando encima de ella. Da miedo; hay secciones muy separadas de la pared con un alto riesgo de salir volando con ella. Suave, suavecito, vamos acariciando esta sección de la pared. Juanito también tiene su dosis de laja experimentando lo mismo que yo… ¡miedo! Es increíble cómo cambia el tema cuando escalas. Ya lo digo yo: en la escalada de dos siempre hay uno que ríe y otro que llora, ¿sabéis cual es cada uno?


La vibrada final
Van pasando los días y nosotros vamos ganando metros acercándonos al desplome de la muerte. Es increíble: cuanto más te vas acercando, más para atrás va tirando. Por la noche, y con un poquito de musiquita relajante, nos empezamos a preparar para la vibrada final.
¡No hay manera de poder llegar temprano a la pared! Por la noche es cuando mejor se está de temperatura y nos gusta apurar las horas para contemplar las estrellas y jugar nuestras dos partidas reglamentarias de ajedrez (cosas de Juanito) que por cierto le pegué una escabechina que no levantaba cabeza… ya le dije que me encanta jugar con él ¡porque le gano siempre!
Así que, sabiendo que cada día vamos más tarde, nos decidimos a instalarnos en la pared con la hamaca y no bajar hasta terminar la vía. La verdad es que el ambiente al atardecer desde la pared es un espectáculo para los sentidos. Ahora ya solo tocaba sobrevolar todo ese desplome sintiendo la gravedad bajo tus pies y deleitarnos con unas buenas fotos y vídeos del ambiente. En estos dos largos de desplome sientes la verdadera esencia del airfryer. Notas que te vas cociendo poco a poco, ya que ese aire que le dio por soplar los últimos días era aire salido del mismísimo infierno que iba recalentándote hasta tal punto que todo quemaba; y eso que no le daba el sol. Muy, muy brutal, pero ¿qué quieres y qué esperas en julio?
Superado el desplome, montamos la penúltima reunión en la puntita justo antes de salir a cumbre con todo el ambientazo bajo nuestros pies. Como diría mi amigo Pau Escalé “exhibició, sagal” (exhibición, chaval).
Escalo el último largo y me arrepiento de no llevar mi termómetro laser para poder tomar una medición de la temperatura de la piedra. Es increíble, pero no aguanto tocar los bolos de conglomerado, que estos sí están al sol casi todo el día. Seguro que si le echo un huevo se cuece; qué manera de quemar, por dios. Casi de rodillas llego a la única sabina que allí está para darme sombrita mientras espero la llegada de mi compi para celebrar la apertura de Komando Jaluf, un nombre que le viene puesto porque realmente parecíamos dos cerditos (sucios, sudados y apestosos), hasta que descubrimos el paraíso.
Unos días de desconexión brutal en un lugar con un encanto especial al que volveremos seguro, porque nos queda mucho por explorar y muchos rincones para escalar. Desde aquí agradecer el buen trato recibido de toda la gente de la Gîte de la Catedral y a todos aquellos que, de una manera u otra, han estado allí tanto en lo físico como en lo mental.
Pd: Juanito, ¿la próxima en la playa?

Información técnica: vía técnica y difícil donde ningún largo regala nada y donde hay que tener en cuenta que una mala caída o un accidente puede ser fatal dado que el rescate o la asistencia médica pueden no llegar o llegar quién sabe cuándo.
Material típico para estas movidas y, si se va en la fecha de los aperturistas, llevar mucha crema solar y un ventilador o abanico para las reuniones.
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