EXPLORANDO

Salto BASE y para-alpinismo, subir montañas y bajar volando

La relación entre el vuelo y el alpinismo es cada día más estrecha. En 2012, varias actividades han demostrado que el alto nivel alpinístico tiene un aliado en el salto BASE y el parapente, que pueden permitir mayor rapidez y exposición.

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Ueli Steck
Ueli Steck

Cuando años atrás los pioneros del parapente subían su pesado material a las montañas y se lanzaban desde las laderas, o los primeros practicantes de BASE realizaban saltos desde ubicaciones idealmente elegidas en paredes de roca, muchos veían en ello una excentricidad achacable a la moda del momento y a la búsqueda de sensaciones extremas. Pero a medida que estas prácticas de vuelo han ido evolucionando, tanto en material, como en capacidad técnica de sus practicantes, se pudo empezar a intuir que una parte del progreso del alpinismo podría encaminarse en esa dirección.

Cuando alpinistas de renombre y escaladores de alto nivel, como Ueli Steck, Dean Potter o Carlos Suárez entre un número creciente de ellos, agarran sus velas o sus trajes de alas para escalar primero montaña arriba y descender lo más rápido posible después, parece obvio que esa evolución es real y que dará unos frutos más relevantes en el futuro.

Valery Rozov en el Shivling

De momento, el año 2012 ha dejado varias perlas en el ámbito de la relación entre alpinismo o escalada y vuelo. Seguramente el hito más espectacular fue el protagonizado por Valery Rozov en el Himalaya de Gharwal (India), donde alcanzó la cumbre del Shivling (6.543 m) y se lanzó desde allí en su traje de alas. El mérito no le viene únicamente de la gran altitud desde la que inició su vuelo (6.420 m), sino por la elevada dificultad técnica de la montaña elegida.

De hecho, Valery Rozov, Alexander Ruchkin y Victor Volodin se convirtieron en los primeros alpinistas rusos en alcanzar la cumbre del Shivling, tras una expedición de 30 días de duración y un ataque a cumbre de seis jornadas. El trayecto del descenso fue mucho más rápido, puesto que Rozov necesitó tan sólo 90 segundos para alcanzar una velocidad de más de 200 km/h y aterrizar en un punto a 2.220 metros por debajo de la cima.

Ueli Steck en los Alpes suizos

Otra actividad destacable, en este caso en el terreno del para-alpinismo que combina alpinismo y parapente, fue la protagonizada por Ueli Steck en los Alpes suizos. En su casa, la locomotora suiza dio un paso más adelante en su particular tendencia al alpinismo de velocidad enlazando las ascensiones al Jungfrau (4.150 m), Mönch (4.107 m) y Eiger (3.970 m) en 15 horas.

Steck realizó los ascensos a través de rutas montañeras: la arista Rotal al Jungfrau, la ruta Lauper al Mönch y la arista Mittellegi al Eiger. La clave para poder completar las tres cumbres en el día fue que descendió desde la cima de una hasta la base de la siguiente en parapente… y llegó a casa para cenar.

Sebastián Álvaro, Carlos Suárez y Álex Txikon

En el panorama español, el para-alpinismo y el salto BASE también tienen su seguidores destacados. Uno de los más convencidos de su potencial es Sebastián Álvaro, quien dirigió durante el verano una expedición al Karakórum con Simón Elías, Ramón Morillas y Thomas de Dorlodot que realizó una innovadora travesía del sistema central de glaciares del Karakórum.

Por su parte, Carlos Suárez y Álex Txikon planearon una ambiciosa expedición al Ulamertorsuaq de Groenlandia con el salto BASE como elemento clave. Sin embargo, un inoportuno accidente de Carlos Suárez en Galayos poco antes de la fecha de salida frustró algunos de los planes que consistían en abrir un nuevo itinerario y lanzarse desde la cumbre.

Una evolución imparable

En 2012, el mundo del salto BASE ha vivido hitos históricos de una relevancia enorme, demostrando que se trata de una disciplina que todavía tiene recorrido por delante. Los dos más relevantes han dado la vuelta al mundo, aunque uno de ellos con mucho mayor poder mediático que el otro. A día de hoy, es de sobras conocido el nombre de Felix Baumgartner, quien batió el récord del salto BASE de mayor altitud al lanzarse desde la estratosfera y alcanzar una velocidad máxima de 1.342,8 km/h, convirtiéndose en el primer ser humano en romper la barrera del sonido sin la utilización de un aparato mecánico.

El otro gran récord histórico del salto BASE en 2012 fue obtenido por el menos mediático Gary Connery, que sorprendió a todo el mundo cuando consiguió realizar el primer aterrizaje sin necesidad de desplegar su paracaídas. El británico, especialista profesional de cine, saltó desde un helicóptero y después de realizar un vuelo con su traje de alas fue capaz de aterrizar sin consecuencias sobre una pista preparada con 28.000 cajas de cartón.

 


 

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