EXPLORANDO

Dean Potter: la concepción del Solo BASE

A través del relato de su ascensión de Deep blue sea, en el Eiger, Dean Potter analiza los riesgos y las ventajas del Solo BASE, una especialidad que se ha convertido en su obsesión. Galería fotográfica.

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Dean Potter en Deep blue sea (300 m, 7b+, Norte del Eiger), este verano.- Foto: Beat KammerlanderDean Potter en Deep blue sea (300 m, 7b+, Norte del Eiger), este verano.- Foto: Beat Kammerlander

«Me siento volar, fuera de control, cayendo, con un vacío a mi espalda y otro por delante. Se me cierra la garganta, brota alguna lágrima, el suelo se apresura a alcanzarme…». Esto, contado por él mismo, es lo que siente Dean Potter cuando, llevada a su término la más exigente cuenta atrás, se precipita a un abismo del que se defiende con un nimio paracaídas. 1, 2, 3 y el futuro se reduce a apenas unos segundos inciertos.

En los últimos tiempos la actividad de Potter ha ido evolucionando hacía la raíz de la exposición: solos integrales en los que se ahorra comprometidos descensos gracias al salto BASE: Solo BASE, por abreviar, o Free BASE, como lo ha bautizado. Los ejemplos más recientes los protagonizaba en Yosemite, este noviembre, con la ascensión de la variante Alien al Rostrum (240 metros de hasta 7b) y en una de las paredes más célebres del alpinismo, la Eigernorwand, el gran ejemplo de la tragedia y la gloria, donde Dean ascendía los 300 metros de Deep blue sea, abierta por Rahtmaier y Ruhstaller en 2001, y en la que se han de superar dificultades que ascienden hasta el 7b+.

«Sientes una profunda transformación cuando atraviesas el aire empapado en sudor», explica Dean, quien antes de atreverse a afrontar el que calificó como «el objetivo de una vida» (la actividad del Eiger), sufrió un duro palo en su vida personal. «Mi pareja me añadió apuros psicológicos», comenta, recordando su reciente divorcio de Steph Davis, «que además se llevó a nuestro perro Fletcher».

Repuesto, aunque aún viendo la imagen de Davis en los «labios rojos y los dientes de otras sonrisas», Dean Potter reflexionaba sobre la actividad con la que anda escrutando sus límites: «No tengo miedo, aunque se pueda pensar que es una locura. Quien me conoce es consciente de mis sueños, de cuánto me intriga la idea de volar. La gran parte de cosas importantes de mi vida se han esfumado y debo aferrarme a lo que me ha mantenido más vivo desde mi infancia, la escalada e roca, tratando de combinar el solo integral con el salto BASE, una dualidad que me hace vulnerable, que me hace sentir como la tierra tira de mí cuando me asalta alguna duda sobre si caeré o no. Se abren pozos en mi interior, creo escuchar el eco de mi cuerpo golpeando en la tierra». Pero Dean no sabe vivir de otra manera: «Quizá esté llevando las cosas demasiado lejos, pero siempre he hecho caso a mi pasión, no puedo ser de otra manera».

La adicción a esta actividad es, para Dean, más fuerte que la atracción por su seguridad personal. «Me gustaría aprender a volar, y esto es lo mas cercano. He escogido el nombre de FreeBase, pues tengo la esperanza de que algún día el paracaidismo sea parte integral de la escalada».

Alpes, un cielo afilado

Dean Potter.- Foto: Beat KammerlanderDean Potter.- Foto: Beat Kammerlander

En el verano de 2007 llovió la mayor parte del tiempo sobre los Alpes. Dean se había acercado hasta allí pero las condiciones solo le permitieron participar en una de las «escenas fundamentales para el desarrollo de la escalada moderna»: sentarse alrededor de la mesa de un bar para compartir unas cervezas con un amigo íntimo, en este caso Beat Kammerlander, uno de los grandes escaladores contemporáneos, primer liberador junto a Pietro Dal Prà de la impresionante Hotel Supramonte. «La mayoría de los amigos de Beat son artistas, científicos o pensadores de algún tipo, y él sabe sacar lo mejor de quien le rodea. Nunca me he sentido tan cómodo hablando con alguien y aunque soy por lo general bastante furtivo a la hora de expresar mis pensamientos más profundos, le confié mis reflexiones sobre el FreeBase».

Beat ha vivido toda la vida en los Alpes, es un profundo conocedor de sus cumbres y de los sueños que atrapan a los alpinistas y supo ver en Potter un candidato idóneo para intentar la norte del Eiger, siendo fiel a su estilo personal. «Me miró y me dijo: Tengo una idea. En el Eiger existe una ruta larga, alpina, llamada Deep Blue Sea». Y aunque esa montaña oscura y demasiado profunda para abstraerse de sus fantasmas es uno de los grandes iconos de este deporte, nadie había considerado la idea de ascender uno de sus itinerarios en solo integral para después lanzarse al vacío, lo que no deja de ser lógico.

Unos días más tarde, Beat, una amiga suya, Christina Ganahl, y Potter se acercaron a la sombría pirámide del Eiger. «Transmitía una energía positiva que me llenó de confianza», sigue Dean. Los tres repitieron la estricta ruta sugerida por Kammerlander. En ella, Potter llegó a sentirse «expuesto e inseguro», mientras se movía por un terreno desconocido, agresivo y amenazado por las nubes.

Pronto la montaña se sumió en una tormenta blanca, dejándoles varados, casi sumisos, en la ladera norte. «Épicamente logramos salir de allí». De regreso a casa, Potter encontró la relajación que necesitaba. «Había esperado un mes para poder practicar el Free BASE en el Eiger, pero nunca dejó de llover. Sin embargo, aquello era lo que necesitaba, saberme completamente dedicado a la gran pasión de volar».

Los meses siguientes las palabras de Beat Kammerlander taladraban, en bucle, la cabeza del americano. «En primer lugar hay que tener la visión. Luego hay que hacer que suceda. Es así de simple». Eso volvería a llevar a Potter hasta los Alpes, en el verano de este 2008, y mientras en el tren observaba bosques efímeros y paredes de jade tras la ventana, su mente solo estaba centrada en el Eiger. «Aquella mole bloqueaba mi mirada. Sentí un aumento repentino en la cantidad de sangre que movía mi corazón, hasta mis piernas temblaron un poco. Solo hay un enfoque posible: avanzar, lentamente quizá, pero nunca parar».

Vista de la cara norte del Eiger.- Foto: Glénat PresseVista de la cara norte del Eiger.- Foto: Glénat Presse

Como el año anterior, la lluvia ejerció su dominio, día tras día, durante semanas, sobre los Alpes, con lo que Dean buscó un techo en el Horner Pub de Luterbrunnen, un refugio altamente visitado por los saltadores BASE de todo el mundo. «El valle de Lauterbrunnen me recuerda a Yosemite. Vengo hasta este rincón de Suiza para perfeccionar mi técnica, ya que en mi tierra soy un criminal porque el salto BASE está prohibido. El Horner es el equivalente al Campo IV para los saltadores. Aquí la gente es muy tolerante con las ideas diferentes, aunque no las compartan. Estoy a gusto. En Yosemite te dan caza por poner en práctica uno de los sueños vinculados a la especie humana durante miles de años. La autoridades de Lauterbrunnen respetan las ideas y puedes hablar con ellos con el fin de obtener un consenso. Me siento con la policía, con los equipos de rescate, con los agricultores y los propietarios de negocios cada noche en el Horner. Tomamos cerveza juntos, buscando en los ojos de los demás esa reflexión común que debe llevarnos a trabajar juntos, por los intereses mutuos: hacer las actividades más seguras, cuidar el medio ambiente, apoyar la economía local y el turismo…».

En aquel paisaje tranquilo, invadido de cimas, Dean se dedicó a depurar sus habilidades, llegando a saltar hasta seis veces diarias. «Pude sentir los cambios sutiles con cada postura de mi cuerpo, y ponerlos en práctica una y otra vez… Analicé las decenas de pensamientos que me acorralaban, mantuve los ojos en el horizonte, los brazos extendidos, la barbilla hacia abajo y el pecho cóncavo, me dejé llevar por la succión del vacío». Después de pasarse los días poniendo en jaque su propio pellejo («Aunque puede ser seguro, estuve a solo uno o dos segundos de morir, varias veces, día tras día»), por fin recibe la Llamada. «Habrá una ventana de buen tiempo, corta», le transmite Kammerlander por el teléfono móvil.

La hora está más cerca. «Mi cerebro está viciado. Tengo convulsiones que no puedo controlar. Algunos identificarían esto como la locura. La pasión por FreeBASE no es como una violación, un asesinato en masa o algún otro tipo de coerción hiriente, pero es, sin duda una imperfección. Es sobrevolar la realidad».


 

Su cuerpo estaba más «demacrado» de lo habitual tras perder media docena de kilos para compensar el peso de los paracaídas especiales que le diseñó Pete Swan antes de marcharse de California. «Son como una extensión de mi cuerpo». Personalizados, adaptados, son su auténtico seguro de vida durante una ascensión en la que se encuentra «eléctrico». «Mi cuerpo entero hierve. Los sonidos vibran a través de mí. Siento la extraña presencia del suelo, lejos, bajo mis pies». Dean no está dispuesto a renunciar, y aunque está más tenso de lo habitual, jadeante y casi mareado, sigue evolucionando por la áspera sucesión de dificultades de Deep blue sea.

Dean confía en el paracaídas, esta más seguro, progresa vehemente y alcanza la cornisa desde la que se impulsará hacia los 300 metros de inseguridad vertical. «Crece mi conciencia del entorno. El aire se convierte en algo tangible… el aire me pide que me una a él». La señal que le libera es un grito: «¡Estoy seguro!¡Seguro!», y en menos de un minuto lo que antes era una nada descomunal se ha convertido en una hermosa pista de aterrizaje en la que encuentra la «hibernación total del mundo» y «la conexión de todas sus emociones». «El Free BASE es el continuo descubrimiento de uno mismo».

Galería fotográfica: Dean Potter en Deep blue sea (Fotos de Beat Kammerlander).

 


 
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