PARALELISMO HISTÓRICO

¿Qué sucedió en la expedición invernal al K2 de 2003?

La marcha de Denis Urubko de la expedición polaca que intenta la primera ascensión al K2 invernal ha vuelto a poner de actualidad lo ocurrido hace 15 años, cuando Gia Tortladze, Ilias Tukhvatullin y Vassili Pivtsov abandonaron el equipo entonces también dirigido por Krysztof Wielicki.

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Atardecer en el K2 visto desde el Laila Peak.  (Carlos Suárez)
Atardecer en el K2 visto desde el Laila Peak.

Denis Urubko publicaba hace tres semanas en su blog una vaticinadora entrada titulada Dejavu 2003. Parece que el alpinista de origen ruso veía que la expedición polaca que intenta la primera ascensión invernal al K2 iba por los mismos derroteros que la de hace 15 años, de la que él también formaba parte y que también dirigía Krzysztof Wielicki. Por ahora, el resultado ha sido el mismo: la parte no polaca del equipo ha abandonado, tras un duro cruce de críticas.

Después de analizar ayer los diversos desencuentros y discordancias entre Denis urubko y Krzysztof Wielicki durante la expedición invernal al K2 en 2018, a continuación viajaremos al pasado para recordar lo esencial de lo ocurrido en la expedición invernal al K2 de 2003.

Alistamiento del “bloque del este”

La expedición polaca al K2 invernal de 2003 fue patrocinada por el gigante de las telecomunicaciones polaco Netia, y retransmitida prácticamente en directo a través de los comunicados de la periodista Monika Rogozinska. Durante el proceso de preparación de la expedición, e igual que ya habían hecho en el intento al Makalu invernal de dos años antes, el experto alpinista georgiano Gia Tortladze le ofreció a Krzysztof Wielicki incluir unos cuantos miembros al equipo. Junto a él, se sumaron el uzbeko Ilias Tukhvatullin y los kazajos Denis Urubko y Vassili Pivtsov.

Triple abandono

El 29 de enero de 2003, Gia Tortladze reúne a todos los miembros de la expedición para notificarles su decisión de abandonar el campo base, ante lo que él considera la imposibilidad de alcanzar la cumbre en invierno teniendo en cuenta las condiciones en que se había desarrollado la expedición hasta entonces.

Ilias Tukhvatullin le secunda inmediatamente y ambos parten ese mismo día del campo base. Por su parte, Vassili Pivtsov se marcha al día siguiente, alegando problemas familiares, mientras Denis Urubko decide permanecer: “Vine con la expedición y me marcharé con la expedición”, dijo en aquella tensa reunión.

Los polacos hablan de rebelión

El comunicado emitido por Monika Rogozinska se titulaba “La expedición invernal al K2 está en peligro” y en una de sus primeras frases señalaba que “Gia Tortladze se rebela”. El texto que siguió a esas palabras incluyó un sinfín de acusaciones contra el georgiano, como que “se consideraba a sí mismo el líder y jefe [de los escaladores del este] desde el mismo principio. Ellos lo llamaban ‘Kniaz’ (el príncipe). Aseguraba que su mujer descendía de la casa de los antiguos gobernantes georgianos”.

Los párrafos siguientes de aquel comunicado no tienen desperdicio y respiran todavía hoy en día una clara intención de ridiculizar las “acusaciones” del alpinista rebelde contra la expedición. Los medios de comunicación se hicieron eco de aquella explicación, resumiendo que Tortladze se quejaba de las nulas posibilidades de éxito de una expedición que calificaba de “peligrosa y preparada de forma poco profesional”.

El texto no olvidaba señalar que Tortladze era “el único alpinista que no había conseguido escalar por encima del campo 1 (5.950 m)” y, entre otras cosas, decía, ante las quejas por lo escaso de la comida: “Parece que el destino de la expedición pende de un hilo porque no hay suficientes salchichas sobre la mesa”. También se le acusaba del fracaso de la citada expedición invernal al Makalu.

La respuesta ex soviética

La marcha de los alpinistas del campo base y la comunicación realizada al respecto por la expedición polaca motivó la respuesta de los ex soviéticos. En un texto publicado en Russianclimb.com, Gia Tortladze respondió con dureza, aduciendo que lo hacía para defenderse de “la mierda” que le habían echado encima y que de otra manera no habría hecho públicos los detalles de lo que él consideraba “errores de la expedición”.

“Mi impresión es que estas expediciones [Makalu 2001 y K2 2003] fracasaron no debido a la imposibilidad, sino por culpa del egocentrismo y la falta de responsabilidad del líder de la expedición”, sostenía el georgiano. A continuación, detallaba un sinfín de detalles sobre el inapropiado material de la expedición (como que no llevaban mosquetones) o la comida insuficiente y nunca fresca.

Una de las críticas más duras fue dirigida a la composición del equipo, con “siete alpinistas polacos y doce no alpinistas; nunca había visto un desequilibrio igual”. Además, observaba que se habían quedado fuera algunos de los mejores alpinistas polacos de la época, como Lisevsky, Pavlovsky, Pustelnik o Kishevsky… entre otras muchas quejas y reproches.

De los serios errores, se deduce que Krysztof Wielicki no analiza sus actos, no puede admitir sus propios resbalones. Nunca escucha la opinión de los demás. Ofrece una impresión de autocomplacencia y dictado. El hecho de que los mejores alpinistas no fueran incluidos en la expedición y que solamente hubiera dos máscaras de oxígeno disponibles, dan pie a pensar que Krzysztof Wielicki hizo la expedición para sí mismo.

Para concluir, presentaré el trabajo que hicimos durante 36 días de expedición. Gia Tortladze, Ilias Tukhvatullin, Vassili Pivtsov y Denis Urubko fijamos 1.700 metros de cuerda (personalmente Tortladze 400 metros) y montamos dos campamentos (C1 y C2). Los otros alpinistas polacos (siete personas) fijaron 650 metros y perdieron el campo 2, montado por nosotros.

Unas semanas después, en abril de 2003, también Ilias Tukhvatullin escribió un reflexivo texto en Russianclimb.com acerca de aquella expedición. El uzbeko ahondaba en el argumento de que los alpinistas polacos no estaban preparados para la tarea que suponía intentar el K2 en invierno y que la mayor parte del trabajo recayó en todo momento en el “bloque del este”. Según él, continuar trabajando en la ruta iba a poner más y más en riesgo sus propias vidas y las de sus compañeros y por eso decidieron abandonar… un vaticinio que a punto estuvo de demostrarse más adelante, cuando Denis Urubko tuvo que ayudar a descender a Marcin Kaczkan, con síntomas de edema, desde los 7.650 m.


 
Comentarios
4 comentarios
  1. Ojalá en un par de años se montara una expedición sin ánimo de lucro o fama. Estoy seguro que disfrutarian y disfrutariamos todos mucho más de la gran pirámide. Sería bonito ver a gente como Urubko, Txikón o Ali Sadpara compartir cordada en el K2. Aún asi, gloria a los polacos que aún luchan contra los elementos y ojalá lo consigan.

  2. Yo es que me carcajeo por estas «peleas de viejas» y la montaña mientras tanto, impertérrita, comtemplándolo. No sé porque los montañeros nos creemos unos seres superiores y que nunca iríamos a un Sálvame deluxe. Envidias, mentiras, juego sucio….

  3. Ice Warriors. National Geographic. January 2008 Polish Winter Expedition, Nanga Parbat (2006-2007) «The rest of the team is bewildered by Wielicki’s choice of route. Although Camp 2 is eventually placed at 20,013 feet in a perilous crevasse directly above the «Wielicki spur», the spur is too technical and too steep for the porters. They drop their loads at its base and scuttle back down the mountain. Wielicki, thinking like the elite climber he’d been during the ’80s, not like the team leader he is now, has led his expedition into a vertical cul-de-sac. («for me, it was like a test», Wielicki will later say. «A challenge. A problem to overcome. It was necessary for me, for myself, not for the expedition.» ….» Almost two weeks are wasted battling up and down this small stone tower» «Finally, on January 1, Hajzer, Jawien, and Zaluski discover a simple detour around the Wielicki spur. But precious, irretrievable time, energy, and enthusiasm have been lost.»

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