Jacek Czech tenía en mente la idea de escalar una nueva ruta en el Laila Peak (6.096 m) desde hacía tiempo. El alpinista polaco, que años atrás había participado en ambiciosas expediciones en las grandes montañas de Pakistán como el Nanga Parbat invernal con Adam Bielecki, el Gasherbrum VI o el Mitre Peak, no tardó ni dos meses en organizar una expedición al valle de Hushe junto con Przemek Pawlikowski y Jędrzej Myśliński.
Los tres profesionales del rescate en montaña del TOPR se fijaron como objetivo la virgen pared sur del Laila Peak. La falta de buenas fotos de esa vertiente y la ausencia casi completa de información sobre cómo llegar hasta ella añadía picante e incertidumbre en el devenir del proyecto. Una buena dosis de exploración para una expedición de alto nivel.
El terceto realizó la fase de aclimatación a 4.400 metros en la zona de Skardu, para posteriormente desplazarse en vehículo hasta Hushe. Tras una noche en el pueblo, emprendieron una caravana de una jornada hasta el campo base, que instalaron a 4.150 m, junto al sendero que cruza el paso Gondogoro.
La primera parte de la expedición propiamente dicha consistió en trazar una vía segura de aproximación al valle y al glaciar del lado sur del Laila Peak. Ese reconocimiento terminó el 28 de agosto, con la instalación de un campo base avanzado en la morrena frontal del glaciar, a unos 4.850 metros.
Después de un período de mal tiempo, el 6 de septiembre, Przemek Pawlikowski decidió abandonar y descender del CBA debido a problemas de salud. Mientras tanto, Jacek Czech y Jędrzej Myśliński continuaban con el plan e mantenían el intento de ascensión que habían iniciado el día anterior desde el CB. Aquel día, se enfrentaron a uno de los largos técnicamente más duros de toda la ascensión, que superó Jędrzej Myśliński aproximadamente en M6 con piolets pero sin crampones.
Jacek Czek fue de primero de cordada al día siguiente, para afrontar la parte principal de la pared, de roca con dificultades de hasta VI A1. La ruta sigue líneas de debilidad natural: fisuras, chimeneas, placas, roca mezclada con hielo y travesías expuestas.
Finalmente, llegaron a la cima el 8 de septiembre alrededor de las once de la mañana, tras haber superado los últimos 250 metros de ascensión, con tres largos finales de 60 metros dificultades máximas de M4, 75º. La estancia en cima fue breve: el tiempo era inestable y el descenso por pared extraplomada y desconocida suponía un reto. Los rápeles fueron tensos. Llegaron al CB a las 22h de esa misma noche.









