COMPROMISO A 7.400 METROS EN EL MAKALU

Ferran Latorre y el rescate con final triste de Yannick Gagneret

El alpinista francés, con síntomas de edema cerebral, murió entre el CB y el C1 del Makalu después de que Ferran Latorre y el australiano Ralph Schweizer lo ayudaran a bajar desde 7.400 m.

Autor: Desnivel.com | 18 comentarios | Compartir:
Yannick Gagneret  ()
Yannick Gagneret

Ferran Latorre ha tenido el peor inicio de expedición posible en su intento al Makalu. El ochomil que él mismo calificaba como su favorito -después de sus tentativas anteriores al Pilar Oeste- lo ha recibido con la muerte de Yannick Gagneret, a pesar de sus esfuerzos por rescatarlo. El alpinista catalán y el australiano Ralph Schweizer consiguieron ayudar a bajar a Gagneret -que mostraba síntomas de edema cerebral- desde los 7.400 metros hasta un punto por encima del C1 (6.700 m), pero terminó falleciendo de camino al campo base.

Yannick Gagneret y Ferran Latorre se conocían de expediciones anteriores. De hecho, el año pasado habían coincidido en el campo base del Lhotse y el alpinista de Vic calificaba de «grata sorpresa» el reencuentro en el campo base del Makalu esta primavera. Hasta ahora, la expedición en el Makalu avanzaba de forma más o menos prevista, meteorología mediante.

El alpinista francés había llegado una semana antes que el catalán. Ferran Latorre alcanzó el campo base (4.840 m) el 21 de abril -Gagneret lo había hecho el día 13- y al campo base avanzado (5.700 m, donde en realidad ‘viven’ los alpinistas que intentan esta montaña) el 23 de abril. Ese mismo día, el francés descendía tras haber alcanzado los 6.700 metros de su C2 (que sería C1 para Ferran Latorre).

El siguiente paso en la estrategia de Yannick Gagneret suponía alcanzar los 7.500 metros para montar el C3 y volver al campo base para esperar la ventana que le permitiera el ataque a cumbre. Lo intentó el 25 de abril, pero la cantidad de nieve y los fuertes vientos no le permitieron pasar de 7.000 metros. El 27 de abril, Ferran Latorre y Enric Llonch subieron hasta su campo 1 (6.700 m) y regresaron al campo base, con ganas de progresar en la montaña pronto.

De nuevo Yannick Gagneret salió para arriba el 28 de abril, y un día después lo hacía Ferran Latorre. Y en esta ocasión, se desencadenaron los desgraciados sucesos que terminarían con la vida del francés.

El relato de Ferran Latorre

Bajábamos de pasar una dura noche en el Campo 2 (7.400 m). Yannick había puesto la tienda justo al final de la cuerda fija, unos diez minutos por debajo de nosotros, pero a una nada desdeñable distancia lineal, y nunca a la vista. No es momento de explicar tantos detalles, pero el caso es que nos quedamos el australiano Ralph Schweizer y yo a ayudar a Yannick a bajar durante 5 horas por un terreno complicado y bajo un tiempo horroroso hasta el Campo 1, después que por la mañana presentara síntomas evidentes de edema cerebral.

Tras ofrecerle la medicación, iniciamos el descenso hacia las 10 h. No podía sostenerse en pie ni dar dos pasos seguidos, y él mismo se dio cuenta de la gravedad de la situación, de la que, tumbado en la tienda, no era tan consciente. El recorrido era el peor para un rescate, buena parte en diagonales, por terreno mixto, no vertical, con cientos de escalones y pasos verticales cortos. Lo bajábamos estirado, de culo, de lado… él colaboraba como podía. Ralph y yo creo que formamos un buen equipo: exhaustos los dos sin haber comido ni bebido casi nada en las últimas 24 y sin haber dormido ni 5 minutos y todavía con falta de aclimatación, enseguida nos coordinamos bastante bien. Animábamos a Yannick constantemente, que a pesar de las continuas pausas necesarias seguía bastante consciente, y obedecía a nuestras reiteradas y a veces airadas indicaciones.

Hacia las 12:30 llegamos al final del ventisquero intermedio y Yannick parecía estable, quiero decir que no había mejorado mucho, pero tampoco empeorado, y a todo eso, me esperanzaba mucho el hecho de que en ese punto tomaron el relevo los sherpas de diferentes agencias (Himalayan Guides, Seven Summits e Himlayan Ascent). En contacto por radio con el doctor Joe, de Himalayan Experience, que estaba en el campo base, y con Chris Warner en el Campo 1 (6.700 m), íbamos coordinando el rescate. Nos quedaba por bajar el último muro de roca. El rescate se ralentizó y el tiempo comenzó a ser infernal y yo no podía dejar de tiritar por el frío y el desgaste. Pero hacia las 15 h llegamos al punto donde Chris Warner, Dan Jenkins y Lakbah nos esperaban con oxígeno y una camilla, por encima del Campo 1 (6.700 m). Al llegar, me abracé a Chris, antiguo amigo y simpático americano. Y también me fundí en un fuerte y emocionado abrazo con Ralph, un abrazo que nunca olvidaré: lo dimos todo, lo mejor de nosotros y creo que aquel 2 de mayo viví una de las experiencias más duras de mi vida como alpinista. Nada es comparable a las miradas que intercambiamos con Yannick. Nada es comparable al esfuerzo que hicimos metro a metro para bajarlo. Ni ningún paso de escalada extremo en roca, ni ningún paso mixto que haya solucionado, ni ningún metro de nieve blanda que haya tenido que abrir. Nada es, ni nunca será, comparable a cada paso que dimos los tres juntos hacia abajo.

Tristemente, en algún punto entre el Campo 1 y el CB Yannick dijo basta. Todavía no me hago a la idea, y siento un cierto desasosiego con mis decisiones y mi actuación. Y me siento como el médico que no puedo salvar la vida de un paciente. Y es así como hoy, dos días después, me acechan todas las dudas y todos los reproches.

Siempre a punto para ayudar

Una vez más, Ferran Latorre se ha visto involucrado en una operación de rescate en el Himalaya, donde siempre se ha significado por su decisión a acudir en ayuda de alpinistas en apuros. Lo demostró el año pasado en el Dhaulagiri, cuando se trasladó con Álex Txikon y Jorge Egocheaga desde el campo base del Everest tras hacer cumbre en el Lhotse para intentar ayudar a Juanjo Garra, que falleció por encima del C3.

En mayo de 2012, no dudó en abortar su intento a la cara norte del Everest para prestar auxilio a Dawa Sherpa, guía nepalí adscrito a la expedición del ecuatoriano Patricio Tisalema que sufría de mal de altura en el campo 3 y al que ayudó a descender con éxito hasta el campo base. También en verano 2004 renunció a otra cumbre, en aquella ocasión el K2, para ayudar en un dramático descenso a Juanito Oiarzabal, a quien localizó tumbado inconsciente a 7.800 metros, y a Edurne Pasaban; ambos con serias congelaciones.


 

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