CONFERENCIA

Salvador Rivas, enlace generacional

Botánico empedernido, es uno de los alpinistas más brillantes de nuestros país, y miembro de las primeras grandes expediciones.

Autor: | No hay comentarios | Compartir:

Salvador Rivas comenzó su participación en el Ciclo de Escaladores Madrileños, que organizan conjuntamente Desnivel y Deporte y Montaña, reconociendo que de los suyos, el único que sigue en activo es su buen amigo Carlos Soria. Algo tan cierto como que el propio Carlos (que se inició en montaña cuatro años después que Rivas) se encargó de su presentación en la Librería Desnivel el pasado miércoles 2 de octubre.

Pero que Carlos siga tratando de aumentar su colección de ochomiles (Everest 2001, intento al K2 este año), no ha impedido que Salvador sea, posiblemente, uno de los principales enlaces generacionales del alpinismo madrileño y nacional, además de una de sus trayectorias más brillantes, y miembro clave de las primeras expediciones nacionales a los grandes macizos terrestres (Alpes, Andes, Alaska, Himalaya). Especialmente por un detalle que Carlos resaltó en dicha presentación: «cuando las cosas se ponían peor, Salvador pasaba de ser un gran alpinista a un extraordinario alpinista, capaz de tomar decisiones rápidas y tirar hacia arriba».

Años 50, entrada en el Club Peñalara

Aunque su conversión en «peñalaro» fue fundamental para empezar a escalar, «era el club que en Madrid acogía, representaba y estimulaba el alpinismo que nosotros hacíamos en aquella época», Salvador ya había tomado contacto con la montaña anteriormente dentro del Club Alpino Español. Como su otra gran pasión, la botánica, la montaña le llegó de la mano de su padre, también montañero y botánico como su abuelo. Primeras experiencias en los tresmiles pirenaicos durante épocas vacacionales, y tras bajar la norte de Cabezas de Hierro en Madrid con miembros del Club, Florencio Fuentes entre ellos, realiza un curso de escalada e ingresa en Peñalara.

Llegan entonces las primeras «hazañas», como la apertura de la oeste de Aguja Negra en Galayos y la sur del Pájaro con Pedro Acuña (con el que se topó por casualidad un fin de semana en la Pedriza, formando la mítica cordada «El perro que fuma») y el pequeño y ligero «Malaguilla», clave de la cordada para la chimenea del Escudo. Al final, éste quedó bloqueado en la estrechez, y Salvador tuvo que subir en su ayuda, resolviendo la situación con un comprometido paso de hombros con el que salieron hacia arriba. Aquello les valió por fin el reconocimiento de un club que aglutinaba a los mejores de la época, como Antonio Moreno.

Los 60 trajeron las primeras expediciones, pero una anterior estancia en Cataluña a finales de los 50 le introdujo en el mundo del artificial, hasta entonces los más difícil de la escalada en la zona centro. Con el grupo de Guillamón, Bardía y sobre todo Josep Manuel Anglada, quien se formó con la escuela alemana durante dos años de estudios en Sttutgart, Salvador aprendió la técnica artificiera, que se trajo a la zona centro, donde entonces, el artifo pasó a ser lo fácil, y el libre lo difícil.

Perú 1961, primer gran viaje

La primera expedición nacional extracontinental a los Andes de Perú tuvo a Salvador Rivas en el equipo definitivo, tras la dura preselección realizada en Alpes el años anterior. Y posiblemente, gracias a su amistad con los Guillamón, Anglada, Pons y compañía, con la presencia de los catalanes en el GAME.

Salvador no se olvidó del gran promotor de aquellas expediciones, Félix Méndez, entonces presidente de la Federación Española (FEM), que además de un ambiente excepcional en el grupo, y la apertura de una vía al Huascarán Sur por Anglada y Pons, logró en Perú la unificación y encuentro de los mejores alpinistas de todo el país: vascos, catalanes, aragoneses, castellanos y madrileños… Una unión y amistad que para Rivas estuvo por encima de todo: lugares de procedencia, ideas políticas, etc.

Además, según Salvador se alcanzó el nivel del alpinismo amateur que se realizaba en Europa, porque los guías (Bonatti, Desmaison, etc) siempre quedaban por encima. Nueva estancia en Cataluña donde comienza a escalar con la generación posterior a Guillamon y Anglada, y a descubrir que «algo se cocía en el alpinismo nacional».

Para cerrar la década, y de nuevo gracias al buen hacer de Félix Méndez, llegó la expedición castellana al Caúcaso del 68, «en la que a mí me llamaban el catalán», que incluyó a nuevos elementos en el grupo como Muñoz-Repiso o Tudela, que con Soria y el propio Salvador coronaban el Uschba Norte.

Llegan los 70…

Se inicia la década con la expedición al McKinley en 1973, eso sí,»soñando con el Himalaya, pero todavía sin posibilidades de ir», durante la que Salvador consigue la primera nacional al techo norteamericano, con Soria, Muñoz-Repiso y Luis Bernardo Durand. De nuevo, según Rivas, una expedición con un grupo muy unido -además de un excelente material, técnico y moderno- en el que destacaban ya nuevos y fuertes jóvenes que venían por detrás pidiendo paso, como Jerónimo López.

Dos años después, el sueño fue cumplido, y Salvador formó parte de las expediciones castellanas que lograron a la segunda el primer ochomil principal para el alpinismo nacional en el Manaslu. Coronaron Gerardo Blázquez y Jerónimo López (junto al sherpa Sonang), dos miembros de la nueva generación que copó la expedición, en cuyo equipo, «un grupo muy fuerte, de la vieja guardia sólo quedábamos Carlos y yo». Ese año, tras volver del Himalaya, cuando Salvador confesó verse desplazado de la vanguardia del alpinismo castellano y español por una nueva hornada. Aún así, todavía formó parte de la expedición al Broad Peak de Peñalara, en 1979.

El espíritu perdura

«Con los 70 vencidos», llegó la excelente generación de los Cobo, Aguado, Martínez Musgaño, etc, «gente magnífica, pero marcados por una época muy puñetera para el alpinismo, con nuevos aires de libertad (y «cigarrillos de la risa»), y en la que muchos «escalaban completamente drogados». Y aunque Salvador reconocía que algunos «se metían con nosotros, los federativos nos llamaban», hubo otros que no les tenían manía, y sí un excelente trato con sus mayores, una buena conexión: «somos amigos».

Misma reflexión que Rivas realizó del alpinismo español en los 80 y 90 como conclusión, muy mejorado según el madrileño, en un tiempo en el que «el estilo es otro. Ahora se escala con más libertad, cada uno hace lo que quiere, y los clubes ya no son algo necesario». Pero para Salvador, lo importante es que «pervive el espíritu de antaño, el mismo que me movió a hacerme alpinista, a esforzarme por lo inútil, y que mantienen las nuevas generaciones, de las que quiero destacar lo bien que nos tratan». Para Rivas, hoy «sobreviven el alpinismo y la escalada, y sus grandes objetivos, que hay que proteger: la amistad y la naturaleza, que es su escenario, nuestro escenario».


 
Lecturas relacionadas

Ayudarnos a difundir la cultura de la montaña

En Desnivel.com te ofrecemos gratuitamente la mejor información del mundo de la montaña. Puedes ayudarnos a difundir la cultura de la montaña comprando tus libros y guías en Libreriadesnivel.com y en nuestra Librería en el centro de Madrid, o bien suscribiéndote a nuestras revistas.

¡Suscríbete gratis al boletín Desnivel al día!

Estamos más ocupados que nunca y hay demasiada información, lo sabemos. Déjanos ayudarte. Te enviaremos todas las mañanas un e-mail con las historias y artículos más interesantes de montaña, escalada y cultura montañera.