Cómo buscar una buena pareja (de escalada)

“Por favor, dime tus trucos para…”. ¿Cuántas veces le habéis pedido a un buen escalador que os cuente sus secretos? Andy Kirkpatrick es uno de los mejores y más motivados del mundo y ha escrito el manual ‘1001 consejos de escalada’. Empecemos hablando de los compañeros de cordada.

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Portada del libro 1001 consejos de escalada por Andy Kirkpatrick.  ()
Portada del libro 1001 consejos de escalada por Andy Kirkpatrick.

1001 Consejos de escalada no es un manual corriente. Es una generosa recopilación de todos esos trucos que marcan la diferencia entre que vaya todo bien o todo regular (o mal) cuando estamos en una pared, en una montaña o, sencillamente, cuando planeamos nuestro próximo gran viaje.

Es un libro para todos, seas un excursionista, un escalador o un alpinista. Son consejos que se basan en las tres décadas de experiencia de Andy Kirkpatrick escalando, en las que ha hecho diecinueve ascensiones a El Capitán, numerosas caras nortes en los Alpes, viajes a los Polos y muchas más expediciones, algunas espeluznantes.

El manual es una mina enorme de consejos reunidos por categorías. Entre todas, hemos elegido una batería de recomendaciones para que sepas cómo elegir un buen compañero de actividad y consigas que vuestra unión dure mucho tiempo (y dé buenos frutos).

En busca de la persona ideal

  • Es importante que tu compañero y tú estéis equilibrados en cuanto a experiencia y capacidad, pero quizás es aún más importante que compartáis el mismo grado de motivación hacia el mismo tipo de escalada. Es decir, una persona puede ser más hábil que la otra escalando, pero la otra puede compensar esa falta de capacidad con entusiasmo por las rutas duras, aunque solo sea asegurando.
  • Cuando estés tanteando a un potencial compañero de escalada, prueba en el rocódromo primero y procede después gradualmente: un día de escalada en escuela, luego un fin de semana en vías de varios largos y, por último, un viaje de escalada. Una «cita a ciegas» para una vía comprometida puede funcionar, pero es un método arriesgado y puede entrañar peligro.
  • Cuando busques compañeros para rutas alpinas o para una expedición, comprueba su rapidez para completar tareas rutinarias, como prepararse para escalar, hacer la mochila o guardar el saco de dormir. Si son mucho más lentos que tú, puede ser un problema cuando llegue el momento de hacer estas cosas en condiciones extremas. Sé de al menos un escalador que ha sufrido congelaciones mientras esperaba a que un compañero lento se pusiera en marcha.
  • El sentido del humor es vital en cualquier empresa conjunta, porque permite resolver los contratiempos con mayor eficacia.

No hay que ser demasiado dogmático con la alternancia en cabeza de cuerda

  • El hecho de que cada escalador intente superar a su compañero a medida que ambos progresan en la escala de dificultad suele indicar una buena relación de compañerismo. Tal vez implica un cierto nivel de competitividad, pero, por la razón que sea, contribuirá a mantener fresca y estimulante la actividad.
  • No hay que ser demasiado dogmático con la alternancia en cabeza de cuerda. Si os importa la ruta (es decir, si queréis terminarla), procurad que cada escalador tire de primero en los largos que mejor se le den. Si alguien funciona bien en fisuras, que escale en los largos de fisura, y quien vaya bien en adherencia, que se curre la adherencia. Aun así, no caigas en aseveraciones del tipo «a mí se me dan bien las placas, pero soy un desastre en los desplomes»: esfuérzate en ser un buen escalador todoterreno. Pero cuando lo importante es llegar arriba, hay que poner delante al que mejor escala.
  • Si tienes que escalar con una persona a quien no conoces y de la que no tienes referencias, trátala como a un novato. He escalado con personas que afirmaban haber escalado un montón de vías y que en realidad no sabían atarse, o no sabían asegurar, o me aseguraron con un Grigri para más tarde confesarme que era la primera vez que lo utilizaban. También he escalado muchas vías con personas que (al menos sobre el papel) no estaban a la altura, y que sin embargo funcionaron bien. La diferencia es que las traté con grandes dosis de desconfianza, sin miedo a preguntarles idioteces como: «¿Sabes hacerte el nudo de encordamiento?».

Comprueba hasta qué punto resistís actividades largas o duras

  • Cuando preveas poner a prueba el compañerismo (por ejemplo, en una ruta alpina o en una expedición), no dejes de experimentar con antelación en situaciones que exijan la máxima presión posible, como en jornadas duras de entrenamiento. Comprueba hasta qué punto resistís actividades largas o duras sin tener que parar. Enfrentaos a retos tontos, pero que exijan no dormir, comer poco y cansarse mucho, con el fin de comprobar cómo funcionáis en equipo.
  • Antes de una ruta comprometida, tratad de equilibrar la calidad de vuestra preparación. Hablo de cosas como, por ejemplo, que los dos contéis con un seguro de rescate, que dispongáis con la misma cantidad de agua y comida, y que tengáis idéntica disposición a darlo todo.

 

¿Quieres aprender a escalar ‘con la mente’?

 


 
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