A las 3:45 de la madrugada del 5 de septiembre, Marian Assmair y Michael Stadler empezaron a moverse hacia su primer objetivo. Poco después, a las 4:30, estaban al pie de la Cassin-Ratti, en la cara norte de la Cima Ovest.
Quince horas después, a las 18:45, alcanzaban la quinta y última cumbre: la Cima Piccola. Entre ambas horas habían enlazado cinco vías, cinco cumbres y las cinco grandes caras norte de las Tre Cime di Lavaredo, en una única jornada de 14 horas y 15 minutos entre la primera y la última cima.
La idea llevaba tiempo rondándoles la cabeza. No se trataba simplemente de escalar cinco clásicas en el mismo día, sino de convertirlas en una única travesía vertical por el macizo, aprovechando los descensos, las canales y los collados para pasar de una pared a la siguiente.
Las vías elegidas forman además una pequeña historia de la escalada dolomítica: Cassin-Ratti en la Cima Ovest, Comici-Dimai en la Cima Grande, Preuss en la Cima Piccolissima, Dülfer en la Punta di Frida e Innerkofler en la Cima Piccola.
Cima Ovest y Cima Grande
La primera parte del día empezó en la Cima Ovest. Marian Assmair y Michael Stadler entraron en la Cassin-Ratti a las 4:30 y salieron a la Ringband a las 7:53. Diecinueve minutos después estaban en la cumbre. Desde allí atravesaron hacia la Cima Grande y comenzaron la segunda parte del proyecto: la Comici-Dimai, que resolvieron en 3 horas y 15 minutos, cumbre incluida. A las 12:29 ya habían añadido la segunda cima a la jornada.
Cima Piccolissima, Punta di Frida y Cima Piccola
El ritmo se aceleró todavía más en las tres vías siguientes. A las 14:19 comenzaron la Preuss en la Cima Piccolissima y alcanzaron la cumbre 1 hora y 15 minutos después. Desde allí se desplazaron hasta la Punta di Frida para entrar, a las 16:00, en la Dülfer. La cima cayó a las 17:27. Solo 23 minutos después empezaban la última escalada del día, la Innerkofler de la Cima Piccola, que completaron en 55 minutos. A las 18:45, el proyecto estaba hecho.
Una estrategia muy planificada
En total, la cordada acumuló aproximadamente 56 largos y 2.000 metros de desnivel. Para ganar tiempo utilizaron una estrategia muy eficiente: escalada en ensamble mientras el primero podía continuar con el material disponible y cambio cuando se quedaba sin piezas.
En la Comici-Dimai, por ejemplo, resolvieron la vía en el equivalente a solamente cuatro largos largos gracias a esta forma de progresión. El material también fue reducido al mínimo: una cuerda simple de 40 metros y una Rad Line de 30 metros.
La preparación de las transiciones resultó tan importante como la escalada. Los dos ya conocían tanto las vías como los descensos, lo que les permitió enlazar las cinco paredes sin perderse en un terreno en el que cada minuto cuenta. El día anterior habían dejado depósitos de agua en la base de la Comici y de la Preuss.
“Nuestro objetivo era escalar las cinco caras norte en un día, alcanzando la cumbre de cada una de las Zinne”, explicaba Marian Assmair. Todo salió mejor de lo previsto. Mantuvieron un ritmo constante durante toda la jornada y, según su propio relato, llegaron a adelantar a tres cordadas, todas ellas en la Comici-Dimai.
El dato de las cinco vías en una jornada adquiere otra dimensión cuando se mira hacia atrás. Claude Barbier ya había realizado exactamente el mismo encadenamiento el 24 de agosto de 1961, pero en solitario. El belga empleó 13 horas y 5 minutos desde el inicio de la Cassin hasta la cima de la Cima Piccola.
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