Con poco más que una foto del glaciar del Sosbun que les envió un amigo de Pakistán, los vascos Ekaitz Maiz, Josu Linaza y los hermanos Markel y Oier de la Fuente decidieron su destino. Una vez allí, «nos pusimos en modo exploradores y nos adentramos en su interior», relata Ekaitz, «Nada más desviarnos del camino al glaciar del Baltoro, nos dimos cuenta de que los baltíes del pueblo de Hoo no estaban acostumbrados a ver extranjeros. No había restos de otras expediciones y allá donde parábamos estaba limpio. Sería una premonición a lo que nos íbamos a encontrar más adelante».
La filosofía era similar a la expedición que Ekaitz Maiz realizó el año pasado con un grupo de amigos al valle de Ladakh (Himalaya indio), donde dejaron nada menos que 17 nuevas vías.
Una vez instalados en el campo base, inspeccionaron el Hoo Valley y el Sosbun glacier, fijándose en especial en una afilada aguja, de unos mil metros de longitud. Cuentan que la roca parecía “buena”, pero, sobre todo, segura, sin rastros de caídas de piedras ni de hielo, lo que les decidió a instalar el Campo 1 a sus pies, realizando los porteos de material.
Tras establecer la logística y esperar las buenas condiciones, por fin llegó el día en que pudieron ponerse a escalar, tal y como cuenta Ekaitz: «Nos pusimos el objetivo de fijar cuerda hasta una repisa que se intuía a un tercio de la pared, con idea de establecer un campamento. La roca era buena, pero algunas fisuras estaban cegadas por arena y no daban mucho juego para asegurar. Algo más despacio de lo previsto, pero al final montamos el campamento en una repisa mucho más pequeña de lo esperado».



Sin embargo, cuando llegó el buen tiempo para hacer un intento de cima, el taladro se averió después de abrir un largo desde el Campo 2, con lo que tuvieron que abandonar. «La verdad es que nos quedamos incrédulos al ver lo sucedido con el taladro, pero no tuvimos dudas, ya que, en ocasiones, la roca no ofrecía muchas opciones para asegurar y para poner las reuniones, por lo que no tuvimos ninguna duda en bajarnos. Dejamos todo el resto del material “a punto” para volver», explica Ekaitz.
Por suerte, habían sido lo suficiente previsores para llevar otro taladro, así que, transcurridos dos días, volvieron al ataque. Esta vez fueron solo Ekaitz y Markel los que regresaron a la vía que ya habían comenzado, mientras que Josu y Oier decidieron intentar otra apertura en otra pared.
Ekaitz y Markel pasaron todavía tres días más en la pared hasta conseguir llegar a la cima y dejar atrás su vía, a la que han bautizado Izar gorri, mamuon betiko argi, de 1140 metros, M4, 7b.
«Lo dimos todo en la escalada y el largo descenso, llegamos al glaciar el día que los porteadores recogían el campo base. Muy cansados, pero muy muy felices», concluye Ekaitz.


Ekaitz nos ofrece más detalles sobre esta gran apertura al Mun Brakk II:
¿Visteis algún rastro de escaladas anteriores en la pared?
En los dos primeros largos, vimos dos spits a unos 30-40 metros a la izquierda de nuestra línea, suponemos que serán de la expedición polaca de 2013, pero no vimos nada más en el resto de la pared. La nuestra fue la primera ascensión absoluta a la aguja. De hecho, hasta que regresamos al pueblo de Hoo, no sabíamos el nombre de la aguja, nos lo dijo el profesor del valle de Hoo. La aguja se llama Mun Brakk II de 5430 m que, con sus vecinas Mun Brakk I de 5475m y III de 5320 m, forman parte de las agujas Mun Brakk, que quiere decir «cortadas» en balti.
¿Qué ha sido lo más complicado de la escalada?
Para mí el «crux» de la vía estuvo bajo los largos de mixto. Los neveros que pensábamos que estarían tumbados eran verticales y dejaban toda la roca bajo ellos mojada. Tuvimos momentos de incertidumbre y tensión para pasar. Sobre todo en un largo que rondaría el 6b, que era ligeramente tumbado, de navegar, y no ofrecía posibilidad de buena protección… Una vez pasada esta zona, llegamos a un hombro, donde ya se olía la cima.
Además, el “comodín” del segundo taladro era limitado, debido a las baterías de 2 Ah con las que teníamos una capacidad teórica de, como máximo, 18 chapas para abrir 12 largos, incluidas las reuniones… Al final, como estuvimos dosificando al máximo los recursos, nos sobró batería y nos sobraron chapas.
Pero en este tipo de montañas, no hay una sola cosa a tener en cuenta. Son muchos los factores que entran en juego, como el grupo, la meteo, la logística, la roca, la dificultad, la altitud, las decisiones que se toman… Cualquiera de ellas que se tuerza puede llevar al traste con la expedición, por lo que hay que calcular y dosificar los esfuerzos. Diría que lo más importante y difícil es la gestión de todos los factores que influyen. En nuestro caso, nos pasó con el taladro, que dejó de funcionar, pero podía haber sido cualquier otro factor, o ninguno…

¿Qué material habéis dejado instalado?
El problema del taladro condicionó bastante los largos a partir del campo 2. Hasta la repisa del campo 2, hay alguna chapa suelta (que en ocasiones era para fraccionar las cuerdas que fijamos hasta el C2) y algunos pitones en los largos. En la reseña se puede ver la línea con el material fijo instalado. Las reuniones tienen 2 chapas hasta ese punto. A partir del C2, creo que solo hay 2 chapas como seguros de progresión. Las reuniones están con una chapa y un pitón o bloque lazado. Donde había posibilidad de montar la reunión en bloques grandes, solo dejamos una baga.
¿Cuántos días habéis invertido en total en la apertura?
Hasta llegar al C2 invertimos unos 4 días, pero no fueron exclusivamente escalando. Fijamos cuerda hasta ese punto e invertimos tiempo en acondicionar la logística para poder acceder a ese punto con relativa rapidez y comodidad. Después hicimos el primer intento (frustrado por la rotura del taladro) y luego en el pegue a cima invertimos 3 días: hicimos cumbre el segundo día hacia las 4 de la tarde y ese mismo día bajamos hasta el C3.


¿Cómo fue el descenso?
Bajamos rapelando por la misma vía. Barajamos la opción de rapelar hasta el collado con el Mun Brakk I, que sería la bajada más rápida. Pero en cuanto salía el sol, había muchas caídas de piedras y optamos por bajar por la misma vía por seguridad.
No obstante, no era una bajada sencilla. Al seguir la línea del espolón, había muchos rápeles en diagonal, que atravesaban muchos bloques y muchas posibilidades de que las cuerdas se enganchasen… Creo que hicimos bien, además, tuvimos “suerte” y no tuvimos ningún percance, pese a pasar muchos momentos de tensión, sobre todo al recoger las cuerdas en cada rápel. Pusimos todos nuestros sentidos en la bajada y no estuvimos tranquilos hasta llegar a las cuerdas fijas.
¿Qué significa el nombre de la vía?
La traducción literal es «Estrella roja, la luz de siempre de los fantasmas». Se refiere, en sentido figurado, a «la luz que indica el camino de la revolución» en forma de estrella roja.
¿Cómo valoras la expedición?
Diría que ha sido una expedición de exploración. A la hora de elegir el destino, un amigo de Skardu nos envió unas fotos de una expedición polaca al valle de 2013. No teníamos ninguna referencia más que unas fotos. Valoramos el ir a explorar las montañas y paredes sin un objetivo claro. Una vez allá, elegimos la montaña que más nos motivaba y la que vimos más segura para escalar. Es un formato de expedición diferente al clásico, ya que al no tener un objetivo claro, el abanico se abre mucho, pero también cabía la posibilidad de no encontrar una montaña o pared segura y de no escalar nada.
Personalmente, este tipo de expediciones me motiva mucho. No hay problemas de espacio en el campo base y tampoco de las aglomeraciones en los “días buenos” para escalar. Un poco en el estilo de la expedición que hicimos en 2023 en el valle del Shafat (en el Ladakh). Muchas montañas y paredes, y eliges el dónde ir a escalar en función de las condiciones. Puede ser una vía de 3 largos, una mañana que haga bueno o una montaña de 3-4 días…
«La apertura no hubiera sido posible sin la aportación de todo el grupo»
Por otra parte, me gustaría remarcar que el grupo ha sido muy bueno. Estuvimos cerca de 15 días de mal tiempo en el campo base y la convivencia en el grupo y con los baltíes con los que estábamos en el campo base fue muy buena. En las tareas logísticas y en la escalada, cada uno aportamos lo que pudimos en cada momento y finalmente pudimos poner “la guinda al pastel”, pisando la cima del Mun Brakk y acabando la vía, cosa que no hubiera sido posible sin la aportación de todo el grupo. Es otro de los factores importantes que influye en el desarrollo de la expedición.
«No tengo ninguna duda de que en los próximos años el Sosbun glacier y sus valles vecinos darán que hablar»
¿Cómo es el potencial para la escalada en roca en este valle?
Creo que hay muchas montañas y paredes por escalar en este valle y los vecinos que rodean el monte Ganchen. Hay mucho potencial en vías de roca y de corte alpino en la zona. Además, el creciente precio de las expediciones a las zonas más conocidas abre la puerta a estos valles, que resultan más económicos que las zonas clásicas del Karakórum, debido a que no hay ninguna montaña de más de 6500 m, y a que los porteadores trabajan principalmente como mineros, agricultores y pastores. No tengo ninguna duda de que en los próximos años el Sosbun glacier y sus valles vecinos darán que hablar.














