ENTREVISTA

Marc Toralles: «Para mí el alpinismo está en la incertidumbre»

Charlamos con el alpinista catalán, gran exponente del alpinismo ligero y comprometido, sobre los muchos aprendizajes que le han brindado ascensiones como las realizadas al Yerupajá, Cerro Torre, el Saraghrar… Su mentalidad desde sus inicios ha cambiado, la experiencia le ha dado madurez, pero es consciente de que la esencia no cambia: lo importante es el cómo y el con quién.


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Hace cinco años de la última conversación larga que tuvimos con Marc Toralles en este mismo escenario, la Librería Desnivel; un tiempo aparentemente corto, pero en el que el alpinista catalán –ahora con 43 años– asegura sentirse cambiado:

«Pasé una lesión muy grave durante estos cinco años que me ha hecho cambiar un poco la mentalidad. Antes iba a los sitios a comerme el mundo, con un ego y una autoestima enorme, y en estos años creo que he cambiado el chip de ir más humilde y adaptarme a la montaña. Ha sido un poco un reto intrínseco mío gestionar esas emociones».

Ahora, más sereno, más consciente de la suerte que tuvo de encontrar a los 26 años algo que «me hacía levantarme con ilusión cada mañana», gracias a un curso de escalada que le regaló su novia, y que desde el principio le enganchó profundamente:

«Ahora, con perspectiva, veo que los primeros años es cuando te juegas la vida sin saberlo… Riesgos de avalanchas, el seguro mal puesto.. Ahora veo gente que hace lo mismo que hacía yo y pienso: está loco».

Seguramente si pudiera retroceder hasta esos inicios, él mismo se daría este consejo: «Cuando empiezas yo recomiendo ir con gente con experiencia o formarte o no tener prisa, porque la prisa es peligrosa en alta montaña y escalada».

Por entonces, cuando charlamos la última vez, ya tenía un currículo importante, con ascensiones como la ruta Slovak direct al Denali o la Ferrari al Cerro Torre, ambas con su inseparable compañero Bru Buson; o la ascensión en estilo alpino a la cumbre Este del nepalí Tengi Ragi Tau, con Roger Cararach y Alberto Fernández. Arrastraba también los aprendizajes que dejan las montañas no finalizadas, como ese espolón sur del Gasherbrum IV con el que aún sueña.

En este tiempo su cuaderno de vivencias ha engordado mucho con escaladas de las que nos habla en esta entrevista. Inevitablemente la primera que sale en la conversación es la más reciente: su escalada al Yerupajá del pasado verano, en la cordillera de Huayhuash, junto a Bru Buson y Rubén Sanmartín.

«Es la ascensión con más compromiso que he escalado». El compromiso viene principalmente porque subieron a una cumbre que hace 20 años que no se pisaba y no tenían claro por dónde iban a bajar. Pero sabían a lo que iban, asumieron ese riesgo.

Sabe muy bien que una cosa es la valentía y otra la temeridad: «Hay dos tipos de personas valientes. Las que ignoran el peligro y las que viéndolo, intentan minimizarlo. Yo ahora intento estar en este segundo grupo, el de minimizar los riesgos. Los asumo y a base de experiencia, sé lidiar con esta sensación de incertidumbre».

«Lo más duro del Yerupajá fue la noche de antes»

Asegura que lo más duro de escalar esa montaña no estuvo tanto en la misma ascensión, sino en la noche de antes: «Una vez que nos metimos a escalar, ya asumimos que eso es lo que queríamos y fuimos para arriba. Pero lo más duro fue el día de antes, la noche de antes, cuando piensas ¿por qué voy a ir si todo el cerebro me está diciendo que me vaya para Huaraz, o para casa?».

Esa lucha se acaba una vez que se pone la máquina en marcha, y sobre todo con compañeros tan compenetrados como lo son Bru y Rubén.

Nos cuenta la anécdota de que el primer día de escalada hicieron todo el muro de roca y, tras pasar la primera noche, se dieron cuenta que a Rubén se le había roto el portamaterial y había perdido los tornillos de hielo… No podían seguir sin ellos.

Admite que fue casi una liberación pensar que se tenían que bajar por una circunstancia ajena a ellos, pero la providencia quiso que en el primer rápel los tornillos aparecieron. Y siguieron para arriba.

«Con el bagaje de experiencia que tenemos minimizamos bastante los riesgos, pero hay algunos que tienes que asumir, habrá algún tramo expuesto que tienes que cruzar y no te podrás proteger, o cualquier cosa… pero yo no tengo la sensación de estarme jugando tipo todo el rato. En general me lo paso bien y en algún momento nos ponemos tensos, aquí todos firmes, se hace bien y continuamos».

«Encontrar gente que admita el mismo compromiso que tú, y tenga la misma visión, es realmente complicado

Marc valora la cordada en su estilo más clásico, de total compenetración y confianza en el compañero: «Tengo suerte de siempre estas actividades compartirlas con Bru y este año con Rubén Sanmartín. Creo que hay poca gente que, cuando percibe el compromiso, siga rindiendo a nivel mental igual de lúcido que en el suelo. Tienes que encontrar a alguien que sea de tu mismo nivel, a nivel de compromiso. Porque el alpinismo es lo que tiene, que es una tribu muy pequeña de gente en la que encontrar gente que admita el mismo compromiso que tú, y tenga la misma visión, es realmente complicado».

«Para mí el alpinismo es aventura, es salir de la burbuja cotidiana que tenemos en el día a día. Aquí tenemos policías, seguros, medicinas… Y para mí el alpinismo es irte a un sitio y no tener a tu disposición toda esa seguridad. Tú estás subiendo un canal de nieve, sea donde sea, y solo piensas en el siguiente paso, en cómo está la nieve…». El aquí y el ahora en su máxima expresión.

Tiene claro que la cumbre no es lo importante, sino la dificultad y el esfuerzo que hay detrás: «Cada uno puede encontrar el alpinismo donde lo encuentre. Para mí está en la incertidumbre, en gestionar situaciones que no tenías previstas».

Marc no es tajante acerca del uso de la tecnología, siempre que se cuenten las cosas como son, que se den todos los detalles: «Creo que nos come la tecnología, pero hay que adaptarse y cada uno usará la que le parezca ética, que sea coherente».

Reflexiona por ejemplo sobre casos concretos como el uso de dron para filmar actividades expuestas, que en su opinión le resta compromiso, pero no lo juzga: «En diez años veremos cosas que nos van a chocar, pero que será la realidad de aquí poco tiempo. Es trabajo personal de cada persona aceptar hasta dónde juega». Lo que considera fundamental es la sinceridad en el relato.

«Mientras no pises a nadie y luego seas sincero contando tu historia, todo bien»

También nos habla del trabajo de guía, gratificante y demandante a un tiempo. O del doble filo de las redes sociales que «puede ser una buena herramienta usada con criterio y coherencia», pero también pueden mostrar falsedades y engaños.

«Yo creo que he encontrado un buen equilibrio, estoy a gusto con lo que publico, lo que hago, y duermo a gusto. Pero creo que es muy fácil entrar en esa rueda, de más, más, y terminar mal».

«El reconocimiento social al final es adictivo. Si tú cada día te dicen que eres el mejor, eres un máquina, al final te lo vas a creer. Hay muchos personajes que se lo terminan creyendo. Tú no tienes que ir a un sitio buscando el reconocimiento. Tú vas allí, haces eso y después lo cuentas. No busco que me digas que soy bueno. Yo busco mi aventura con mis colegas esos días y ya está. Y creo que falta un poco de eso».

No es que en sus sueños no estén los ochomiles, pero es consecuente con su elección de vida: «Al final son mis vacaciones, yo no me puedo gastar 20.000 euros en mis vacaciones, poca gente en el mundo puede gastarse eso. Y tienes que ser feliz con tus posibilidades». Se siente más tranquilo sin depender de sus patrocinadores para plantearse sus actividades:

«No sé si estaría a gusto si alguien me diera tanto dinero para mis vacaciones… Tendría mucha presión y cambiaría el espíritu. No me parece algo injusto. Lo que no es justo es que la gente no tenga para comer, que yo no pueda ir a un ochomil es simplemente mala o buena suerte, pero nada más».

Es consciente de su fanatismo, que le exige hacer actividades cada vez mejores –que no tienen por qué ser más difíciles– y es algo que le condiciona: «Yo tengo que viajar lejos para disfrutar de la montaña, y hay gente que simplemente sale a pasear al monte al lado de su casa y es feliz; eso es admirable».

De cada una de sus escaladas intenta reflexionar y obtener un aprendizaje, como del descenso extremo que tuvo que hacer con Tasio Martín y Nacho Mulero en el filo sureste del Cerro Torre; o cuando repitió el espolón de los catalanes en el Saraghar con Bru.

¿Y un sueño? Pues lo que todos queremos: «Llegar a viejo con salud».

Y la última, ya que estamos en una librería, aprovechamos para preguntarle por algún libro que le marcó especialmente, y es este: Supervivencia. Quién vive, quién muere y por qué, «por su manera de analizar accidentes y cómo las personas gestionan emociones y decisiones, dentro y fuera de la montaña».

Comentarios
1 comentario
  1. Me ha encantado la entrevista realizada por Darío Rodríguez a Marc Torralles, aparte de por mencionar y dar valor a alpinistas veteranos de enorme mérito poco dados al espectáculo como Anglada, Pons, Nil Bohigas, Enric Lucas (Sur Annapurna nunca repetida) o más actual a Silvia Vidal entre otros. De enorme mérito lo que hicieron y como lo hicieron.

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