Un mundo más sostenible

Las últimas iniciativas sostenibles más destacables en los deportes de montaña

La sostenibilidad está de moda. Desde muchos ámbitos nos llegan reclamos publicitarios que buscan concienciar y reducir el impacto que causa el humano sobre el planeta. La pandemia del coronavirus, que nos ha hecho tomar conciencia de nuestra fragilidad y de la causalidad de nuestros actos sobre el ecosistema, ha acentuado esta tendencia. No es una mala noticia, pero no podemos quedarnos ahí. El objetivo es que la sostenibilidad deje de estar de moda –algo siempre pasajero– para convertirse en nuestro hábito cotidiano. Vemos aquí algunas iniciativas encaminadas a este fin.

Iniciativas sostenibles para este año, en los deportes de montaña
Iniciativas sostenibles para este año, en los deportes de montaña
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Entre las mejoras que han realizado las empresas en favor de un mundo más sostenible están los cambios en los procesos de fabricación, con acciones como la inversión en maquinaria que ahorre energía y agua, una mejor gestión de los desechos o el uso de energías renovables (principalmente solar).

Un ejemplo es la italiana Grivel, que fue pionera en el sector al obtener, ya en 2004, la certificación ISO 14001, una norma internacional que permite a las empresas demostrar el compromiso asumido con la protección del medio ambiente.

En 2010 construyó en su fábrica del Valle de Aosta una gran planta fotovoltaica de 7000 metros cuadrados que les permite ahorrar combustible fósil y con ello evitar arrojar 806 kg de CO2 a la atmósfera cada día.

Muchos otros fabricantes se mueven en esta línea, o está en sus planes su implantación. El primer paso comienza porque sean conscientes del alcance real de su impacto, realizando por ejemplo mediciones de sus emisiones de gas, de forma que puedan ajustar sus estrategias para establecer objetivos realistas en un plazo medio.

Hay empresas que ya se declaran “climáticamente neutral”, es decir, que emiten la misma cantidad de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera de la que retiran por distintas vías (reforestación, compensaciones invirtiendo en proyectos sostenibles, compra de créditos de carbono…) lo que deja un balance cero, también denominado “huella cero de carbono”.

Sin embargo, esto puede ser una publicidad algo engañosa, como declaraba en un comunicado reciente la compañía sueca Haglöfs: “Ser climáticamente neutral es un término bonito, pero no significa que no generamos ninguna huella de carbono; significa que estamos compensando nuestras emisiones de carbono propias apoyando proyectos que esperemos que eviten o reduzcan las emisiones más rápido que nosotros. Es cierto que sentimos que eso puede ser hacer trampa, pero en este caso pensamos que está justificado para acelerar los resultados”.

El objetivo realista que se ha propuesto esta compañía es reducir sus emisiones en un 50% durante los próximos 10 años y llegar a cero neto en el 2030.

Entre estas compensaciones con las que los fabricantes buscan equilibrar la balanza están las inversiones en proyectos propios o bien a través de fundaciones o asociaciones. Una de las más importantes del sector es la EOCA (European Outdoor Conservation Association), una asociación internacional sin ánimo de lucro que ha repartido desde 2006 más de 3 millones de euros en proyectos de conservación medioambiental, con iniciativas como la limpieza de plástico de las costas, reforestación, energías renovables…

Actualmente cuenta con unos 150 miembros, entre los que no faltan las principales marcas del sector, como Aku, Black Diamond, Camp, Ferrino, La Sportiva, Laken, Ternua, Lowa, Lowe Alpine, Mammut, Montane, Merrel, Osrpey, Rab, así como las españolas Buff, Trangoworld, Mund o Ternua, entre otras. Otro ejemplo es el movimiento 1% for the planet, fundado en 2002 Yvon Chouinard, histórico escalador y fundador de la marca Patagonia, que promueve la donación del 1% de los beneficios a proyectos sostenibles, al que ya están adscritas más de un centenar de firmas.

En tejidos

Estas son algunas de las iniciativas que más desarrollo han tenido en los últimos tiempos, que se emplean sobre todo en la vestimenta para montaña, pero también podemos encontrar en los sacos, mochilas o calzado, entre otros productos.

Tejidos libres de PFC: el daño que causan sobre el planeta, y sobre la salud de los seres vivos, los perfluorocarbonos que tradicionalmente se utilizaban masivamente en los tratamientos de repelencia al agua de los tejidos, están avalados por diferentes estudios y hoy en día ya asumidos por la industria y los consumidores.

Es un hecho que no se descomponen con el tiempo y que se acumulan en nuestro organismo, desencadenando enfermedades. Muchos fabricantes ya han dado pasos hacia su eliminación, o han adquirido el compromiso de hacerlo en un plazo corto, aunque todavía muchas marcas lo siguen utilizando, argumentando sobre todo su mayor durabilidad frente a otras alternativas.

Entre las empresas especializadas en impermeabilización que proponen tratamientos de repelencia al agua libres de fluorocarburos destaca Nikwax (que usan marcas como Rab), o la tecnología GTT (Green Theme Technology que emplea por ejemplo Black Diamond en muchas de sus chaquetas), actuando ambas en las fibras del tejido a nivel molecular, así como Teflon EcoLite, que se basa en el uso de materiales vegetales, pero también hay muchos fabricantes que desarrollan sus propios tratamientos sostenibles

Pluma “responsable” y reciclada: aunque no es el único, El RDS (Responsible Down Standard) es el certificado más extendido que audita la pluma desde su origen, garantizando que no haya habido maltrato animal y proceda de fuentes responsables.

Y desde hace ya unos años hay firmas que utilizan pluma reciclada en sus sacos y prendas, procedente de productos postconsumo (normalmente edredones y almohadas), que son esterilizados y sometidos a un tratamiento para su reutilización. Ternua fue pionera en su uso en prendas en 2015 (con Neoukdun) y hoy la emplean firmas como Rab (con P.U.R.E) o Lafuma (con Re:Down), entre otras.

Plástico y otros materiales reciclados: los grandes fabricantes de tejidos abrazan esta tendencia y prácticamente todos tienen ya sus alternativas “bio”, potenciando el uso de materia prima reciclada. El hilo sintético que se obtiene del plástico reciclado –en su mayoría procedente de botellas de plástico PET (polietilentereftalato) postconsumo– que comercializan compañías como Repreve, presenta el mismo rendimiento que el poliéster virgen, requiriendo un 20% menos de energía y con la ventaja de que se puede volver a reciclar. Polartec apunta este dato: para confeccionar una chaqueta segunda capa tipo forro polar (tejido Polartec Wind Pro) son necesarias unas 40 botellas de plástico. Mención especial merece la firma vasca Ternua, que suele ir un paso por delante en materia de sostenibilidad. Entre la materia prima con la que confeccionan sus prendas encontramos plástico que recogen del mar (con su proyecto Seacycle) o redes de pesca en desuso (Redcycle). También se propusieron sacarle partido a la oveja latxa, oriunda de Euskadi pero cuya lana no tenía uso comercial, que reconvirtieron en aislante térmico para sus chaquetas.

Tintado ecológicos: basados bien en productos orgánicos o bien en procesos de fabricación que utilizan menos agua, por ejemplo incorporando los pigmentos de color en la fabricación del hilo en masa (y no después), como las técnicas Dope Dyed o Solution Dyed que usan distintas marcas. Una de las empresas de referencia en tintados naturales es Achroma que, además de ofrecer sus tintes Earthcolors, colabora con los fabricantes para desarrollar líneas específicas, como la Colorcycle de Ternua (que comenzó con su proceso Naturcycle, utilizando cáscaras de nueces recogidas de las sidrerías vascas, y continuó con productos como cáscaras de castañas o huesos de aceituna).

Tratamientos antiolor biodegradables basados en productos naturales (no químicos), como puede ser el tratamiento S-Café, procedente de los posos de café que incrustan en el hilo y que, según aseguran, aporta propiedades antibacterianas, secado rápido y hasta protección frente a los rayos UV.

El tratamiento Polygiene, uno de los más utilizados en vestimenta para montaña, utiliza concentraciones bajas de sal de plata (silver chloride) que previenen el crecimiento de hongos y bacterias causantes del mal olor.

Materia prima orgánica, como el algodón cultivado con semillas que no son OGM (Organismos Genéticamente Modificados) y sin utilizar productos químicos, con su correspondiente certificación.

También ha habido un notable aumento del uso de fibras naturales como la lana merino, que es de por sí un material ecológico y con propiedades antibacterianas naturales.

En este caso también existen certificados independientes que garantizan que la lana se haya extraído sin sufrimiento animal (en concreto sin realizarles una práctica conocida como mulesing, una mutilación agresiva de parte de la piel que se realiza a la oveja al nacer para evitar la proliferación de ciertos parásitos).

Entre otros materiales biodegradables que se emplean en la vestimenta para montaña encontramos también celulosa de madera (comercializada por firmas como Tencel o Lyocell), lino, cáñamo, maíz… Es difícil aquí citar ejemplos concretos sin resultar sesgados, pues prácticamente todas las compañías del sector del outdoor realizan iniciativas similares.

Gore anunció hace cinco años que su objetivo era eliminar los PFC para el ya cercano 2023. Por su parte PrimaLoft lanzó hace dos temporadas el PrimaLoft Bio, hecho con materiales biodegradables.

Otro buen ejemplo es la fibra aislante Sorona que comercializa DuPont, que utiliza como base la glucosa derivada del almidón del maíz, siendo por tanto una propuesta ecológicas.

La sostenibilidad del calzado

El rechazo a los tratamientos repelentes al agua PFC’s no es ajeno al mundo del calzado, que se complementa con otras iniciativas enfocadas principalmente a la materia prima con la que se confecciona, buscando productos de cercanía y que sean biodegradables.

Un ejemplo de esto último es la zapatilla Mojito Bio que proponen los italianos Scarpa y describen como “100% biodegradable”. Se trata de un diseño similar a su clásico modelo Mojito, pero fabricado utilizando materiales que se degradan diez veces más rápido, con un upper en tejido de punto, eliminando tanto la goma de puntera y talón como el metal de los talones.

Una composición que no afecta a su rendimiento o durabilidad, según aseguran desde la marca, y añaden: “Todos los proveedores de materia prima están certificados en cuanto a los procesos de fabricación y los materiales sostenibles, así como su capacidad de ser biodegradable, con la norma ASTM D5511”.

El origen de la piel con la que se confecciona el calzado también es un elemento en el que puede intervenir el criterio sostenible. En este sentido, los fabricantes italianos Aku presentaron el año pasado su línea de botas Minima, frabicadas con piel 100% Zero Impact, es decir, que en su proceso de curtido no intervienen cromo ni otros metales pesados, reduciendo por tanto su impacto.

También incorporan otros procesos de fabricación sostenibles como evitar el desperdicio de piel (que siempre es italiana) reutilizándola en otros elementos del calzado.

Por su parte Merrell presentó también el año pasado su colección Undyed, con tanto el upper como la goma de la suela hecha parcialmente con material reciclado y con modelos sin tintar, todos blancos, reduciendo con ello agua y energía.

E igualmente reseñable es la línea de calzado de adidas fabricada en colaboración con la asociación Parley for the Oceans, utilizando en el upper plástico reciclado sacado del océano.

También entre los fabricantes españoles mencionar la línea de calzado Plan Vita de los riojanos Chiruca, confeccionada con un elevado porcentaje de materia prima reciclado.

En general, todos el calzado que pueda ser resolado, prolongando así su vida útil, ya está trabajando en favor de la sostenibilidad.

Otros productos sostenibles

El uso de botellas reutilizables, que ha desplazado a las botellas de plástico de un solo uso, está ya muy extendido y cada vez encontramos más ofertas en cuanto a diseños, tamaños y versiones de las distintas marcas.

Dentro de esta línea, hay fabricantes que ofrecen además botellas fabricadas con material reciclado, como CamelBak con su línea Tritan Renew, hechas con un 50% de componentes reciclados, gracias a la tecnología Polyester Renewal Technology (PRT).

También relacionado con la hidratación y con un impacto muy positivo está la creciente tendencia de utilizar vasos reutilizables en las carreras de montaña, reduciendo así la gran cantidad de vasos de plástico de un solo uso que se solían generar como residuos en este tipo de pruebas.

En cuerdas de escalada también encontramos iniciativas “verdes”, con por ejemplo modelos que han sido fabricados con los metros sobrantes de intercambio de color de las bobinas, que anteriormente se desechaba (más sobre esto en el artículo de Tratamientos de cuerdas, pág.139).

También en el sector de las cuerdas es destacable la iniciativa de los franceses Beal que potencia el reciclado de las cuerdas con su programa de “eco responsabilidad”, dándole una segunda vida a sus productos, y lleva a cabo también desde 2007 un programa de reforestación en Madagascar (donde tiene una de sus fábricas), plantando un árbol por cada cuerda vendida.

Entre otros ejemplos de productos del sector sostenible encontramos las ceras destinadas a las tablas de esquí y de snowboard que fabrica la firma Nzero, que es española, y están libres de parafinas y fluorados.

Embalajes y Transporte

Un producto con etiqueta “sostenible” pierde gran parte de su credibilidad si viene envuelto en varias capas de plástico. Cada vez son más las marcas que se han pasado a los embalajes hechos con materiales fácilmente biodegradables, especialmente el cartón.

Hay algunas que van un paso más, como los valencianos Lurbel, que en los estuches de sus prendas solo utilizan cartón con sello PEFC que, según explican, “garantiza que el material procede de bosques gestionados sosteniblemente desde el punto de vista ambiental, social y económico y que han estado sometidos a minuciosos controles en su proceso de producción”.

Igualmente, se reducirá el impacto medioambiental si, tanto las materias primas como el producto final, es de proximidad, minimizando con ello la contaminación derivada de su transporte.

Nuestro papel

Todas las iniciativas que hemos visto no llegan a ningún lado si no encuentran apoyo por parte del consumidor. Es nuestra responsabilidad estar bien informados y actuar en consecuencia, aprender a leer las etiquetas (analizando composición de los productos, fabricación, origen…) y ser conscientes de la política empresarial de las distintas marcas.

Identificar sellos como Bluesign (certificación independiente que examina toda la cadena de producción textil) o el Oeko-Starndard 100 (tejidos libres de químicos dañinos), así como las etiquetas propias con las que algunas firmas marcan sus productos más sostenibles (Commitment de Ternua, EvoDry de Marmot, Take Care de Haglöfs, Green Shape de Vaude, Low Impact de Millet…).

Y, sobre todo, pensar antes de comprar: ¿realmente lo necesito?

DURABILIDAD Y LAS TRES R
El principal factor que define a un producto sostenible es su durabilidad, que se puedan utilizar durante muchos años y no caer en la dictadura de las modas, que exigen cambiar de colección cada temporada. Como explican desde X-Technology: “Nuestros productos solo cambian cuando podemos aportar una mejora importante en ellos, cuando somos capaces de aportar un producto innovador al mercado”. Esto nos lleva a la norma de las 3R: Reducir, Reciclar y Reutilizar, que debería ser pauta de actuación habitual, tanto para fabricantes como para consumidores.

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