La Darbellay, de unos 250 metros de recorrido, es una de las grandes rutas que surcan la pared norte del codiciado muro granítico del Petit Clocher du Portalet (2985 m), en Suiza.
Su historia se remonta a agosto de 1962, cuando el guía suizo Michel Darbellay (autor de la primera en solitario a la norte del Eiger) y su hermano Daniel Darbellay completaron la apertura, instalando un centenar de clavos.
Durante más de dos décadas fue esencialmente una vía de artificial, hasta que Lucien Abbet imaginó la posibilidad de escalarla en libre y, en 1987, propuso el proyecto a Philippe Steulet. Ambos renovaron parte del antiguo equipamiento con espits y, después de dos temporadas de trabajo, Steulet consiguió en agosto de 1989 la primera ascensión en libre, asegurado por un joven François Legrand. Los dos largos clave quedaron graduados de 8a y 7c+, convirtiendo La Darbellay en una referencia de la escalada libre alpina.
El reto volvió a cambiar a comienzos de los años 2000, cuando Didier Berthod se propuso escalarla con protecciones flotantes y retiró los espits. En 2004 consiguió encadenarlo, seguido poco después de una repetición de Simon Anthamatten. Entre sus escasos repetidores figura también Enzo Oddo, quien en 2019 llegó a enlazar el 8a y el 7c+ en una única tirada de casi 100 metros.
Escalarla en libre, emplazando los seguros de primera y completar la vía en el día fue el ambicioso objetivo que se propuso Soline Kentzel.
En el historial de la escaladora francesa figuran batallas tan importantes como Golden Gate en libre, encordada con Seb Berthe, Le voyage (8b+ trad) o The Nose en solitario.
Para lograr su objetivo, Soline ha estado acudiendo a la vía varias veces este verano, trabajando la vía con los compañeros Mathieu Miquel, Seb Berthe y Eloï Peretti.

Finalmente, el 13 de agosto regresó, en cordada de tres con Mathieu Miquel y Eloï Peretti, y pudo completar su encadenamiento, tal y como lo había soñado: «Escalé colocando esas protecciones minúsculas con total serenidad, concentrándome en mi respiración profunda. Me sentía fluida y fui capaz de expresar el profundo deseo que tenía de escalar esta vía a mi manera: con precisión, calma, confianza y una fuerza serena», escribe Soline.
Escaló de primera y emplazando los seguros desde abajo los dos largos duros (7c+ y 8a), de unos 45 metros cada uno, y en estilo cordada el resto de largos, de sexto grado. Consiguieron completar además toda la vía en el día.


Sobre el moment de cumbre, Soline nos cuenta:
«La verdad es que me sentí enormemente agradecida y afortunada de que mis amigos también hubieran encadenado; que ellos también lo consiguieran hizo que lo disfrutara todavía más. También estaba muy contenta y satisfecha de cómo había escalado y de no haberme rendido.
Diez días antes había conseguido encadenar el 8a, pero me había caído tres veces en el 7c+ porque estaba mojado. Después lo había encadenado de segunda, así que me quedé un poco frustrada y no estaba segura de si volvería. Por eso fue todavía más satisfactorio conseguir finalmente completar este proyecto»










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