EXPLORANDO

Manuel González “Lolo”: “Voy a celebrar dos cumpleaños, el 5 de abril y el 22 de mayo”

Manuel González «Lolo» tiene muy presente que el pasado 22 mayo, cuando los alpinistas Damián Benegas y «Matoko» le rescataron a cerca de ochomil metros en el Lhotse, volvió a nacer. Sus ojos se llenan de lágrimas por la emoción al rememorar lo sucedido. En esta entrevista nos cuenta lo que recuerda de lo ocurrido.

Manuel González Lolo féliz en Kathmandu
Manuel González Lolo féliz en Kathmandu
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Esta entrevista está hecha en Kathmandú. Poco después de realizarla, tuvo oportunidad de conocer a su rescatador, Damián Benegas, y a su hermano Willy. Fue un encuentro muy emotivo, pues Lolo está muy agradecido por lo que habían hecho por él. Tenía claro que había vuelto a nacer. Y esto era posible gracias, sobre todo, a Damián Benegas y “Matoko”, y a la labor de coordinación del rescate realizada por Willy Benegas.

Lo increíble de Lolo es que, a pesar de haber pasado una noche a la intemperie a ochomil metros, sin saco de dormir, sus lesiones (tiene congelaciones) son relativamente poco  importantes.

En el aire queda el gran misterio que ni Lolo ni Damián Benegas supieron resolver en la conversación que mantuvieron ¿porqué Lolo abandonó la cuerda fija que desde la cima del Lhotse llevaba al campo 4 y se perdió en la montaña?

¿Cómo recuerdas el día de cima en el Lhotse?
Salimos de madrugada y me quedé retrasado del grupo por cuestiones que no tienen más relevancia. El día de cumbre fue fantástico, muy bueno; la cumbre del Lhotse es pequeñita, curiosa. El corredor, que era lo que más me llamaba la atención, me encantó. Así como la pirámide de roca final. El rato que estuve en la cumbre, que compartí con el iraní Mahdi, fue un momento que no se me olvidará en mi vida, como cualquier cumbre de un ochomil que lleva mucho trabajo conseguir.

¿Qué recuerdas del descenso?
Para llegar a la cumbre apuré el horario que había previsto; y el descenso, como Mahdi se quedaba a esperar a otra gente, lo inicié solo. Iba ya un poco agobiado en la parte del corredor, de hacer tantos rápeles. Llegando a la travesía, vi que me iba a faltar una hora de luz por lo menos para llegar al campo 4. Decidí llamar a los compañeros, pero pensé que igual no iban a atender el teléfono, porque aún estarían llegando al campo 4. Entonces llamé a Darío, que estaba en el campo base, para que él llamara al campo 4, a ver si podía subir un sherpa para que me acompañara en la última parte y también para que me subiera algo de agua , ya que me había quedado sin líquido.

Iba muy contento de haber conseguido mi cuarto ochomil. Después de esta llamada (que recuerdo perfectamente), no puedo contar nada, porque no recuerdo nada más. Hasta la mañana siguiente. En la cabeza tengo las alucinaciones que tuve durante la noche. No sé si se me rompió una cuerda ó si no me anclé bien y tuve alguna caída, que no debió ser especialmente grave, ya que no tengo secuelas. Me gustaría recordar cómo se produjo la situación que lleva a esa noche tan larga.

¿Cuál es tu siguiente recuerdo?
El primer recuerdo que tengo, con total lucidez, es cuando llega Damián a mi lado, me zarandea, me pregunta cómo estoy y me dice que creía que venía a reconocer un cadáver. Recuerdo que le dije que pensaba que tenía las piernas rotas, pero más que nada era porque estaban entumecidas, ya que rápidamente empecé a moverlas.

Tuvimos una conversación, me animó bastante e intenté colaborar en la medida de lo posible. Hablamos de si llevaba medicación; yo llevaba una dexa en el bolsillo, pero estaba congelada. En seguida nos pusimos en movimiento para intentar volver a la línea de cuerda fija.

¿Cómo fue esa primera parte del rescate?
Fue la más dura, porque yo tenía que participar de forma activa en todos los movimientos de cuerda hasta llegar a la línea de cuerda fija. Una vez en la línea de cuerdas, dentro de la camilla, ya me dejé. Me fueron bajando con los típicos movimientos, el traqueteo de un rescate a esa altura y en esas condiciones.

Si tuvieras que volver a repetir esta ascensión ¿qué cosas que cambiarías?
En cuanto al planteamiento, es el que utilizo habitualmente. Ha sido mi primera experiencia en una expedición de la que no he formado parte de la organización, sino que nos hemos juntado un grupo que nos hemos visto aquí en Katmandú. Prefiero el “viejo” sistema de expediciones, en el que te juntas con un grupo de amigos con los que preparas durante un año el proyecto  y después lo llevas a cabo.

Meterte así en un grupo, con gente conocida y potente, pero que realmente no es un  equipo, con un objetivo y trabajo común, sino yendo a “nuestra bola”, no me ha gustado mucho como experiencia. Pero esa situación no ha tenido nada que ver con el accidente que he tenido.

¿Qué crees que es lo que ha fallado para que tantos alpinistas que hayan necesitado rescate?
Parece que ese día subimos muchos y algunos no tuvimos buena suerte. Creo que, a gran altitud, el rescate es de tres personas, incluido yo. También parece que ha habido más compañeros que necesitaron ayuda, porque no terminaron el descenso en perfectas condiciones.

Creo que ha habido un cúmulo de situaciones, de diferentes personas y grupos, pero con la misma nacionalidad que hizo que pareciera que íbamos juntos, pero no ha sido así. No es que lo crea, es que no ha sido así.

Tu visión del rescate.
He tenido la “suerte” de que haya ocurrido en el Everest –porque el Lhotse está abducido por el Everest- y en esta montaña hay gran cantidad de recursos, tanto humanos como de otro tipo, aparte de una gran dosis de suerte que tuve.

Has tenido problemas con los seguros con el pago de los helicópteros porque no se gestionó bien ¿qué hay que tener en cuenta para próximos rescates?
Coordinar un rescate de estas características, en las que están inmersas tantas personas…  creo que en líneas generales se han llevado bien. Pero hay que cuidar todos los aspectos, desde los médicos hasta la evacuación final de los deportistas, porque puede haber momentos de confusión, en el que se muevan helicópteros o personas que no son necesarias, poniendo su vida en peligro… Creo que se ha hecho desde el campo base un trabajo importante, para movilizar tantos medios humanos y materiales y salir todo el mundo con vida de la situación.

Un rescate debe ser siempre coordinado por una sola persona y que luego ella delegue en otras para que se no se escape ni el más mínimo detalle.

Tú has participado en rescates a ochomil metros
Participé en dos rescates seguidos en el Manaslu el año pasado y es bastante diferente estar “al otro lado”. Siempre prefieres ser el rescatador. Vives una situación de estrés positivo, en la que te vacías completamente por salvar la vida a otra persona. No eres consciente del peligro que estas corriendo.

Los rescates en que yo participe fueron a partir de 7.000 metros, no de 8.000, pero sigue siendo muy difícil también a esa altura.

En uno de los rescates llegué incluso peor que el rescatado. Fue en el segundo rescate, que bajamos de 7.000 metros al campo base, y los rescatadores llegamos hechos polvo. Recuerdo ver salir a Marco (el rescatado) de la tienda hospital por su propio pie mientras yo aún estaba renqueando en la puerta.

Eres un privilegiado por haber sobrevivido a esta experiencia. ¿Cómo te sientes?
A partir de ahora voy a celebrar dos cumpleaños: el del 5 de abril y el del 22 de mayo, que además coincidirá con una fecha que ha marcado  mi vida porque fue el mismo día en que subí al Everest en el año 2.000.

¿Estás especialmente agradecido a alguien?
A todos. Por supuesto que a mis rescatadores, a Damián y “Matoko”, que fueron quienes me salvaron la vida. Pero también a la gente del campo base, a la que me encontré durante la bajada, a la gente de Kathmandú…

¿Qué te han dicho tu mujer y tus hijas?
El otro día la envié una foto para que viera el estado de los pies y de la cara y me decía que me iba a cambiar. La respondí que dónde iba a encontrar a alguien mejor que yo. Además, con lo jovencito que voy a llegar, con 7 ó 8 días de vida…

 


 

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