La expedición rusa que todavía permanecía en la vertiente sur del Cho Oyu (8.188 m) ha llegado a su fin. El equipo liderado por Andrei Vasiliev ha rozado los 8.000 metros de altitud y se ha quedado a unas tres horas de la cumbre, pero ha renunciado a ella ante una grieta que se interponía, a la que se unen las dudosas condiciones meteorológicas y la extenuación de los alpinistas.
Cuarto y último intento
Andrei Vasiliev, Vitaly Shipilov, Kirill Eiseman y Sergei Kondrashkin descansaron unos días en la aldea de Gokyo (4.770 m), donde tenían instalado su campo base, antes de lanzar el último y definitivo intento a partir del 27 de octubre. Frente a ellos se extendía el largo y complejo itinerario abierto por otra expedición rusa en 1991, que asciende directamente la vertiente sur hacia la arista este y la sigue hasta la cima.
Aquella expedición de hace más de tres décadas estuvo formada por dieciséis miembros, bajo el liderazgo de Sergei Efimov. Tras un mes de trabajo en la montaña, Sergei Bogomolov, Valeri Pershin, Ivan Plotnikov, Evgeni Vinogradski y Al Yakovenko la llevaron hasta la cima.
Grandes dificultades
Los expedicionarios, que llevaban a cabo su ascensión sin usar oxígeno suplementario y sin el concurso de sherpas, llegaron al C1 (6.100 m) el 29 de octubre y superaron los 7.000 metros al día siguiente, cargando cuerdas para seguir trabajando las secciones complejas de la ruta que habían quedado pendientes en su anterior intento. Entonces, habían instalado un último campamento de altura a 7.300 metros y marcado una punta de altura de 7.700 metros.
El 31 de octubre alcanzaron de nuevo ese campamento de altura y al día siguiente llegaron a esa cota máxima de la anterior salida. Se enfrentaban a partir de ahí a un terreno de altísima dificultad, que debía llevarles hasta la arista este por encima de los 7.900 metros. Finalmente, lograron superar ese hito y el 3 de noviembre se montaron en la arista, a una altitud de unos 7.960 metros, a pesar de los fuertes vientos con que tuvieron que lidiar.
Después de aquello, debían seguir la arista este hasta la cima, aunque antes debían resolver algunas incógnitas. En especial, una gran grieta en plena arista que finalmente fue demasiado para ellos. A pesar de que tenían la estimación que desde allí solo quedarían tres horas hasta la cumbre, valoraron que era demasiado peligroso descender la grieta para ascender por el otro lado. Igualmente, se sentían muy cansados y a todo ello se sumaba una meteorología dudosa para las siguientes jornadas.
Se tomaron una noche para decidir y finalmente optaron por recuperar el material que habían fijado en la ruta y emprender el camino del descenso.









Ya no quedan rusos como los de antes.