Una mirada cargada de humor

La que se avecina…en el campo base del Annapurna

Sito Carcavilla, que acompaña a Carlos Soria en el Annapurna, describe en este artículo lleno de humor, algunos de los personajes mas peculiares con los que conviven en el campo base. «Hay tanta gente y tan peculiar que podría grabarse una serie como «La que se avecina».

Autor: Sito Carcavilla | 6 comentarios | Compartir:
Campo base del Annapurna
Campo base del Annapurna

El otro día bromeaba con nuestro cámara Luis Miguel López Soriano que en el campo base del Annapurna este año hay tanta gente y tan peculiar que podría grabarse una serie como “La que se avecina”. Y es verdad. Comparado con los campamentos base de otras montañas aquí no hay tanta gente, pues seremos unos 25 occidentales y otros tantos nepalís, pero esto, en el Annapurna, es una multitud.

El Campo Base está divido en tres sectores. En uno, el mejor por cierto, estamos los del equipo BBVA-Carlos Soria. Como somos veteranos (este es la tercera vez que venimos a este campo base) elegimos el lugar más plano y confortable. Nuestro único miedo es una gran piedra que corona la morrena que sirve de límite del campamento, cuya inestable y amenazadora posición hace que siempre la miremos de reojo. La llamamos “la piedra del coyote”, porque parece la que este personaje intentaría tirar al correcaminos. En un capricho del glaciar que, como cuando un pastelero pone una guinda en lo alto de la tarta, puso en lo alto de la morrena el bloque más grande de los alrededores. El año pasado, cuando tuvo lugar el terremoto, lo primero que hicimos todos al notar el temblor fue alejarnos del comedor por si la piedra caía, pero ahí sigue. Mis compañeros, con eso de que soy geólogo, me preguntan cuánto tiempo aguantará así, a lo que les respondo que no tengo ni idea. Es la verdad.

A unos 500 metros de nosotros está el grueso del personal. Es lo que llamamos “la expedición internacional”, porque son cada uno de su padre y de su madre. Hay un turco, un suizo, un alemán, una china, dos búlgaros (que no se hablan entre sí), un húngaro, una japonesa, un israelí, dos rusos y dos italianos (estos bien avenidos). Junto a ellos está el equipo coreano de Mr. King, viejo conocido nuestro, pues hemos coincidido en tres expediciones.

El tercer sector es el que ocupa la austra-neozelandesa Chris, con su sherpa-pareja (un concepto curioso cada vez más extendido), y un amigo americano. A todos estos occidentales, hay que sumar un nutrido equipo de sherpas de lo más variado, muchos de ellos también viejos conocidos nuestros.

Como decía Luis, entre tanta gente tiene que haber algunos especialmente peculiares. Y los hay. Uno de ellos es el húngaro, muy majete y buen alpinista, y que inauguró la lista de anécdotas curiosas de esta expedición y que describo con el ánimo de entretener y no de criticar a nadie, porque lo bueno de aquí es que cada uno hace lo que le apetece sin dar explicaciones a nadie. Resulta que el húngaro en cuestión no quiso utilizar medios mecánicos para llegar al Campo Base, por lo que en vez de venir en helicóptero con nosotros, decidió ir andando. A nosotros nos sorprendió, porque hasta el último pueblo llegó en autobús como todos nosotros, así que no sabemos dónde pone el límite aceptable del uso de vehículos a motor. El caso es que, ante nuestro estupor, se despidió en el pueblo diciendo que en un día llegaría al Campo Base. Nosotros, que conocemos el camino por haberlo recorrido andando en 2012, sabemos que son necesarias tres jornadas nada fáciles. El tiempo nos dio la razón: una semana después de que saliera, nadie sabía nada de él. Por fin apareció en el pueblo de inicio, diciendo que se despistó y que, aunque llegó a menos de una jornada del campo base, no encontró agua y se dio la vuelta. Es una versión sorprendente porque la última jornada del camino pasa junto a un enorme río, un glaciar y varios lagos, así que agua, lo que se dice agua, hay en abundancia. Pero no quisimos ser groseros y no insistimos en conocer cuál había sido su ruta. Lo curioso es que le patrocina Johnny Walker, apellido que, tras su periplo solitario por las laderas del Annapurna, le sirve de mote en el campo base.       

Otro personaje curioso es el alemán. Trae un trackker, que permite a sus seguidores conocer sus movimientos en la montaña. El problema es que se lo olvidó en el autobús que nos llevó de Katmandú a Beni, que vete tú a saber qué viajes haría luego, de manera que sus seguidores han debido alucinar con lo que se ha movido este chico hasta llegar al campo base. También tenemos un vegano que quiere ser el primero en coronar los 14 ochomiles y que trae por el camino de la amargura a su cocinero, que no sabe qué darle de comer (explicarle a un nepalí, que vive en el Tercer Mundo, el concepto vegano es difícil, por muy válido que sea para un occidental).

La espera por el mal tiempo requiere paciencia y cada uno lo lleva como puede. El israelí, que tiene un botiquín digno de un ejército dispuesto a invadir un país, está todo el día ajustando sus crampones, mochila, arnés y resto del equipo como si fuera a salir hacia la cumbre en diez minutos, lo que desquicia a sus compañeros, mientras que uno de los búlgaros hace sus propias predicciones meteorológicas mediante observación de las nubes… ¡a 5 días vista! Un superdotado.

Pero de todos, el más extraño es el coreano Mr. King. Alpinista muy fuerte con el que hicimos cumbre en el Kangchengjunga en 2014, siempre nos sorprende. Este año viene acompañado de cuatro personas. El otro día fuimos a visitarle y uno era el cámara, que grabó toda la conversación; otro era el secretario y lo apuntó todo; y el tercero, conocido nuestro también de otros años y al que apodamos “el becario”, hizo de traductor, aunque King habla inglés. Fue como una visita al rey, nunca mejor dicho. Pero lo más misterioso fue la chica. Al vernos llegar, desapareció instantáneamente, de tal manera que dudamos si realmente la habíamos visto. El misterio fue en aumento porque el otro día “el becario” se cayó en una grieta del glaciar, por lo que nuestro médico fue a atenderle y el resto nos acercamos a ver qué tal estaba el chaval. Ni rastro de la chica. En una de ocasiones que fuimos allí, ellas, el viento entreabrió la puerta de una tienda de campaña y la vimos de reojo sentada sola, como castigada sin salir: parece que no es una ilusión y la coreana existe.

 ¿Y entre nosotros no hay raros o excéntricos? Claro que sí, pero de eso preferiría no hablar. Solo diré que, fruto de la comodidad y de la adaptación a la vida en el campo base, uno se va relajando y comete errores de principiante. El otro día, uno de nuestro equipo (no diré quién) confundió a media noche el bote de orinar con el de la bebida isotónica y le dio un buen trago. Lo malo fue que no le pareció que hubiera mucha diferencia de sabor entre ambos líquidos. En diez expediciones que llevamos juntos nunca había pasado, debemos estar perdiendo facultades, pero a pesar de ello, nuestro equipo es la referencia aquí. Por varias razones: tenemos al alpinista más prestigioso (Carlos Soria), tenemos Internet y, sobre todo, tenemos médico. Por su “consulta” han pasado ya prácticamente todos los presentes, con todo tipo de dolencias: heridas, alergias, shocks hipoglucémicos (hay un diabético), congelaciones, diarreas, gripes, quemaduras del sol, el coreano con el tobillo roto… de todo. Incluso ha ejercido de psicólogo en varias ocasiones y casi de madre, como cuando el otro día un búlgaro vino a preguntarle que por qué pasaba frío por las noches y se asfixiaba cuando iba cuesta arriba (real como la vida misma, de verdad). Estamos a la espera de ver si la coreana requiere cuidados médicos y comprobamos del todo que existe.

Y por lo demás, seguimos esperando que tiempo mejore y podamos intentar ir a la cumbre, pero no es fácil lanzarse a tomar una decisión, porque aquí se reciben cinco partes meteorológicos diarios y cada uno dice una cosa diferente. Y a esos hay que sumar los del meteorólogo-chamán búlgaro. Así que no es fácil decidir qué hacer. Mientras, seguiremos conviviendo con el resto de personas, todas ellas, por cierto, muy agradables. A pesar de las particularidades e incluso rarezas de cada uno, el buen ambiente domina en el campo base y lo pasamos bien. Hoy el rumano y el coreano se han ido pero a cambio “nos han traído” a los dos rusos. En unos días veremos qué papel les damos en nuestro “Lo que se avecina” particular. Y, sobre todo, me muero por saber qué papel nos dan a cada uno de nosotros, que también tenemos lo nuestro.

Sito Carcavilla.   
Alpinista de la expedición BBVA.


 

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