Situado en el Himalaya de Garhwal, en la India, el Chaukhamba III (6.974 m) es un pico virgen que promete interesantes aventuras para el alpinismo de dificultad. Esos fueron los argumentos que atrajeron a Fay Manners y Michelle Dvorak hasta los pies de su vertiente este, en el glaciar Satopanth, donde habían instalado su campo base.
Cuando el viernes 27 de septiembre dejaron la seguridad del CB para intentar la primera ascensión de esta montaña a través de su espectacular pilar sureste no sabían que iban vivir una experiencia al límite. Durante cinco días fueron ganando poco a poco metros a la montaña, tal como cuenta la propia Fay Manners en sus redes sociales:
Navegamos a través de un terreno complejo, empinado y lleno de grietas; escalamos en roca granito con dificultades de hasta 7a+, superamos secciones comprometidas de hielo y terreno mixto, dormimos en vivacs sobre repisas verdaderamente precarias y elegimos cuidadosamente nuestro camino entre algunos bloques muy sueltos.
Mala suerte
El miércoles 2 de octubre, las cosas cambiaron radicalmente para ellas. La mala suerte provocó que una roca desprendida de la pared fuera a caer justo sobre la cuerda que usaban para izar un petate. La piedra segó la cuerda y el petate se precipitó al vacío, lejos de su alcance.
El problema es que aquel petate contenía material clave de seguridad: tienda, hornillo, crampones, piolets… Habían alcanzado los 6.400 metros, donde se hallaban las mayores dificultades de la ascensión, y echaban de menos material que necesitaban tanto para seguir progresando como para descender e incluso para sobrevivir. La primera sensación fue de enorme frustración por tener que abandonar una ruta tan prometedora después de todo el esfuerzo que habían invertido en ella.
Descenso épico
Lo siguiente fue darse cuenta de que no iba a resultar fácil regresar a la seguridad de su campo base. Ante lo desesperado de su situación, llamaron a emergencias. A pesar del mal tiempo, un helicóptero de rescate salió en su búsqueda, pero fue incapaz de localizarlas en la pared. El vuelo se repitió al día siguiente, con idéntico resultado.
Cerca de la hipotermia y sin energías ante la falta de comida, Fay Manners y Michelle Dvorak iniciaron el peligroso descenso por su cuenta. Fueron rapelando poco a poco la vía, perdiendo altura con la máxima seguridad posible, dadas las circunstancias. También pudieron contactar con unos amigos de Fay Manners, guía en Chamonix, que estaban en la zona. Se trataba de un equipo del Grupo Militar de Alta Montaña francés, que también tenía como objetivo el Chaukhamba III.
Ellas consiguieron descender hasta los 5.300 metros del glaciar. Y ellos las ayudaron a ponerse a salvo en una complicada travesía glaciar sin crampones ni piolets. Desde el campo base, un helicóptero las evacuó hasta la civilización.

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