UNA BUSQUEDA PERSONAL DE BELLAS MONTAÑAS

Ramón Portilla, a la sexta va la vencida: cima en el Laila Peak

A Ramón Portilla le atraen las montañas por su belleza. El Laila Peak le atrajo tanto que lo había intentado ya en otras cinco ocasiones. Una cifra a la que quita importancia argumentando que «Whymper intentó nueve veces el Cervino». En esta entrevista nos cuenta como ha sido esta expedición en la que, además de Carlos Suárez y Darío Barrio, le han acompañado su mujer y su hijo.

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De izda a derecha Darío Barrio
De izda a derecha Darío Barrio

«Llevaba años soñando con subir esta cumbre y me resultó mucho más bonita de lo que pensaba».

¿Cómo ha sido alcanzar por fin la cima del  Laila Peak después de cinco intentos? Te has pasado mucho tiempo en el campo base de esta montaña…

Tampoco tanto porque son expediciones cortas. Es un campo base muy accesible, ya que está solo a día y medio de Hushé y siempre he estado poco tiempo. Este invierno estuvimos un poco más, el resto siempre han sido expediciones de un mes.
La verdad es que este campo base es uno de los rincones más bonitos del Karakorum, con el Gasherbrum enfrente, rodeado de cientos de agujas vírgenes de 5.000, 6.000, 7.000 metros… Es un circo maravilloso. Y el campo base es blandito, de tierra, plano…
La ascensión ha sido durísima. Hemos estado –Carlos Suárez no, porque ha descendido desde la cima en salto BASE- Darío Barrio y yo veinticuatro horas desde que salimos del último campamento hasta que regresamos.
Como ha hecho tan mal tiempo en el campo base, diez días lloviendo, no hemos podido montar un segundo campo como hemos hecho otras veces. Hemos llegado al primer collado y desde allí hemos hecho el intento de cumbre. Las condiciones no eran malas al principio, pero la última parte era hielo muy duro. La pendiente en los últimos largos se pone muy fuerte, casi 70º,  y la verdad que ha costado mucho llegar. No a mí, que soy ya el “abuelo” de la expedición, sino también a Carlos y a Darío. Hemos llegado muy cansados a la cima, que es bellísima. Es más grande de lo que parece, e incluso hay varias piedras como de un metro y medio o dos metros que la hacen un sitio único en la Tierra. Yo llevaba años soñando con subir esta cumbre y me resultó mucho más bonita todavía de lo que pensaba.

Una pregunta en clave de broma. A la cima llegasteis tres personas y dos de ellas (Carlos Suárez y Darío Barrio) subieron el paracaídas….Si las condiciones lo hubieran permitido los dos habrían saltado y… ¡te habría tocado descender solo!

En principio éramos cuatro,  Antonio Ramos Villar tenía que bajarse conmigo mientras Carlos y Darío descendían en salto BASE. Pero Antonio se puso malo y, al quedar tres, en teoría saltaba solo uno, pero yo estaba bastante «mosqueado» porque los dos subieron el paracaídas. Cuando llegamos a la cumbre,  la suerte que tuve y que me ha salvado de tener que bajar solo, es que Darío Barrio subió el traje de alas y con el no podía saltar pues no tenía suficiente altura al suelo desde la cima. ¡Menos mal! Porque el descenso fue durísimo: estuvimos casi ocho horas rapelando por la noche… Complicado, bastante complicado. Ellos me aseguran que no hubieran saltado los dos… pero los dos subieron el paracaídas a la cima:)

O sea que te hubieran dejado allí solo

(Bromeando) Me temo que sí…

«Darío Barrio es increíble: no se había puesto unos crampones en su vida y la escalada del Laila Peak es seria»

¿Qué tal se ha defendido en montaña Darío Barrio? Porque él no es alpinista…

Lo de Darío es increíble. Yo no sé si esto que te voy a decir se puede publicar… Darío no se había puesto unos crampones en su vida y la escalada del Laila Peak es seria. Entre otras cosas, a unos 100 metros de la cumbre, hay una travesía de 60 metros en hielo vivo donde no te asegura la cuerda desde arriba; las condiciones obligan a moverse bien. Y la verdad que él ha estado, de sobra, a la altura. Sólo tienes que explicarle las cosas una vez y las entiende perfectamente. De hecho, en la cumbre le enseñé cómo se rapelaba porque él no sabía…

¿Y el descenso? Porque era comprometido, destrepar esa travesía, rapelar… Ha tenido que «flipar» Darío Barrio no siendo alpinista….

?Es un fuera de serie.Tiene una capacidad increíble de adaptarse a cualquier situación. Es un atleta y ha funcionado increíblemente. No es normal encontrarse una persona con esas cualidades, no sólo físicas, que está fortísimo, sino que además sea capaz de asimilar una técnica complicada en dos largos; al final se movía mejor que yo…

«Estoy buscando otra bella montaña…. pero es difícil encontrarla tan bonita».

Has conseguido la cima del Laila Peak, que ha sido tu objetivo durante varios años… ¿te vas a sentir vacío ahora?

Estoy buscando otra bella montaña. Antes no tenía que pensar: cada año iba al Laila Peak. Ahora, como hemos hecho cima, tendré que pensar en otra montaña y la verdad que es difícil encontrarlas tan bonitas.

«Quería que mi mujer y mi hijo conocieran este lugar tan especial para mi».

Has ido con distintos amigos al Laila ¿Cómo ha sido este último grupo con el que has ido??

Este grupo ha sido majísimo.  Me planteaba un grupo muy pequeño, que dos personas tuvieran la posibilidad de saltar en BASE de la cumbre y dos de descender «normalmente». Además, venía mi familia: mi mujer Rosa y a mi hijo Samuel, pues quería que conocieran este lugar tan bello y especial para mí. El equipo ha funcionado fenomenal, nos lo hemos pasado muy bien. Teniendo en cuenta que después de estar en invierno, cuando es tan duro, ahora era como estar de vacaciones. El ambiente ha sido siempre muy alegre.

Tu familia… ¿qué ha pensado de que te hayas pasado alrededor de seis meses de tu vida en el campo base del Laila Peak?


 

?No les he preguntado, pero mi mujer me dijo que o subía este año o ya no volvía, con lo que no he tenido opción, esta vez he tenido que subir sí o sí. Pero les ha encantado el sitio y han entendido porqué año tras año vuelvo. Y es que no es sólo el Laila Peak, sino el valle y la gente de Hushé, Karim y otros amigos que tengo desde hace treinta años que hacen que ir a Pakistán sea una excusa para reencontrarme con mis amigos del Karakorum.

«Cuando ocurrió el atentado del Nanga Parbat me planteé seriamente si ir o no a Pakistán»

Llevas muchos años yendo a Pakistán, ¿cómo los has visto después del atentado terrorista del Nanga Parbat?  Mucha gente se asustó y se cancelaron expediciones.  Pero no solo seguiste adelante con la expedición sino que incluso llevaste a tu familia…

He visto a la gente de la zona, de los valles de Hushé y la zona del Baltoro, tristes porque se anularon muchísimas expediciones y trekkings y viven de ello. Cuando ocurrió el atentado me planteé seriamente si ir o no a Pakistán. Es una cosa muy seria lo que ha ocurrido y viniendo con la familia me daba miedo, pero por otro lado pensaba: “si nadie vamos ¿esta gente de qué vive?”.
He estado en invierno, que es durísimo, y la única fuente de ingresos que tienen la mayoría de los pueblos son los trekkings y las expediciones, y si dejamos de venir todos la vida va a ser mucho más dura para ellos. Estaban tristes porque además, como en esta zona son totalmente antitalibán, para ellos es un problema. Ellos insisten en que no hay ningún peligro…

«Esta cima es de las cosas que más orgulloso estoy de haber conseguido. Hay que luchar y no rendirse jamás»

¿Merece la pena intentar seis veces la misma montaña??

Para mí sí. Si no, no lo hubiera hecho. Muchas veces me dicen que si es una obsesión. Yo digo que es una pasión. Me enamoro de un proyecto, de un objetivo, y me gusta conseguir las cosas que me propongo. ¿Merece la pena intentar seis veces un pico como el Laila? Por supuesto que para mí sí. Whymper intentó nueve veces el Cervino… El Laila es una montaña que puedes venir y hacer sin problemas si las condiciones son buenas, depende muchísimo de las condiciones de la nieve: puede ser desde relativamente sencilla a imposible. He tenido mala suerte y hasta este año nunca la he pillado en buenas condiciones. Por supuesto que me merece la pena, y no sólo eso sino que es de las cosas que más orgulloso estoy de haber conseguido. Hay que luchar y no rendirse jamás.

Comparada con otras montañas que hayas hecho, ¿con qué escalada la compararías??

Es un tipo de escalada muy parecido al de los Andes.  A montañas tipo Alpamayo o Ama Dablam antes de que estuviera lleno de cuerdas fijas… estilo Khan Tengri…  Además es el mismo concepto que busco: montañas esbeltas, afiladas… Como digo siempre, las montañas que dibujan los niños. Lo bonito que tiene el Laila es que, al no estar masificado, al haberse subido tan pocas veces, no hay cuerdas fijas, no hay otras expediciones… Conserva esa magia que tenía el alpinismo hace años.

«A la cima llegué agotado. Carlos Suárez y Darío Barrio como dos auténticas «motos», buscando sitios para saltar en BASE»

¿Cuál es la sensación que tienes cuando llegáis a la cima y Carlos Suárez se pone el paracaídas y salta?

?Cuando llegamos a la cima yo estaba agotado. Había sido una ascensión durísima pero Carlos y Darío llegaron como dos auténticas motos, buscando sitios para lanzarse, que si lo tenían claro o no, que si lo veían o no… No entendía nada. Yo simplemente quería disfrutar de la cumbre y estar allí relajado, y estos dos estaban «histéricos». Así que esperé a que decidieran  y, una vez lo hicieron cogí la cámara y filmé a Carlos en el salto BASE. Fue precioso, espectacular y allí es donde me planteé: “Son casi las seis de la tarde, se va a hacer de noche en un momento y tenemos que descender casi 1.200 metros de montaña”. Entonces fue cuando me di cuenta de que empezaba el verdadero problema: el descenso.

“A Carlos Suárez le comentaba: vais un paso por delante en todo lo que nosotros hacíamos…»

Has hecho también parapente incluso en el Himalaya…? ¿una sensación parecida al salto BASE?

Sí, he volado bastante hace años y alguna vez en el Himalaya, no gran cosa. Lo que pasa es que el salto BASE es otro nivel. Era lo que le comentaba a Carlos Suárez el otro día: “Vais un paso por delante de lo que nosotros hacíamos… Yo escalé sin cuerda y vosotros hacéis 8a sin cuerda, yo hacía montañas difíciles y vosotros mucho más difíciles, yo volé en parapente y ahora llegáis y os tiráis de la cumbre en paracaídas… La verdad es que estáis siempre por delante”. He volado pero creo que es diferente. La sensación de ponerte en el borde y decir “voy”…  Es una descarga de adrenalina bastante emocionante.

El salto BASE abre nuevas posibilidades para descender montañas ¿no??

Sí, lo que pasa es que tiene sus limitaciones. En su día pensábamos que el parapente nos iba a servir para bajar de todas las montañas y nos dimos cuenta que no era posible. Pasa lo mismo con el salto BASE. Vale para determinadas montañas, de hecho Darío Barrio no ha podido saltar. No todas las montañas reúnen las condiciones de tener una pared desplomada de 80, 100 o 200 metros… desde la que hacer un salto BASE.

«Creía que era posible hacer salto BASE desde la cima y así ha sido…»

De todas formas, cuando le dijiste a Carlos Suárez lo de hacer salto BASE desde la cima del Laila Peak… era la excusa para que te acompañaran ¿no? ¿Realmente pensabas que se podía saltar??

Sí, yo creí que era posible. De hecho, cuando volvimos de la invernal con Álex Txikon, vimos que había muchas posibilidades de hacer un salto BASE.  No tenía la experiencia necesaria como para explicarles si era un salto BASE ó con traje de alas… pero sabía que toda la parte sureste de la montaña desplomaba. De hecho, sé que alguna expedición había rapelado por allí con algunos rápeles desplomados de 60 metros. No les engañé en ese sentido. Yo creía que era posible y así ha sido…

Hazme una semblanza rápida de las distintas personas con las que has ido al Laila.

?En el artículo que escribió Juanjo Sansebastián en la revista Desnivel (número 322) sobre la invernal comentaba que tengo la capacidad de liar a la gente, de apasionar a la gente con los proyectos…. no lo sé. El primer año vine con mis amigos Manuel Burrueco «Mane» y Álvaro Corrochano y prácticamente no pudimos hacer nada. Apenas subimos 300 metros porque no teníamos ninguna información ni sabíamos por dónde iba la ruta. Y de ahí saqué la conclusión de que quería volver y quería intentarla en serio.
En el siguiente intento sólo fuimos dos personas, mi amigo Carlos Ortiz Tudela y yo, y estuvimos buscando rutas en estilo alpino por toda la montaña sin saber por dónde iba la ruta más asequible, hasta que la encontramos. A partir de ahí, apareció un personaje superinteresante, que es José Manuel Fernández. Con él haría tres intentos, en dos nos quedamos muy cerca de la cumbre pero por las condiciones no pudimos subir, y luego vinimos en invierno -con Sebastián Álvaro, Juanjo San Sebastián, Mariano Izquierdo y fue cuando José Manuel Fernandez y Álex Txikon pudieron subir a la cumbre pero yo tuve congelaciones. La última ha sido esta expedición con Carlos Suárez, Darío Barrio y Antonio Ramos Villar.
Todas han sido diferentes y ha habido un factor de exploración… Nunca supe por dónde iba la ruta de esta montaña. Prácticamente le he dado la vuelta, intentando subir por todas sus caras, hasta que he encontrado el recorrido por el que hemos subido esta vez. No hemos hecho la ruta más bonita, porque con José dos años escalé una torre que hay en medio que es la parte más bonita como escalada: una  ascensión clásica de V+, que en el Himalaya o en el Karakorum es bellísimo. Este año, igual que hicimos invierno, hemos bordeado la torre, y hemos subido por un terreno que es más feo, más descompuesto. No es el recorrido más bonito, pero era el más lógico para garantizar la cumbre.

¿Habéis subido por la misma ruta que Álex Txikon y José Manuel Fernández ascendieron en invierno?

?Exactamente. Hemos recorrido la misma ruta de este invierno, que no es tan elegante, como te decía, como esa otra por la que lo había intentado anteriormente por torres con más escalada; pero era la más segura y la más rápida.

«Con Carlos Suárez he cerrado un círculo»

Lo que también es una historia bella es el tema de ascender al Laila Peak con Carlos Suárez, a quien su madre te «encomendó» cuando era chaval «descarriado»….

Tiene gracia porque un poco la culpa de que Carlos Suárez escale la tengo yo. La primera vez que escaló en su vida fue conmigo; yo le di una especie de curso acelerado de escalada y muchos años después fuimos juntos al Himalaya, cuando me casé y tuvo que aguantar mi luna de miel en el Shivling. Y ahora, 18 años después, que no habíamos vuelto a salir juntos, le propuse que se viniera al Laila y la verdad que me hacía bastante ilusión. Es como cerrar un círculo. La vida tiene estas cosas raras, y quién se iba a imaginar que el chavalín ese de 16 años, que era un golferas y que le llevé por el buen camino, iba a ser tan importante para mí y juntos íbamos a subir la montaña que más he soñado y amado en mi vida.

Es curiosísimo ver a la misma gente, aún de edades diferentes, compartiendo una parte importante de la vida…

?Es raro, porque yo ya soy mayor y cada uno ha tenido su camino, su trayectoria, su forma de ver la montaña, su forma de ver la amistad… Pero al final, cuando estamos aquí los dos sentados, después de haber vivido esta pequeña aventura, sientes todavía esa amistad, esa sensación de gente a la que quieres, con la que tienes un pasado y muchas cosas en común aunque cada uno tenga una vida diferente. Estas expediciones te hacen recordar que hay cosas que merece la pena vivir, que son muy bonitas.

«Cuando veía bajar a Carlos Suárez corriendo me daban ganas de llorar, porque pensaba: “así bajaba yo hace diez años”…

Con la edad… ¿notas algo al subir las montañas, comparándote con Carlos Suárez, con Darío Barrio…?

Lo noto mas al bajar, porque bajo cojeando…. Y esta vez al subir no hemos podido aclimatar bien porque ha hecho muy mal tiempo, y hemos hecho un intento sin prácticamente aclimatación. He llegado a la cumbre con principio de edema, agotado, detrás de Carlos, prácticamente escupiendo sangre, pero muy bien. Lo importante es subir, aunque no pueda subir tan fuerte o tan deprisa como ellos. Cuando veía bajar a Carlos Suárez corriendo por las pedreras, me daban ganas de llorar, porque pensaba “así bajaba yo hace diez años”… Pero es lo que hay, ni me preocupa ni me importa. Subo más despacio, afortunadamente me esperan. Bajo más despacio, aunque no me espere nadie y llegue el último al campo base, pero es lo que toca… Me siento bastante contento.


 

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