13 DE JULIO

Adiós a un amigo

Sher Ajman, porteador de altura del grupo de Vidal y Fraga, fallece en el K2 tras ser arrastrado por un alud. Sus amigos y compañeros le recuerdan en este escrito.

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Sher Ajman fallecía el pasado dia 13, arrastrado por un alud - Foto: Exp. Española K2 2002Sher Ajman fallecía el pasado dia 13, arrastrado por un alud – Foto: Exp. Española K2 2002

No hay fotos, ni puede haberlas de lo que pasó el día 13. Ni tampoco hemostenido ánimos hasta ahora para transcribir al papel lo que vivimos entonces,aún antes del alba. Una de las peores madrugadas de nuestras vidas. Sher Ajmanestá muerto. Sher Ajman, nuestro porteador de altura y compañero de riesgos enlos últimos 25 días. Sher Ajman, sobre todo, nuestro amigo. Un hombre bueno ynoble, incansable y muy entrenado. Por eso había sido seleccionado por elmiembro pakistaní de la expedición, Liver Khan. Con alegría por vivir, y congran ansia -así nos lo había confesado- de ser el primero de su región ensubir al K 2.

Por su aspecto, parecía un europeo del norte: le llamábamos a veces el»austriaco» o el «sueco». Por sus costumbres, un fervorosomusulmán de su tierra. Y además siempre dispuesto a ayudar; siempre preparadopara dar a los demás lo mejor de sí mismo. Pero ahora está muerto. Y esa, yno otra, así de sencilla y terrible, era la idea que ayer de madrugada veníauna y otra vez a las cabezas de quienes firmamos ésta crónica, mientras entresiete alpinistas transportábamos su cadáver glaciar abajo. Ahora lo hemosenterrado provisionalmente en el hielo del glaciar del CB hasta que unhelicóptero militar venga a rescatarlo.

El «austriaco»

Sher Ajman, apodado el "austriaco" por sus compañeros, debido a su aspecto europeo - Foto: Exp. Española K2 2002Sher Ajman, apodado el «austriaco» por sus compañeros, debido a su aspecto europeo – Foto: Exp. Española K2 2002

Ahora, intentamos asimilar lo sucedido. Recordar cuando llevábamos su cadáver por el glaciar, cómo veíamos, primero con sorpresa y luego con creciente gratitud, a otros alpinistas que se nos iban sumando, y se turnaban con nosotros para llevar a hombros a quien no sólo había sido nuestro amigo, sino también el de muchos de ellos.

Todos, sin excepción, recordabancon cariño al «austriaco». Todos estábamoshundidos, demolidos. Desconcertados. Más de diez personas lloraron ayer su muerte, empezando por nuestros cocineros Kashkar y Manan, que volverán a la civilización junto con el cuerpo de Sher Ajman cuando el buen tiempo (esperemos) permita el helicóptero rescatarlo. Intentamos ahora recordar lo sucedido el día 13.

A las tres de la madrugada se encontraban más de diez personas en lamontaña. Todos porteadores de altura pakistaníes y sherpas nepalíes. A laespera de que el tiempo mejorase, realizaban labores rutinarias deaprovisionamiento de los campos de altura inferiores. El 12 habían salido haciala vía normal los porteadores de la expedición japonesa. Y el 13, sobre lasdos de la madrugada, seis tiraron hacia el espolón sur-suroeste: dosporteadores de altura, dos sherpas de la expedición madrileña, y dosporteadores de altura de la nuestra, Sher Ajman y Jazin.

Más avalanchas

De nuevo una brutal alud ha barrido la vertiente sur del K2  - Foto: Exp. Española K2 2002De nuevo una brutal alud ha barrido la vertiente sur del K2 – Foto: Exp. Española K2 2002

Con el mismo paso lento pero eficaz de siempre empezaron a remontar, en tornoa las cuatro de la madrugada, el tramo más expuesto a avalanchas de toda lapared. De sobra conocemos nosotros: ocho veces hemos pasado por ahí, temiendolo peor al movernos en esos flancos helados. Siempre mirando hacia arriba;siempre ojo avizor a la avalancha que amenaza constantemente. El último díaque nos movimos por ahí, vimos y oímos desplomarse 2.000 metros sobre nuestrascabezas, un inmenso trozo de hielo, como media casa. Vimos la explosión delinicio del alud y corrimos a resguardarnos bajo unas rocas.

Pero nada fue aquello comparado a lo que se estaba preparando para un momentofatídico y desgraciado, en torno a las 4.30 de la madrugada de ayer. Escalabandespacio, puesto que no había prisa. No era el de ayer un ataque para abrirvía o instalar nuevas cuerdas en altitud, como los que los miembros españolesde la expedición habíamos realizado varios días antes. No se preveía, enprincipio, ninguna dificultad ni peligro excesivos.

Y, de pronto, se desencadenó el desastre. ¿Cómo describir aquello? SegúnCarlos Soria, uno de los pocos que desde el campo base pudieron verlo todo,aquello «no fue un alud, sino la destrucción». Empezó con dosestruendos, separados por muy poco tiempo. Casi todos en la zona alta del campobase nos despertamos sobresaltados. Poco hubo que esperar para que la nube delalud nos alcanzase. Nuestras tiendas quedaron cubiertas por una capa de nievepolvo, y fue tal la fuerza del cataclismo, que también llegó a tapizar lamontaña que se alza frente al K 2, el Broad Peak.

«Una bola de fuego»

Todos dirigimos entonces nuestras miradas hacia la pared: la linterna que sedistinguía a unos 5.400 metros nos hizo concebir esperanzas. Pero algunos delos que estábamos en la base vio, antes de que la nube de nieve nos alcanzase,cómo varias luces caían mezcladas en la avalancha desde 5.400 metros. ¿Algunode los porteadores?.

No. Era algo distinto. Difícil de describir. Los supervivientes hablan dechispas, fogonazos. Quién sabe si de piedras chocando entre sí, si deelectricidad estática que envolvía en la oscuridad la nube arrasadora. Ensegundos lo tuvieron encima. Para Lapka, uno de los sherpas de la expediciónmadrileña que se encontraba allí, era una «bola de fuego».

Los seis alpinistas que se encontraban en su trayectoria iniciaron unacarrera para protegerse bajo unas piedras. Dos de ellos, en el límite: Lapka,nueve cimas en el Everest, logró asirse en el último segundo a una piedraantes de que le alcanzase la acometida. Quizá Sher Ajman también lo logró.Quizá nuestro amigo también pudo aguantar el alud.

Un amigo

Cuando apareció su cuerpo, cuatrocientos metros más abajo, su casco estabapartido. Quizá le alcanzó una piedra y lo derribó. O un trozo de hielo. Unahora después, aún de noche, mientras nos acercábamos jadeando a la pared,vimos trozos de hielo desperdigados aquí y allá. Mudos restos de lacatástrofe. Quizá fue una piedra lo que le derribó. Quizás un fragmento dehielo. Sin duda más grande que el que diez días antes impactó en la cara deuno de nosotros cuando escalaba a sólo dos metros de Sher Ajman. Aquellamadrugada nuestro amigo se apresuró al instante a sostener al herido, aturdidolos primeros segundos por el golpe. Sher Ajman: un amigo que tantas veces sehabía volcado por nosotros.

Un amigo que ahora está muerto. Nada se puede hacer por él. Si un conceptopuede resumir lo que por él sentimos, es gratitud, y también, tristeza.Sentimos el vacío de su pérdida. Ahora empieza a anochecer. Su cuerpo sigue enel glaciar. Su espíritu, en las montañas y también con nosotros. Intentamosreponernos del golpe.

Miguel A. Vidal y Luis Fraga.


 
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