MACIZO DEL TSARANORO

Urko Zabala repite ‘Mora Mora’ (700 m, 8b+/c) en Madagascar

El escalador vasco encadena la exigente vía del Tsaranoro junto a Abel Armendariz tras nueve intensos días de trabajo repartidos entre porteos, vivacs en pared y un ataque final de cuatro jornadas.

Urko Zabala y Abel Armendariz en 'Mora Mora' en el Tsaranoro (Foto: A.Armendariz/U.Zabala).
Urko Zabala y Abel Armendariz en ‘Mora Mora’ en el Tsaranoro (Foto: A.Armendariz/U.Zabala).
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El macizo de Tsaranoro, en Madagascar, ha vuelto a ser escenario de una ascensión de primer nivel. Urko Zabala, acompañado por Abel Armendariz, ha conseguido repetir Mora Mora (700 m, 8b+/c), una de las vías de varios largos más difíciles del planeta. El encadenamiento llegó tras una expedición de casi dos semanas en la que ambos escaladores combinaron trabajo de la vía, vivacs suspendidos y un ataque final de cuatro días sobre la pared.

Abierta por Toti Valés y Francisco Blanco en 1999, Mora Mora es una de las referencias del lugar, junto a su vecina Tough enough. Fue liberada posteriormente por Adam Ondra en 2010 y también Edu Marín y Sasha DiGiulian la repitieron en 2017. Sus catorce largos recorren una de las paredes más compactas del Tsaranoro y concentran las mayores dificultades en el sexto largo (8a) y, sobre todo, en el séptimo, una intensa sección de 8b+/c sobre granito extremadamente abrasivo.

Urko Zabala y Abel Armendariz en 'Mora Mora' en el Tsaranoro (Foto: A.Armendariz/U.Zabala).
Urko Zabala y Abel Armendariz en ‘Mora Mora’ en el Tsaranoro (Foto: A.Armendariz/U.Zabala).

Nueve días para preparar el ataque

La estrategia de Urko Zabala y Abel Armendariz estuvo marcada por la paciencia. El primer día alcanzaron el largo clave tras encadenar a vista los cinco primeros largos. El L6 (8a) estuvo a punto de caer también en el primer intento, aunque la rotura de un pie impidió a Urko completar el encadenamiento. Todavía tuvieron tiempo de montar el séptimo largo y comprobar que el proyecto era viable.

Al día siguiente instalaron una hamaca bajo el largo clave, desde donde continuarían trabajando la vía. Urko Zabala logró resolver todos los movimientos del 8b+/c, mientras Abel Armendariz comenzaba a familiarizarse con una secuencia tan física como extremadamente agresiva para la piel.

Tras una jornada de descanso regresaron durante dos días más a la pared para continuar ensayando el largo duro. Allí comprobaron cuál sería probablemente el mayor enemigo de toda la expedición: el granito del Tsaranoro. “Las secciones difíciles consisten prácticamente en agarrar garbanzos de granito”, explica Abel Armendariz. La abrasión fue tal que ambos sufrieron varias heridas en la piel, obligándoles a escalar en algunos momentos con esparadrapo y adhesivos para proteger las yemas.

Urko Zabala y Abel Armendariz en 'Mora Mora' en el Tsaranoro (Foto: A.Armendariz/U.Zabala).
Urko Zabala y Abel Armendariz en ‘Mora Mora’ en el Tsaranoro (Foto: A.Armendariz/U.Zabala).

Cuatro días viviendo en la pared

Con la vía preparada y suficiente agua y material almacenados en la hamaca, la cordada inició el ataque definitivo.

La primera jornada resultó casi perfecta. Ambos encadenaron de nuevo los seis primeros largos al primer intento y Urko Zabala consiguió resolver el largo de 8b+/c en su primer pegue del día. “Las condiciones eran brutales”, recuerda Abel Armendariz, que asistió desde la reunión al encadenamiento de su compañero.

El segundo día quedó reservado al intento de Abel Armendariz sobre el largo clave. Mientras Urko descansaba asegurando desde la reunión, Abel realizó tres intentos y estuvo muy cerca del éxito. En uno de ellos cayó pocos movimientos después de superar la sección más dura, en un paso aislado que terminó frustrando el encadenamiento.

La tercera jornada todavía ofrecía incógnitas importantes. Por encima del largo clave quedaban varias tiradas que ninguno de los dos había escalado antes. Aun así decidieron continuar.

El momento decisivo llegó en un impresionante diedro de 60 metros y 8a, que Urko Zabala resolvió completamente a vista tras cerca de una hora de escalada. “Una caída ahí habría sido muy dura psicológicamente”, explica Abel Armendariz. Poco después alcanzaban la cima del Tsaranoro hacia las dos de la tarde, completando el encadenamiento íntegro de la vía por parte de Urko.

La última noche transcurrió de nuevo en la hamaca. Antes de desmontar el material, Abel Armendariz aún realizó un par de intentos más al largo de 8b+/c, pero la falta de piel y el desgaste acumulado durante los días anteriores terminaron por hacer imposible el encadenamiento.

Urko Zabala y Abel Armendariz en 'Mora Mora' en el Tsaranoro (Foto: A.Armendariz/U.Zabala).
Urko Zabala y Abel Armendariz en ‘Mora Mora’ en el Tsaranoro (Foto: A.Armendariz/U.Zabala).

Mucho más que una vía

Ambos escaladores coinciden en considerar acertada la cotación de 8b+/c propuesta por Adam Ondra tras su repetición de la vía. No obstante, la expedición les deparó una sorpresa inesperada. Al llegar, encontraron Mora Mora completamente reequipada y con abundantes marcas de magnesio en los largos. “Es muy probable que exista un encadenamiento anterior del que no se tenga constancia”, apunta Abel Armendariz.

Más allá del éxito deportivo, ambos destacan la experiencia compartida durante los cuatro días de ataque. Dormir suspendidos en la pared, gestionar el agua y el material, convivir durante jornadas enteras colgados del granito y contemplar amaneceres y atardeceres desde la hamaca terminaron convirtiéndose en el verdadero valor de la expedición.

“Ha sido mucho más que una vía”, resumía Urko Zabala tras regresar al Camp Catta, donde les esperaban Mikel Lana, Lur Irazusta y los amigos que celebraron el encadenamiento. “Esfuerzo, paciencia, convivencia y momentos inolvidables. Al final, son esas experiencias las que permanecen”.

Urko Zabala y Abel Armendariz en 'Mora Mora' en el Tsaranoro (Foto: A.Armendariz/U.Zabala).
Urko Zabala y Abel Armendariz en ‘Mora Mora’ en el Tsaranoro (Foto: A.Armendariz/U.Zabala).

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