Sasha DiGiulian y Mariana Ordóñez ‘Mango’ han vuelto a hacer cordada para enfrentarse a una gran pared en libre. Año y medio después de su éxito en Sendero luminoso de Potrero Chico, se han citado en Madagascar para una aventura en mayúsculas que también ha terminado en final feliz. Han firmado la primera femenina en libre de Bravo les filles (600 m, 8b) en el macizo del Tsaranoro.
Precisamente, el destino ya era conocido para Sasha DiGiulian quien escaló allí en 2017 haciendo cordada con Edu Marín. En aquel entonces repitieron la Mora Mora (700 m, 8c) de Toti Valés y Francisco Blanco.
Una vía histórica
“Fue toda una aventura”, confirma Sasha DiGiulian, quien apunta que estuvo “llena de tramos expuestos y emocionantes hasta el final”. La línea tuvo un bonito origen, que forma parte de la historia de la escalada en pared. Se remonta a 1999, cuando Lynn Hill lideró un grupo exclusivamente femenino con Beth Rodden, Nancy Feagin y Kath Pike para sellar la apertura. El nombre de Bravo les filles viene de esa actuación íntegramente femenina.
Lynn Hill dejó el largo clave (de 8b) por liberar. En 2004, los hermanos Pou completaron el trabajo. Iker Pou firmó la liberación después de tres días en la pared y tras enfrentarse a un compromiso incluso mayor del que habían esperado. Desde entonces, Bravo les filles ha registrado unas pocas repeticiones, como la de Ondra Benés y Harald Berger a finales de 2006.
Dos días de ascenso y uno de descenso
Las dos escaladoras necesitaron tres días para escalar la vía y regresar sanas y salvas al suelo. “El primer día escalamos las tiradas 1 a 9; yo lideré primero y luego Mango. Fuimos alternando los largos hasta llegar al primer largo de 5.12+, en el que Mango se cayó en el último movimiento, así que bajó, recuperamos la cuerda y yo lo escalé en libre”, explica Sasha DiGiulian.
“Después vino el largo clave de 5.13d; lo encadené al primer intento, lo que me pareció muchísima suerte. También escalé en libre el siguiente largo de 5.12 y luego bajamos hasta nuestra portaledge en la base del largo de 5.13d, dormimos allí y al día siguiente nos quedaban los últimos 600 pies para intentar escalar el resto a vista”, prosigue su narración la escaladora estadounidense.
En la segunda jornada de ascensión, Sasha DiGiulian se mantuvo al frente de la cordada: “Yo lideré esos largos —cada uno más expuesto que el anterior—, con matorrales por todas partes, de los que iba limpiando zonas para colocar seguros. Cuando llegamos a la cima no encontré una reunión, así que monté una yo misma y aseguré a Mango desde allí”.
En la cumbre, celebraron “todo el esfuerzo que nos había llevado hasta ese punto” y aprovecharon las últimas luces para rapelar hasta su hamaca y pasar allí la última noche en la pared. “¡Eufóricas, orgullosas y agradecidas de haber vivido una experiencia tan memorable en una vía legendaria con una amiga increíble!”, concluye.










