ENTREVISTA

José Luis Palao ‘Primo’: «Se escala más fuerte que nunca, pero también hay mucha menos cultura de escalada»

La «excusa» para hacerle una entrevista a José Luis Palao ‘Primo’ es que recientemente ha encadenado un 9a, pero no es más que eso, una excusa cualquiera, porque hablar con él siempre es un lujo y, como él mismo deja claro en las respuestas, su escalada no va de números. Nos trae mensajes que son mucho más relevantes.

José Luis Palao 'Primo'. Foto de su colección
José Luis Palao ‘Primo’. Foto de su colección
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En las más de tres décadas que el eldense José Luis Palao ‘Primo’ (41 años) lleva subiéndose por las rocas, este deporte ha visto una transformación radical y él no ha sido ajeno a los cambios. De centrarse en la competición y la alta dificultad (hemos perdido la cuenta de la cantidad de novenos que ha escalado, de muy distintos estilos, desde que hizo el conquense El Intento en 2012) en los últimos años se ha dedicado más a la escalada tradicional, con propuestas muy interesantes como su non-stop a la Peña del Águila, en Galayos, el año pasado.

Es precisamente en esta evolución y crecimiento personal donde sigue encontrando la motivación para seguir escalando, y sin bajar el listón. Pero mejor le dejamos que nos lo cuente él mismo, pues sus reflexiones –muy críticas con los valores actuales de la escalada deportiva– merecen un altavoz:

En los últimos años te has mostrado crítico con el rumbo que está tomando la escalada, en especial en el valor excesivo que le damos “cuánto” (grado) frente al “cómo”… ¿En qué aspectos crees que hemos retrocedido y en cuáles hemos avanzado en los años que llevas escalando?

Llevo 32 años escalando y, si hablamos de escalada deportiva, sinceramente creo que hemos avanzado bien poco.

Sí, hay más gente, más nivel y se escala más fuerte que nunca. Pero también hay mucha menos cultura de escalada. Se le da un valor desproporcionado al número, al grado y se ha dejado de lado casi todo lo demás.

A mí me llama la atención que hoy esté peor visto escalar con rodilleras que aceptar tallados o modificaciones en la roca. Ahí es donde, para mí, se ve claramente que algo no estamos haciendo bien. En otras modalidades sí veo evolución, pero en la deportiva hemos perdido perspectiva.

Nadie habla del “cómo”. Todo se resume en un proceso de “me caigo, me caigo, me caigo… y encadeno”. Pero no se habla de cómo se equipan esas vías, de cómo se transforman, o de hasta qué punto se adaptan al gusto de ciertos escaladores, muchas veces del más alto nivel. Y eso deja bastante misterio detrás de muchas de las vías más duras del mundo.

Y en esto, sinceramente, la responsabilidad es de todos. De los deportistas, cuando solo alimentamos el ego; de los medios, cuando solo dan espacio a ese tipo de discurso; y también de quienes consumen únicamente ese contenido. Al final, entre todos estamos construyendo esa visión reducida de la escalada.

No digo que no tenga mérito hacer esas dificultades, lo tiene, y mucho. Pero no a costa de dejar de mirar hacia el futuro. Porque en ese sentido, para mí, estamos retrocediendo.

Me gustaría escuchar más a gente diciendo: “He hecho algunas de las vías más duras del mundo, pero creo que este no es el camino”. Porque seguramente habrá que seguir buscando otros caminos.

Al final, el gran avance que sí veo es que hoy vive mucha más gente alrededor de la escalada. Pero la pregunta es: ¿hacia dónde queremos que vaya todo esto?

A nivel personal, ¿cuál es el principal combustible de tu motivación para seguir escalando, y además a un nivel alto?

No te voy a engañar, en los últimos años me ha costado muchísimo seguir en este mundillo.

Ha habido momentos en los que he perdido bastante la motivación, sobre todo dentro de la escalada deportiva. Pero descubrir otras facetas de la escalada me ha ayudado a cambiar la mirada, a recuperar la ilusión, a tener nuevos proyectos y a seguir avanzando en otras disciplinas.

Ahora mismo, la deportiva me aporta bastante menos que antes, aunque sigue teniendo su papel, porque me ayuda a ser mejor en otros terrenos. Pero ya no es el centro.

También está la realidad: los años pasan, las lesiones aparecen, y todo cuesta más. Eso es innegable. Pero en lugar de verlo como un límite, intento adaptarme, reinventarme y encontrar nuevas formas de disfrutar. Al final, mi motivación ahora tiene más que ver con esa capacidad de evolucionar y de seguir encontrando sentido a lo que hago, que con rendir como antes o cumplir ciertos números.

De ser un escalador puramente deportivo has pasado a profundizar en la escalada de autoprotección y de pared, buscando la polivalencia ¿qué te llevó a ese cambio y qué te ha aportado?

Llegó un momento en el que la escalada deportiva dejó de llenarme como antes. Sentía que me estaba moviendo en un terreno demasiado limitado.

El cambio no fue algo forzado, fue más bien una necesidad. Empecé a mirar hacia otras formas de escalar que me devolvieran esa sensación de aventura, de incertidumbre y de compromiso que había ido perdiendo. La escalada de autoprotección y de pared me ha aportado precisamente eso.

También me ha obligado a ser mucho más completo como escalador. A leer la roca de otra manera, a adaptarme, a aceptar que no siempre se trata de encadenar.

Y, sobre todo, me ha devuelto una motivación mucho más profunda. Menos inmediata, pero más real. Me ha hecho reconectar con una forma de entender la escalada que para mí tiene más sentido y más recorrido a largo plazo.

La faceta de equipador siempre ha estado muy presente en tu desarrollo, ¿sigue siendo algo importante para ti? ¿Cómo son las líneas que buscas para equipar?

Actualmente la verdad es que lo he dejado un poco de lado. Ya no me interesa llenar la pared de hierro por hacerlo. Sin embargo, si encuentro alguna línea realmente especial —lo que llaman “king lines”, que son imposibles de proteger puedo meter chapas pero esto requiere mucho tiempo , búsqueda y suerte — ahí sí me motiva equipar.

Ahora me interesa más recuperar líneas o antiguos artificiales que no estén demasiado deteriorados por el paso del tiempo y por el paso de los escaladores. Busco que esas vías sigan teniendo sentido, que sean un reto auténtico y que mantengan su identidad.

Para mí, equipar sigue siendo sobre descubrir y respetar la roca, no imponer algo que no estaba ahí.

José Luis Palao 'Primo' escalando en Solana
José Luis Palao ‘Primo’ escalando en Solana

Es probable que en el futuro exista la figura profesional del equipador de zonas de escalada… ¿Crees que sería algo positivo o es preferible que siga siendo una labor altruista y personal?

Creo que depende de cómo se enfoque. Una figura profesional podría aportar control, seguridad y mantenimiento a muchas zonas, y eso es positivo. Pero también tiene riesgos: si se convierte en un trabajo meramente comercial, centrado en el número de vías o en el rendimiento, puede perderse el sentido más auténtico de equipar.

Equipar no es solo un trabajo, es responsabilidad, respeto y, sobre todo, sentido común; profesionalizarlo está bien, siempre que no se pierda su esencia. Y en estos tiempos, con tan pocos que lo hacen con esa filosofía, casi que lo preferiría prohibirlo: ¡menos es más!

Según tu experiencia, ¿te parece que los jóvenes están implicados también en aportar y dejar vías nuevas?

Depende mucho del entorno y del tipo de escalada. Veo a algunos jóvenes muy implicados, que buscan aprender, respetar la roca y aportar algo con sentido. Pero, sinceramente, cada vez hay más que solo se centran en escalar, en publicar su encadenamiento y poco más .

Luego están los menos mediáticos, pero no menos fuertes, como Jonatan Flor o Álex Garriga, entre otros, que buscan su camino de otra manera. Solo puedo decirles gracias y chapeau; tienen toda mi admiración como escaladores y equipadores.

Creo que parte de la responsabilidad también es de quienes llevamos más años: enseñar, transmitir la ética y la cultura de la escalada. Si eso falla, es difícil que los jóvenes se involucren en equipar de manera consciente.

Al final, todavía hay gente con pasión y visión, y eso hace que cada vía equipada con respecto y sentido común , sea cada vez más valiosa.

Por mucho que el grado «solo» mida la dificultad, imagino que te ha hecho ilusión volver a encadenar un 9a, ¿no? ¿Qué es en concreto lo que te ha dado más satisfacción de tus dos últimos encadenes: Ceguera permanente (8c+/9a) y Pezcuecito go home (9a) en Montanejos? ¿Han sido primeras ascensiones?

No te voy a engañar, me ha hecho mucha ilusión. Después de varios meses remando a contracorriente, y empezando el año con problemas para hacer 8a —un slap en el hombro y dos hernias discales—, esto ha sido más de lo que esperaba. Así que estoy más que contento.

No son primeras ascensiones, como siempre de Jonatan y Álex, son los que nunca fallan. Y lo que más satisfacción me ha dado no es solo seguir igual de terco como siempre, sino también poder compartirlo con Fátima, que siempre está ahí conmigo y me ayudado mucho estos meses.

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