EXPLORANDO

Dos nuevas vías belgas en el tepuy Amuri, 20 caídas después

En el tepuy Amuri, el equipo belga abrió dos nuevas vías de 500 metros cada una siguiendo su línea: escalada libre y evitar en lo posible expansiones, clavos, reuniones equipadas… Y aun a costa de 20 caídas, incluida una de 40 metros.

Sean sin miedo Villanueva consigue liberar el L2 de Apichavai en el tepuy Amuri después de su caída de 40 metros.  (Nico Favresse)
Sean sin miedo Villanueva consigue liberar el L2 de Apichavai después de su caída de 40 metros.
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Sean Villanueva, Stephane Hanssen, Jean-Louis Wertz y Nico Favresse pasaron 38 días en la selva venezolana. Un nuevo escenario para «los belgas», con un equipo algo reformado, después de sus actividades punteras en Baffin, Baltoro o Patagonia pero el mismo objetivo: escalada libre. «Una aventura muy buena, muy diferente a las expediciones anteriores. El tiempo, la roca, la selva, los indígenas, los animales y la increíble pared de la cascada Tuyuren nos depararon momentos muy intensos. Conseguimos abrir dos vías de escalada libre, una la la izquierda, María Rosa (7b [12b], 500 m) y otra a la derecha: Apichavai (8a+ [13c] 500 m). Nico Favresse relata los detalles de su expedición al tepuy Amuri.

«Cuando salimos de la selva directamente a la base de esta pared, la vimos tan desplomada que casi era como si se nos cayera encima. No teníamos claro que fuera posible escalarla en libre y menos en el estilo en el que queríamos hacerlo. Desde el suelo apenas podíamos ver alguna línea, muy pocas fisuras y sí mucha verticalidad. Nuestros amigos Mason Earle (EEUU), George Ullrich (Reino Unido), Siebe Vanhee (BE), Sam Farnsworth (Reino Unido) habían llegado 10 días antes que nosotros, y ya estaban colgados bastante altos en la línea más clara por el centro de la pared. Tenía gracia esta coincidencia: ambos grupos somos buenos amigos y ambos elegimos el mismo objetivo sin saber que el otro tenía el mismo plan».

María rosa 7b, 500 m, sin expansiones, ni clavos, ni reuniones rapelables

La parte derecha de la pared nos parecía muy probablemente imposible. Por el medio la otra cordada había cogido la línea principal ¡que también parecía imposible! Así que decidimos intentar primero una ruta a la izquierda donde habíamos detectado una línea atractiva. En cuando abrimos los primeros largos nos dimos cuenta de que aquí la escalada es completamente diferente a los bigwalls a los que estamos acostumbrados. Es vertical, con bastante canto pero la mayoría horizontales lo que hace muy difícil adivinar cómo será el siguiente. Hacer travesía era normalmente lo más fácil y la solución más tentadora frente a tirar recto hacia lo desconocido.

La escalada era de aventura pero la roca tiene tanto canto que, aunque sostenida, resultó más fácil de lo que esperábamos. En sólo cuatro días estábamos muy arriba bajo un techo donde encontramos una fisura perfecta de 10 metros sobre 400 de aire. Estábamos supermotivados pero por desgracia, para entrar a la fisura, había un movimiento de búlder que nos rechazó y no pudimos liberar. Como la fisura del techo era tan bonita e increíble seguimos trabajándola un par de días sólo por divertirnos. Entonces, cuando ya estábamos listos para salir a cima, nos dividimos en dos cordadas. Una evitó el techo y lo rodeó buscando una salida en libre y el otro remató la línea original y más lógica.

Izamos el material a la cima y pasamos un día entero en la cumbre el tepuy disfrutando la belleza de este lugar mágico. El siguiente día bajamos por la izquierda de la pared, por la ruta venezolana Wacupero Amuri, lo que nos permitó no dejar nada en nuestra vía. La llamamos María rosa por las galletas María de allí, que nos sorprendieron con su relleno de fresa.

La ruta tiene, pues, dos salidas. Una en libre evitando el techo con tres largos muy largos atravesando a la izquierda y después sube a la cima, y la otra que sale directamente por el techo con unos pocos movimientos en articial, C1 (C, de clean, es artificial limpio: sin maza).

Apichavai 8a+ 500 m y 5 expansiones

Cuando bajamos de María rosa, hicimos un rápido descenso a Yunek para comprar comida. Allí nos encontramos con el otro equipo que volvía a casa. Les habíamos estado viendo constantemente pero no podíamos comunicarnos debido al ruido de la cascada. Nos motivaron para intentar liberar su línea, Kids with guns, en el centro de la pared.

Con esa idea volvimos al Amuri, pero una vez allí la aventura nos llamó a explorar otra nueva vía, esta vez por la más probablemente imposible lína de la derecha. Sólo los dos primeros largos parecían más o menos obvios y no tan verticales como el resto, que era  como un mar desplomado de cuarcita.

Inmediatamente nos encontramos largos duros, vegetación, protecciones delicadas, bloques sueltos… En un intento de resolver en punto rojo el L2, Sean Villanueva cayó 40 metros al saltar cinco piezas, tres de las cuales parecían perfectas salvo por un poco de suciedad. Afortunadamente el suelo aún le quedó 20 metros por debajo y la pared está tan desplomada que sólo había aire contra lo que chocar. Fue peor para Jean-Louis quien se quemó muy seriamente ambas manos. En el momento no estábamos seguros sobre si no sería mejor que volviera a casa para evitar que se infectaran las heridas, pero después de cuatro días comenzó a encontrarse mejor y decidió seguir con nosotros aunque no pudiera escalar.

Hubo más caídas. Unas 20 sumamos entre todos. En los largos 4, 6 y 7 la vía va por la parte más desplomada de la pared. Esos fueron los largos más duros para liberar, con dificultades de hasta 8a+. De sus 15 largos, sólo pudimos escalar a vista cuatro. El resto fueron duros y precisaron algo de limpieza y artificial para explorarlos y estudiar las protecciones para forzar en libre.

Lo más alucinante es que encontramos un camino para escalar en libre esta pared. Muchas secciones fueron posibles sólo por un único agarre. Durante cada uno de los últimos cuatro días pensábamos que salíamos, pero cada día nos encontramos con tramos que no esperábamos y que había que trabajar, limpiar y liberar. Parecía como si nunca fuéramos a conseguir salir de esta pared. Y esto fue así hasta el último momento, de verdad no sabíamos si lo habíamos conseguido. Nunca nos había pasado algo igual. Pero el denso follaje de la cima estaba allí ¡y allí estábamos nosotros, en nuestra segunda cima del Amuri!

Colocamos un total de tres expasiones en largos, y dos más para reforzar reuniones en toda la ruta. La vía nos llevó 14 días, cuatro de los cuales estuvimos en el suelo esperando que las heridas en las manos de Jean-Louis se cerraran. La dificultad es muy sostenida con ocho largos de 7b para arriba.

Apichavai es el nombre de un guerrero que vivió en Yunek y finalmente consiguió matar a Tri Tri, un pájaro gigante que cazaba hombres y se los subía a su cueva de los tepuys para comérselos.

Nos gustaría dar las gracias a todos los que nos ayudaron a cumplir este sueño: El Club Alpino Belga, Patagonia, Julbo, Five Ten, Black Diamond, Seeonee, Sterling ropes, Beal, Belclimb.be, Petzl, Careplus, Katadyn, Nordisk, Boreal, Crux, AVS aviation. También a John Arran, quien descubrió la pared y nos motivó a ir, Oliver de Trekken Tepuy que nos ayudó con la logística, nuestro piloto Marcos García y los amables habitantes de Yunek que nos ayudaron a portear el material por la selva.

 

 


 

 

 

 

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