Casi ninguna imagen es ya sorprendente. Como si de porno medioambiental se tratara, tenemos referencias de casi todo, reservando ese casi a remotos terrenos de aventura que unos pocos alpinistas de vanguardia y exploradores de lo ignoto, siguen tanteando discretamente. El suyo es un reducto romántico, comprometido en ese sentido, y opuesto a la mentalidad dominante de priorizar lo que se exhibe sobre lo que se consigue. Los esnobistas de los que hablaba Bernaldo de Quirós en La Pedriza del Real de Manzanares (1921) han dejado de ser una minoría señalada por veteranos resabiados, y ese perfil de principios del siglo veinte encaja bastante bien con el actual turista de montaña, siendo más bien las viejas sensibilidades las que no se han sabido adaptar.
Si Sartre decía que el infierno son los otros, tienen que serlo mucho más en el entorno de las montañas icónicas, donde lo que se pretende, entre otras cosas, es huir de los aspectos más alienantes de la civilización. El de la masificación de los parques no es para nada un fenómeno nuevo, pero el efecto llamada producido por la instagramización de las actividades, las convocatorias masivas vía Whatsapp y las redes en general, ha llevado las cosas a un nuevo y preocupante nivel con servicios de rescate desbordados, la aplicación de medidas reguladoras cada vez más drásticas por parte de las instituciones, e incluso sabotajes llevados a cabo por grupúsculos rebeldes de corte ecologista, como hemos visto no hace tanto en el caso Cotatuero, y en sucesos menos mediáticos que —de tanto en tanto— corren por los mentideros.
En un artículo reciente en El País, Óscar Gogorza comenta lo insólito —y trágico— de las ochenta y tres muertes de Los Alpes entre el 21 de junio y el 23 de julio de este año. Por una parte, Gogorza señala que, en la mayoría de los casos, se trata de prácticas poco técnicas, desarrolladas por deportistas no federados y casi siempre atenazados por el sesgo de escasez; es decir, dispuestos a anteponer sus objetivos a posibles circunstancias adversas, objetivas o subjetivas, en la convicción de que se pierde una gran oportunidad si no se consigue lo que se ha ido a buscar. Tampoco es algo nuevo, solo que el leitmotiv ahora es la hiperexposición de la actividad: conseguir esa toma de cumbre a la que endosarle una frase motivacional, o esa sesión de fotos casi eróticas con las que conseguir un mejor posicionamiento virtual. En otras palabras, banalización y masificación son fenómenos entrelazados.
Vayamos con otra noticia que, hasta no hace mucho, se hubiera considerado del todo inverosímil. En el mirador del Odle, en Dolomitas, se ha instalado un torno con el que aplacar el empuje de las hasta ocho mil visitas diarias que recibe en el clímax de la temporada estival. No está claro qué va a ser de este artilugio más propio de una boca de metro ni de los cinco euros que se recaudan por cada uno de sus giros, pero sí se sabe que el origen de todo el asunto es un fondo de pantalla empleado por Apple en sus dispositivos. Se revela un mismo denominador común: imágenes distribuidas de manera masiva y telemática envían a miles de usuarios a los spots más codiciados, más allá de los clubes y asociaciones, de la tradición montañera, e incluso de un interés genuino por los lugares propiamente dichos.
No podemos terminar sin aludir al reciente escándalo del Anayet (donde se han puesto más de 80 denuncias en un fin de semana por acampar ilegalmente en los ibones), del que se han hecho eco medios generalistas, y que no es sino el epítome de una problemática que se replica en otros parajes populares del Pirineo. Baños, acampada descontrolada y drones con los que montar vídeos idílicos que subir a los muros.
Lo inquietante de la cuestión es el círculo de retroalimentación que se genera, puesto que los contenidos funcionan como reclamo de otros productores, algunos de ellos con gran alcance difusivo, como es el caso de algunos influencers del turismo de aire libre a los que —sin miedo a equivocarnos— podríamos situar en el lado opuesto de un montañismo mínimamente conservacionista. En resumen, son tiempos extraños en el monte y Sartre, probablemente, tuvo toda la razón.









Las opiniones sobre estos temas suelen ser muy superficiales, porque no acceden al origen, no tienen radicalidad. El ser humano siempre ha sido un animal devorador de su entorno; el afán de dominio y conquista fue su sello. La actitud contemplativa sólo se mantuvo como un deseo piadoso de algunas religiones, de anacoretas desengañados del mundo y sus vanidades; el resto siempre deseó imitar a dios o inluso quitarle el cetro.
Con el humanismo, la ciencia y el nuevo capitalismo el ser en el mundo se transformó radicalmente. Hoy en día nuestro sistema capitalista ha promovido la idea de una felicidad inmediata. El malestar de los individuos, absortos en un trabajo y relaciones sociales alienantes, ha sido el caldo de cultivo ideal para estimular la vuelta a la naturaleza, cuyo camino pasa por el consumo y la masificación. Nuestro sistema ha ideado el lucrativo negocio de la montaña como parque temático. ¿No se ha convertido el propio alpinismo en un circo? ¿La propia naturaleza en un estadio deportivo?
Ahora bien, tampoco hay que rasgarse las vestiduras. En el fondo todos participamos de la nueva situación. Nosotros, los occidentales, los de países desarrollados, estamos ante un dilema. Tenemos que elegir entre una sociedad banal, nihilista y consumista; o una sociedad fundamentalista, cerrada, regida por religiones autoritarias. Personalmente, entre el nihilismo y el fundamentalismo, me quedo con el primero.
No hay nada q hacer internet, redes sociales,lo muestran todo ,del rincon mas oculto pero precioso hasta lo mas tipico . Y hay que moverse,contarlo ,mostrarlo para sentirse bien.Hoy estoy en esta cala ,mañana en el pico de 3000 metros por un sendero que te lo cuento. Te explico todo de como hacer un vivac en las cimas ,a gente que apenas conoce la montaña.Por que soy muy guay. No hay nada q hacer. Solo el litro de gasolina a 10 euros aliviaria un poco los espacios naturales .
A nosotros, montañeros, nos duele y nos preocupa especialmente la montaña. Pero no es solo la montaña la que sufre esta idiotización masiva de la sociedad.
En lo que atañe a entornos naturales no queda más remedio que regular. Es que no hay otra opción. No se puede combatir de otra manera. Le demos las vueltas que le demos.
Respecto al mirador del Odle, una puntualización. No es que Apple haya creado y distribuido ningún fondo de pantalla. Simplemente mostró una foto como ejemplo de la capacidad de sus cámaras, en la presentación del último modelo de iPhone. Sin más. Como tantas veces lo ha hecho con cualquier otro paisaje o calle anónima. La locura colectiva hizo el resto.
Sin esas dos cosas no hay más que contar. Yo me he atrevido a comentar porque precisamente he estado en los Dolomitas hace dos semanas. Iba con la sensación de que iba a ser caótico. Me he llevado una grata sorpresa, quizás gracias al haber organizado mis rutas con lo suficiente para escapar a esas situaciones. Y por supuesto que he dejado en el tintero lugares que sé que iban a estar masificados, como Seceda o Braies. Pero también estuve en Sorapis y a la vuelta era incluso hasta peligroso de gente que había pasando por estrechos senderos con pasos bastante expuestos, niños, personas mayores… Gente preguntando a los dos kms de empezar si quedaba mucho… Yo me echo las manos a la cabeza.
Sabemos que rrss y ciertas marcas de deporte han hecho accesible la montaña a muchos. A veces siento invadido el espacio o mi tranquilidad, pero seguro que también yo seré un invasor para quien lleve frecuentando la montaña 30 años. Hay puristas en todas las disciplinas. Tampoco es la mejor postura. Aunque, quitar las clavijas de cotatuero habría que repensarlo. A mí, a día de hoy no me parece descabellado. Creo que lo que más influye en la situación que comentamos son las rrss y los mass media, haciendo publicidad como si de un perfume se tratara. Luego las administraciones hacen lo que pueden o lo que quieren. Poco más
La única solución es algo tan simple y al alcance de todos, pero que hoy hasta parece de mal gusto: RESPETO.
Ahora llámenme facha o retrógrado pero la vida es mucho más cómoda con un mínimo de EDUCACION.
Por cierto, el negocio de correr por las montañas …
Su texto es un fiel reflejo de la situación con una aguda crítica de trasfondo. Como aficionado a la montaña en varios de sus ámbitos he de decir que a veces resulta difícil establecer una valoración del asunto sin que haya un conflicto interno. Juzgar la situación desde la posición de un turista más o desde la de un montañero amateur que ama su hobbie. Yo, que me considero respetuoso con el medio, que huyo de la masificación, que busca alternativas o el esfuerzo extra para burlarlas, que frecuenta y lee publicaciones… Pero que también visita lugares como el resto ¿qué soy? Yo, que no busco la foto erótica pero que no puedo resistir llevarme una imagen para el recuerdo, yo que madrugo para no rivalizar con la bulla pero que ocupo un lugar más, yo que estoy en silencio pero invado el espacio para la fauna y la flora… El dilema me hace pensar a veces en dejar de ir a ciertos sitios. Pensar que la naturaleza es para aquel que la tiene al lado o vive junto a ella. Que tengo que conformarme con mi alrededor y no ir a buscar otras sensaciones. Yo que quiero pasar inadvertido pero que finalmente pululo por las calles de pueblos pequeños, acudo a sus bares y monto en sus teleféricos. ¿Cual es la diferencia entre unos y otros?
Una pena que la montaña atraiga masificación descontrolada. Totalmente de acuerdo con tu artículo.
Totalmente de acuerdo con el artículo. Lo que quiero añadir como potenciadores de este turismo descontrolado sin principios, son las noticias que me llegan al teléfono, habitualmente, desde diferentes medios como el Heraldo de Aragón. Noticias como las fantásticas piscinas naturales que hay que visitar en Boltaña, lagos montañas a tiro de piedra… Cada vez que lo veo me horrorizo. Y luego otras noticias sobre medidas que se han tomado para evitar el aluvión de visitantes…. A qué están jugando? Son noticias creadas por IA porque mi perfil digital es de montaña? Como no van a ir los rebaños descontrolados de turistas?