DÍA DEL LIBRO EN LA LIBRERÍA DESNIVEL

Sebastián Álvaro y Ramón Portilla: ¿Qué sería la vida sin libros, sin sueños?

Tarde del 23 de abril, día del libro. Sebastián álvaro entra en la Librería Desnivel con una mochila que es física y también simbólica. «¿Sabes lo que llevo aquí?», pregunta. Un rato después, junto a Ramón Portilla, abre la tapa y todos lo ven: libros. Sus libros. Los que le han marcado e inspirado. Una colección de imprescindibles que componen su bagaje y equipaje.

Ramón Portilla y Sebastián Álvaro en la Librería Desnivel. Día del libro 2015  (©Darío Rodríguez)
Ramón Portilla y Sebastián Álvaro en la Librería Desnivel. Día del libro 2015
Ana Torres | No hay comentarios |

Cuando era joven, las tres cosas más importantes para Ramón Portilla eran escalar, escalar y hacer el amor. Años más tarde, cambió el sexo por las cervezas. Hoy, su lista de prioridades tiene este orden: “escalar, escalar y leer un buen libro después”. Ramón Portilla y Sebastián Álvaro fueron los invitados de Desnivel para celebrar el día del libro, una cita en la que repasaron los autores y los títulos imprescindibles que han inspirado sus proyectos en la montaña.

“La gente está más preocupada por el grado que hace que por leer libros de montaña”

“El problema del alpinismo español es que los escaladores leen poco”. Sebastián Álvaro dejó ir este controvertido diagnóstico para animar el debate literario. “La gente está más preocupada por el grado que hace que por leer libros de montaña”. Al margen de las discusiones sobre el alpinismo ilustrado, él confesó que la primera lectura que encendió su pasión por la aventura fueron los cómic del Capitán Trueno. “Yo quería ser como él, tener una novia rubia y montar en globo”.

“De las guías no hay que fiarse demasiado, en poco tiempo son material prehistórico”

Después, sacó de su mochila un ejemplar de La ruta de la seda, de Luce Bulnois, la obra que despertó su pasión por los paisajes de Asia Central. Lo dejó en la mesa y mostró Samarcanda, de Amin Maalouf, del que destacó las emociones que contiene la historia y las relaciones entre los personajes. A continuación vino Alejandro Magno, de Robin Lane Fox, un volumen que tenía subrayado y lleno de señales de colores entre sus hojas. «Me gusta marcar los libros a mano», diría después para explicar que ciertas páginas dejan huella en el lector al tiempo que este hace señales en ellas.

“De las guías no hay que fiarse demasiado, en poco tiempo son material prehistórico”, apuntó Ramón Portila cuando habló de sus favoritos. “La historia y la literatura son los libros que hay que echar en la mochila de viaje”. Ambos invitados coincidieron en que las expediciones de antes eran más eficaces que cualquier campaña de fomento de la lectura. «Cuando más se lee es fuera de casa», decía Portilla. “En las antiguas expediciones al K2 estabas 20 días sin salir del campo base, metido en la tienda. Solo te quedaba alumbrar el libro con el frontal”…y leer.

Walter Bonatti fue el autor que sumaba más libros dentro de la colección de imprescindibles

Cuando los libros nos han acompañado durante un viaje pueden ser un contenedor de emociones que nos llevan a ese lugar lejano tantas veces como los abramos. A veces, incluso, guardan entre sus páginas el recibo del hotel de Katmandú donde uno se alojó una vez o la carta escrita en Pakistán que nunca se llegó a enviar. La que Sebastián Álvaro conservaba en El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, tenía hasta el sobre.

Walter Bonatti fue el autor que sumaba más libros dentro de la colección de imprescindibles con títulos como Montañas de una vida; K2. La verità; La mie montagne e I miei ricordi. El último era, de nuevo, un buen lugar donde guardar un recorte de prensa que anunciaba la muerte de Bonatti y una carta que el alpinista envió a Sebastián Álvaro. Maurize Herzog y su Annapurna primer ochomil también se colaron en la lista básica de una biblioteca de montaña.

«Gracias a los libros viajamos con la cabeza, la emoción y el corazón”

“Los libros, viajar y vivir son la principal fuente de conocimiento que tenemos. Gracias a los libros viajamos con la cabeza, la emoción y el corazón”, aseguraba Álvaro. ¿Qué otros títulos se mencionaron en el debate? Ramón Portilla escogió Estrellas y borrascas, de Gaston Rébuffat, un autor por el que siente fascinación, y Los conquistadores de lo inútil, de Lionel Terray. Álvaro destacó La aventura africana, de Fernando Savater; Grandes engaños de la exploración, de David Roberts (“La mayoría de los que aparecen en el libro son personas que, de no haber mentido, hubieran sido grandes”); Hacia el Polo, de Fridtjof Nansen y La vuelta al mundo en 80 polvos, de Javier Ortega.

Los libros de montaña sirven para entender el ciclo de la aventura

En la colección de la mochila había un par de volúmenes viejos y muy gastados que Sebastián Álvaro encontró alguna vez. Eran libros de segunda mano, esos que te hacen preguntarte cómo sería el dueño anterior, el que le hizo las marcas de las hojas que uno se encuentra ahora. Uno de ellos era Por el Tibet al Everest, de John Noel. La edición de 1924 guardaba una joya premonitoria: “Acaso llegue un día en que la ascensión al Everest sea una mera excursión pintoresca para turistas”.

¿Qué sería la vida sin libros, sin sueños?, fue la idea con la que se cerró el debate. Los libros de montaña sirven para entender el ciclo de la aventura. Porque “la aventura, antes de irte, se alimenta con lecturas”.

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