Finalista del Premio Desnivel 2014

Insularidad y Ralph del Valle «Soy un escritor que corre y no un corredor que escribe»

La Librería Desnivel acogió como se merece al finalista del Premio Desnivel 2014, Ralph del Valle, con su maravilloso libro: Insularidad. Y dejamos de ser islas por una tarde para convertirnos en un continente que latía al ritmo de las zancadas sobre la nieve, el latido de la búsqueda de la luz, el sonido de las reflexiones que nos unen porque son de esas que a todos nos atañen.

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Ralph del Valle en la presentación de su libro Insularidad
Ralph del Valle en la presentación de su libro Insularidad

Y dejamos de ser islas por una tarde para convertirnos en un continente que latía al ritmo de las zancadas sobre la nieve, el latido de la búsqueda de la luz, el sonido de las reflexiones que nos unen porque son de esas que a todos nos atañen.

Llegó a nuestras manos ávidas de historias, deseosas de leer un párrafo en el que querer continuar porque es diferente, es ágil y tiene una personalidad muy definida porque habla desde un lugar muy concreto que te atrapa. Y esto sucedió con Insularidad. Nos llevó a ese lugar donde la temática, la historia, lo que se cuenta no es lo principal. Y quedó finalista del Premio de Literatura Desnivel no porque fuese un libro que habla de correr, de las sensaciones que produce correr y de todo lo físico que rodea correr: calambres, lesiones, esfuerzo (también habla de correr) pero quedó entre los cuatro finalistas porque habla de todo lo que nos remueve a la mayoría. Se mete en tu interior. En aquello que, en un pedazo grande o minúsculo, llevamos dentro.

Cuando comencé a leerlo me entraron ganas de correr y también quise abrazar a ese corredor solitario, reflexivo, lleno de dolor, de oscuridad y de dudas… por fin lo abrace. Y su hermosa Isla estaba ahí, dando luz.

El libro se hace preguntas y algunas se las responde y hace que el lector se pregunte y se indague

«Insularidad surgió en una etapa bastante complicada de mi vida personal y sentí el impulso y la necesidad de correr». Él, que nunca había sido una persona deportista pero siguió esa llamada que le decía que era correr lo que necesitaba hacer y se sorprendió al ver que le hacía tanto bien y empezó a preguntarse a sí mismo por qué lo estaba haciendo «qué había dentro de mí y qué me había llevado a correr y fruto de esa pregunta y de esa exploración nace Insularidad». Así que tenemos que agradecer al impulso que le empujó a calzarse las zapatillas un día culaquiera y al ser filosófico que habita en Ralph y le hace cuestionarse porque gracias a ellos Insularidad se fue tejiendo como notas sueltas tomadas en noches robadas al sueño tras carreras heladas, comiendo los fragmentos que parecían simplemente un diario pero que fueron tomando cuerpo hasta dejar de ser un esbozo y tener una consistencia y una unidad: utilizando el acto de correr para preguntarse muchas otras cosas.

Y es que el libro se hace preguntas y algunas se las responde y hace que el lector se pregunte y se indague. Desde la soledad elegida del que corre en Alemania rodeado de parajes solitarios, a la soledad contemporánea que nos convierte en seres humanos atomizados, encapsulados, dispersos.

«Insularidad es un viaje a través de una época complicada de mi vida que empezó de una forma muy oscura y que por fortuna terminó en un lugar mucho más luminoso desde el que lo empecé».

Hay mucha esperanza en este libro y mucha verdad porque es un diario de anotaciones de las sensaciones en un periodo muy concreto de la vida del autor. Pero, como dijo Ricardo Martínez Llorca que nos acompañó en esta bienvenida de Insularidad, no es lo mismo un libro autobiográfico que un libro vivido y desde luego lo que cuenta Ralph son vivencias que no solo salen desde la cabeza sino que han pasado antes por todo el cuerpo.

«Insularidad pertenece al orden de la literatura testimonial», aseguró Martínez Llorca, «No tiene ningún valor si no es sincero. Y un testimonio sincero es un principio poético digno».

«Si no hubiese empezado a correr mi vida sería un lugar mucho más oscuro»

Insistió el autor en la agradable tertulia en que no es un personaje público ni nadie que su vida importe más que aquellos que le conocen, pero aún así tenía la esperanza de que esto que necesitaba contar era para algo «Decía Galeano que todos los hombres somos un fuego pequeño y que la humanidad es la suma de todos los pequeños fuegos… este era mi fuego y pensé que tenía que escribirlo».

Empezó a correr hace tres años y no tiene un nivel deportivo relevante, ni va a romper ningún límite una persona que no tiene nada que ganar, más que a sí mismo, y desde esa mirada está escrito el relato: «la competitividad no juega ningún rol en este libro ni en muchas personas que corren, no estás ganando nada, en realidad lo que estás haciendo es demostrarte algo a ti mismo, cambiar algo en ti».

Pero aunque no sea un deportista de élite es un libro con el que todos los que amamos el deporte podemos conectar porque habla de lugares comunes y aunque las motivaciones y los objetivos de los pueden ser diferentes la sensación que cuenta es parecida.

Con su anterior novela asegura que no tiene mucho en común más que algo inconsciente que se ha ido repitiendo en su escritura: Atomización, anulación de la identidad, individualización, invisibilidad del individuo. Y que se puede ver en la falta de nombres de los personajes quizá, pero ese “desnombramiento” también los hace más universales convirtiéndonos a cualquiera que nos sumergimos en sus páginas en ese hombre que corre y reflexion

«Si no hubiese empezado a correr mi vida sería un lugar mucho más oscuro en el que yo no habría aprendido nada ni sobre mí mismo, ni sobre mis errores, ni sobre lo que me rodea. Creo que en cierta manera Insularidad me ha servido para acercarme a ser la persona que quería ser».

Y que tenga suerte en el viaje en solitario. Y así dijo Ricardo Martínez Llorca que ni siquiera Ulises, un héroe en el que reconocemos a un navegante solitario, viajaba solo en el bajel Insularidad tampoco viaja sola, la acompañamos al mundo y la hacemos llegar a esas manos y esas almas que tengan ganas de leer algo hermoso, sincero que tiene mucho que ofrecer.


 

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