EXPLORANDO

Rubén Díaz, 8b de bloque en Baltzola

Este bilbaíno ha encontrado, en las oscuridades de Baltzola, la guinda a los dos años que lleva escalando. En la cueva, resuelve el problema abierto por Iker Pou en 2004, Hay que masticar antes de tragar (8b).

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Rubén Díaz mentalizándose para darle un tiento a Hay que masticar antes de tragar, 8b de bloque de la cueva de Baltzola.- Foto: Col. Rubén DíazRubén Díaz mentalizándose para darle un tiento a Hay que masticar antes de tragar, 8b de bloque de la cueva de Baltzola.- Foto: Col. Rubén Díaz

En 2004, Iker Pou pasaba febrero hacinado bajo el húmedo techo de Baltzola, exprimiendo las posibilidades de la cueva. Por aquellos días, el gasteizarra proponía, entre otras cosas, el tercer bloque de 8b de la península (el primero en territorio vasco) con Hay que masticar antes de tragar: «un bloque muy explosivo, de nueve movimientos, sobre regletas y un monodedo que hace bastante daño», lo definía el pelirrojo. Ha llovido desde entonces (y en Baltzola más) y el monodedo ha estado aguardando a los escasos valientes que han asumido el riesgo de hacerse las llemas puré. El último, Rubén Díaz, un bilbaíno de 22 años que tuvo su primer contacto con la deportiva a finales de 2006, y que después de dos años de intensa dedicación se apuntaba así su primer 8b de búlder en la libreta.

Con Ander Gardeazabal, equipador sobresaliente del País Vasco, Rubén se introdujo en la escalada, uno de los pocos deportes que no había catado. «Mi padre lleva toda la vida corriendo y haciendo alpinismo. Ha visto muchos accidentes y por ser consciente de la peligrosidad nunca me metió en la cabeza el rollo de escalar. Así que me dediqué a hacer otros deportes: esquí, natación, ciclismo, triatlón…», cuenta Rubén. Eso fue hasta que abrieron un rocódromo en el polideportivo que suele frecuentar: «Entré, miré, probé y ahí me quedé».

Poco después un amigo le presentaría a Ander, un pozo de sabiduría que tendría mucho que ver en la rápida progresión de Rubén. «Me ayuda mucho. Constantemente estoy en contacto con él, y sus consejos me sirven de mucho», reconoce. Y Ander, como buen mentor, no carece de paciencia: «Al llevar poco escalando hay un montón de cosas que no entiendo, así que le llamo y le doy la paliza».

Las lecciones han sido aprovechadas y Rubén puede disfrutar de su primer «ochobé» bloquero. «Me ha hecho mucha ilusión hacerlo», comenta mientras sus dedos todavía se resienten tras afrontar el desplome inclemente de Hay que masticar antes de tragar, donde se reparten cuatro movimientos de 7c+ antes de empezar lo duro: bloqueos, cerradas e invertidos que incluyen el corrosivo monodedo, salpican unos últimos cinco movimientos en los que tiembla la resistencia.


 

Dos años fanáticos

Aunque en esta ocasión han sido sus correrías bloqueras las que nos ocupan, Rubén Díaz ha centrado la mayoría de sus esfuerzos en la cuerda. «En realidad, es lo que más he hecho en este tiempo y lo que más seguiré haciendo por lo menos en el futuro. Estando fuerte en vías puedes disfrutar en cualquier momento del bloque, pero al revés es más complicado. Pero sobre todo, porque disfruto más con las vías que con el bloque». Y cuando más disfrutaba era este verano, llevándose sus primeros 8c´s ensayados y octavos a vista. «Y no ha sido cuando más he disfrutado por haber hecho mi máximo grado, sino por poder hilar cintas sin ir agarrotado por no saber chapar, por miedo a volar, por no saber poner los pies… Es decir, por poder disfrutar de las vías en sí».

Lo cierto es que el tiempo que ha dedicado a explorar los cantos de nuestra geografía ha sido mínima. Un par de días en Albarracín, otro par en Larraona, una vez en Santa Gadea y otra a Jaizkibel. «Y fue más en mi primer año que en el segundo, por lo que la libreta de bloque no tiene ni un cuarto de hoja». Entrenamiento a base de masticar consejos y tragar roca, le han llevado a encontrar en la escalada un estilo de vida: «Le dedico muchas horas, el mero hecho de estar casi todos los días en roca ya supone dedicarle muchas horas (y no le dedico más porque hay que estudiar para la universidad, prepararse para opositar, hacer caso a la novia…). Escalar ahora mismo es lo máximo. Y aunque parezca un tópico, no sólo por el deporte en sí, sino por lo que este deporte implica: amistades, lugares, viajes, tranquilidad…».

Habrá muchas más horas de monte en el futuro de Rubén, de roca natural y salvaje, y al ritmo que lleva no es de extrañar que sus andanzas lleguen habitualmente a nuestros oídos.

 


 
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