EL LEÓN EN INVIERNO

Entrevista César Pérez de Tudela

Uno de los hombres de montaña más polémico y polemista que ha habido en nuestro país. Entrevistado por Dioni Serrano

Ursi Abajo (derecha) junto a César Pérez de Tudela. Ambos tienen la Cruz al Merito de la Guardia Civil.  (Darío Rodríguez)
Ursi Abajo (derecha) junto a César Pérez de Tudela. Ambos tienen la Cruz al Merito de la Guardia Civil.
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Su nombre tiene el poder evocador de los perfumes para varias generaciones de españoles que descubrieron la montaña arrastradas por su vehemente personalidad. Este hombre de montaña, el más polémico y polemista que ha habido en nuestro país, consiguió tanto espacio en la prensa y en la televisión como una estrella de cine en tiempos en los que la supervivencia diaria era la única aventura que podían permitirse las familias. El mérito nadie se lo puede arrebatar: César ya es historia. Y él lo sabe.

Mientras me dirijo al pueblo de Torrelodones para entrevistar a César Pérez de Tudela recupero la imagen de un niño de once años que mira embobado la televisión. En la pantalla -blanco y negro- un señor, de nariz ganchuda y gestos explosivos, habla de un mundo fantástico de nieve y roca donde suceden historias de heroísmo, esfuerzo, coraje y amistad. Recordé a ese mismo chaval haciéndose una mochila de plástico, «despistando» la cuerdadel tendal y yendo al talud de la vía a experimentar la aventura de la montaña.

Me dio a elegir el lugar de la entrevista. Escogí su casa, por supuesto. Sentía una curiosidad infantil por ver donde pasaba el invierno de su vida este hombre que forjó la afición de varias generaciones de españoles. Le sobra toda la casa excepto una pequeña habitación casi soterrada que huele a humo e historia, atestada de libros, revistas y recuerdos. En las paredes cuelgan enmarcadas viejas páginas de periódicos con su inconfundiblerostro: esas páginas que hace más de veinte años le convirtieron en estrella cuando ser montañero era sinónimo de chifladura.César Pérez de Tudela no habla, interpreta. Sus palabras -que se atropellan en un afán de comunicar todo lo que le pasa por la cabeza- quieren sobrevivirle, quedar para el futuro. La humildad no es su fuerte (su palabra preferida es «yo») pero tampoco le pierde la soberbia. A partir de aquí, todos los rasgos humanos caben en su cuerpo menudo, vital y alerta.

Sabe que pertenece al pasado y lo acepta -no sin un deje de orgullo en la voz- con la misma resignación con que admite que no alcanzará el sueño de su vida: subir al Everest. Pero César no se rinde y si él no puede subir lo hará el Barón de Cotopaxi, su alter ego, un personaje de ficción que ha nacido para que haga por él ese «paseo cósmico».

La edad (alto secreto) y su corazón (dos infartos) han templado pero no detenido el frenético estilo de vida que lleva pegado como una segunda piel. En los últimos años ha dirigido expediciones -mitad aventura decimonónica, mitad márketing- a las selvas de Nueva Guinea y Borneo, ha escalado volcanes en Filipinas y Patagonia y ha capitaneado grupos de jóvenes por el Sáhara y Colombia. Y entre medias, aún le queda tiempo para dar conferencias, llevar a sus colegas abogados al Tíbet y al Kilimanjaro y escribir a diestro y siniestro, todo ello sin dejar de espiar el cielo por el ventanuco de su despacho con la esperanza de una excursión en parapente.

Mi intención no es volver sobre su vida (controvertida, llena declaroscuros, terrible a veces, apasionante siempre…), sino conocer su opinión de un mundo que él contribuyó de forma decisiva a formar, para bien o para mal; esto es una tarea que queda para los historiadores.

P.- Tus libros, tus opiniones, todo lo que escribes y dices tiene siempre un hálito de nostalgia ¿Te gustaría meterte en la máquina del tiempo y convertirte en un explorador del siglo pasado?
R.- Por supuesto. Ese tiempo pasado fue precioso, desde el punto de vista geográfico, y hasta los años sesenta los alpinistas tuvimos todavía el tinte romántico de aquellos aventureros. Eso no quiere decir que no esté entusiasmado con el presente. Pero porque tengo la preparación y la ilusión que me dio el pasado. Yo creo que cuando una persona dice que no mira al pasado, que sólo se mira al futuro, no dice realmente la verdad. El pasadocondiciona el presente y el presente es ya futuro.

P.- No eres el primer alpinista que se ha pasado a la exploración de territorios desconocidos ¿Crees que hay una conexión de causa-efecto o es que la «curiosidad» forma parte del espíritu montañero?
R.- La montaña es el inicio porque es lo más claro. Las montañas te subyugan. Pero llega un momento en que descubres que hay otro mundo además de la montaña. Y entonces toma cuerpo la clásica interrogante orteguiana: ¿qué es más importante, el camino o la cumbre? Hasta ese momento lo más importante es la cima pero a partir de entonces el camino se convierte en un fin en si mismo. Cuando llegó ese momento en mi vida, dejé de ser esclavo de la ambición de ser el mejor y me dediqué a otras actividades, como ascender a los volcanes, muy satisfactorias. Pero me resisto todavía a aventuras geográficas sin cima.

P.- Las expediciones actuales, de todo tipo, dependen al cien por cien de los patrocinios privados. ¿Hasta qué punto este «capitalismo deportivo» ha transformado el espíritu que siempre reclamas?
R.- Yo fui un adelantado que hace treinta años empecé a esponsorizar mis expediciones y soporté por ello agrias críticas y desprecios por parte de la comunidad montañera que sólo permitía que fueran los poderes públicos los que patrocinaran las expediciones. Y, curiosamente, todos los que más duramente me criticaron han llenado después sus camisetas de logotipos.Pienso que el patrocinio privado ha sido una contribución favorable y que no atenta contra el espíritu último de la aventura. A los jóvenes hay que darles oportunidades, y si los poderes públicos no tienen presupuesto me parece bien que sean las empresas privadas quienes lo hagan.

P.- Como abogado que eres, ¿qué opinas de las prohibiciones de actividades deportivas en la naturaleza?
R.- Repito la frase de un célebre jurista y alpinista francés Henry Bréton: «Cuando el derecho llega a la montaña, la montaña ha perdido parte de su valor». El derecho ha perjudicado a la montaña. Antes, en la montaña lo que valía era el bien hacer, el saber estar , creíamos en un código de honor, en la libertad. Ahora la sociedad ha hecho suya la montaña y han llegado las reglamentaciones. Está claro: el derecho es limitar, prohibir sin discriminar. Los reglamentos que rigen en los espacios protegidos tienen lagunas -incluso las normas más elevadas tienen lagunas-. Los montañeros que han sido los descubridores de ese territorio que hoy se protege, que han contribuido a su conservación y a su divulgación, hoy son los primeros perjudicados por las prohibiciones. Es un contrasentido. Entiendo limitaciones que son de sentido común: que se prohíba arrancar edelweis, por ejemplo, o que se restrinja la escalada en una pared durante algunos meses al año, pero no entiendo las restricciones exageradas. El derecho es la armadura que protege al hombre, pero a veces le resta libertad de movimientos.

P.- Pasemos a otra de tus pasiones: el periodismo. Gracias a tuintervención el público no especializado se interesó por la montaña. ¿Qué experiencia te ha reportado la profesión?
R.- Soy de la opinión de que hay que contar las cosas que se experimentan y por eso desde que empecé a salir a la montaña me afané en escribir mis vivencias, primero en revistas especializadas y después en los grandes medios, y me hice periodista porque comprobé que el gran publico tenía interés por las historias que sucedían en la montaña. Aunque he tenido malasuerte en la vida, confieso que del periodismo he obtenido muchas satisfacciones: tuve acceso a los mejores medios de comunicación en un tiempo en que si aparecías en el telediario de la noche o en el programa de José María Íñigo te convertías en una celebridad de la noche a la mañana. Y después, la profesión me permitió asistir a la Guerra de Vietnam, a Marruecos durante la Marcha Verde y a las Malvinas en el conflicto entre británicos y argentinos… como periodista he tenido mucha suerte: he publicado en las mejores editoriales y, mal que bien, sigo así.

P.- ¿Qué te hace seguir en la brecha? ¿Tienes que demostrar al mundo que sigues vivo?
R.- No. Me doy cuenta de que mi vida se acaba, y que me estoy haciendo mayor. La vida es una sucesión de épocas, cada una con un tipo de actividad y con una ilusión diferente, y yo ya quemé mi etapa de vanidad. Mi concepción de la montaña, de la aventura, es esencialmente metafísica. Lo deportivo para mí ha quedado atrás y si me entreno lo hago para poder seguir haciendo expediciones. Eso en cuanto a la actividad física, en cuanto a mis libros y artículos, sigo escribiendo porque estoy convencidode que mis libros tienen un mensaje. Quizá no tengan la belleza de un castellano rico, pero tienen mensaje, y creo que esto lo van a necesitar los jóvenes en el futuro.

P.- ¿Necesitas hacerlo para vivir?
R.- No lo necesito económicamente, lo necesito en el alma porque quiero sobrevivir. Pero con calma. Desde que tuve el infarto en el 92 me lo tomo todo con más calma. Ya no persigo la gloria (como diría Machado) sino llenar de vida los minutos que me quedan.

P.- ¿Eres lo que se dice un conservador?
R.- Conservador de lo bueno y revolucionario de lo malo. No soy un hombre de modas, sino de modos y mi vida está regida por unos viejos principios que están en desuso. No hago nada de lo que me pueda avergonzar, soy esclavo de mi palabra y ejerzo de caballero. Por eso me encanta don Quijote, y mucho más que él el personaje real que lo escribió. A veces la obra es superior a la vida del creador y otras es al contrario…

P.- ¿Y cuál es tu caso?
R.- Mi persona es muy superior a la obra pero quiero que la obra no quede mal. Quiero que todo lo que deje escrito tenga consistencia. Como ves tengo pretensiones, ¿qué vamos a hacerle? no soy nada modesto.

P.- ¿Cómo es posible que tu nombre siga sonando después de los años y además cuando hoy ya hay muchas estrellas del deporte de montaña?
R.- El montañismo y todas sus nuevas facetas se encuentra en un momento insuperable de afición: el deporte en los grandes espacios se ha instalado masivamente en la sociedad española, y yo he contribuido a su implantación social. Convencí a los padres y a los abuelos de los que ahora salen de la bondad y la conveniencia de practicar deportes en la naturaleza, además dea las instituciones sociales. Y si mi nombre sigue sonado es porque llevo cuarenta años haciendo esto y que muchas veces la prensa ha seguido mis peripecias como si fueran folletines. También he divulgado con seriedad la naturaleza en programas de televisión, radio, libros y conferencias. Mi trabajo es y ha sido más amplio y de mayor penetración popular que el de unnúmero muy reducido de estupendos alpinistas que sólo son conocidos por sus logros deportivos. Además, en mi persona coinciden muchos factores adicionales: logros reales, logros polémicos, narraciones reflexivas descubriendo la vertiente filosófica de la montaña, sucesos humanos, divulgación..

P.- Y entre los jóvenes ¿cuentas con el misma protagonismo?
R.- Una de las firmas que han patrocinado mis últimas expediciones -no recuerdo bien ahora cual- hizo una encuesta para averiguar cuánto me conocía el público español. Los resultados fueron un poco desalentadores: entre los mayores de 40 años mi nombre sonaba mucho, pero de cuarenta para abajo sólome conocían alrededor de un doce por ciento. Curiosamente, los jóvenes me conocían gracias a un programa que tuve en la radio fórmula, un experimento que hice para ver si podía conectar con los jóvenes que desconocían todo de mí. Me llenó de satisfacción ver que era capaz de conectar con gente joven con mi lenguaje antiguo, que no quiero cambiar, como no quiero cambiar yo.

P.- ¿Puedes marcar una decena de hitos que señalen el rumbo de la aventura en este siglo?
R.- Es difícil responder a esta pregunta porque este siglo ha estado lleno de efemérides. Pero vamos a intentarlo. En primer lugar la escalada del Naranjo de Bulnes en 1904 por Pedro Pidal y el Cainejo. La exploración del Ártico iniciada en 1910 por Snut Rasmudssen. Las exploraciones de principios de siglo de Luis de Saboya, el Duque de los Abruzzos, en el Karakorum, el Polo Norte, África, Caúcaso y Canadá. Las exploraciones realizadas en el Golfo de Guinea a principios de siglo por el alavés Iradier y que le colocan a la altura de un Livingston o un Nachigal. La llegada de Admusen al Polo Sur en 1911 fue sin duda un acontecimiento mundial lleno de emoción por la carrera emprendida entre éste y el capitán Scott, aunque antes sea necesario destacar las extraordinarias aventuras de Shacklentón en el Antártico entre 1907 y 1909. En 1950 Maurice Herzog escala el Annapurna, el primer ochomil conquistado y tres años más tarde se conquista el Everest, una de las efemérides más importantes de la humanidad. Finalmente, la llegada en solitario al Polo Norte del japonés Noemi Uemura, en 1978.

P.- No puedo dejar de preguntarte sobre la opinión que te merecen las competiciones de multiaventura en la naturaleza que tanta fama están adquiriendo.
R.- A mí no me importa el deporte por el deporte. Llenar la naturaleza de gente corriendo, para arriba y para abajo, me parece que corrompe un poco el espíritu que debe acercarnos a ella. La verdad es que hoy se hace muchas gilipolleces, y puedes ponerlo así. No me gustan esas competiciones porque además se premia a los mejores, y yo creo que hay que hacer de los peoreslos mejores. Y me pongo como ejemplo: a mí me ganó la montaña cuando era un niño flojo y débil y, aunque esté mal decirlo, creo que me convertí en uno de los más fuertes y valientes de mi generación a base de esfuerzo. Esto es lo que me gustaría que sucediera siempre. No me interesan los fenómenos, sino los que salen de abajo. En definitiva, hay que correr menos y mirarmás el paisaje.

P.- ¿Cuál es la droga que mantiene intacto tu entusiasmo?
R.- La ilusión. Es la única droga que puede impulsarnos a hacer lo que hacemos.

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