EXPLORANDO

Jordi Tosas reflexiona sobre el ‘alpinismo’ actual

Jordi Tosas ha puesto por escrito sus reflexiones acerca de las prácticas habituales del ‘alpinismo’ actual en su blog, en una entrada titulada Milarepa y los electrones. Detrás de tan extraño encabezamiento, el montañero atestigua el cambio de reglas que ha vivido su deporte, su juego, unas reglas simples que se basan en tres normas […]

Jordi Tosas  (MARC SERRADELL)
Jordi Tosas
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Jordi Tosas ha puesto por escrito sus reflexiones acerca de las prácticas habituales del ‘alpinismo’ actual en su blog, en una entrada titulada Milarepa y los electrones. Detrás de tan extraño encabezamiento, el montañero atestigua el cambio de reglas que ha vivido su deporte, su juego, unas reglas simples que se basan en tres normas para cada movimiento: incertidumbre, habilidad técnica y compromiso.

“Incertidumbre en el siguiente paso: qué habra más arriba, cómo sera la nieve, la meteorología, cómo estaré. Habilidad técnica para resolver todo lo desconocido que aparece en el camino, en el ascenso, tanto lo difícil como lo incierto; camino que muy a menudo ha empezado hace muchísimo tiempo y a miles de kilómetros de donde estás ahora. Y compromiso de seguir el juego hasta donde puedas con los menores, más simples y ligeros medios de los que seas capaz”, resume Tosas.

Retirada del Lhotse

El contexto del sugerente relato de Jordi es la retirada junto con Jordi Corominas de la pared Sur del Lhotse, una vertiente casi inexplorada donde intentaban una exigente ascensión: “Vuelvo del Lhotse, de su cara sur. Ha sido mi segunda vez en ese mundo y, cosas de la providencia, dos años de preparación se han quedado en unos intentos. Unos intentos en la incomparable compañía de los estratos de ese mar primigenio que se llamó Godwana. Estratos que cuentan la historia de nuestro mundo, páginas iluminadas por unos cientos de millones de estrellas del brazo de nuestra galaxia, esas noches oscuras cuando la luna es perezosa. Podríamos decir que lo hemos intentado, nos adentramos en su desconocida inmensidad de una forma técnica y comprometidos. En cada escalada lo subimos y bajamos todo… éramos dos, los justos.”

“El peso nos dobló, las piedras nos hicieron bailar y los aludes temblar. Hasta ese momento fatídico, cuando la mejor de las alternativas es renunciar. Cuando mas fuerte te sientes, cuando mas rápido puedes escalar, cuando crees sin dudar que puedes hacerlo. Es entonces cuando ella mueve su pieza y te hace el jaque, el mate. Su negra silueta surgida del rojo fuego del atardecer acaba siendo todo recuerdo mágico que en mi corazón queda del tiempo que bajo ella he vivido, he escalado, leyendo uno a uno los estratos del mundo y de mi memoria.”

Sorpresas en el Ama Dablam

Apurando los dos últimos días antes de su regreso a casa, Jordi Tosas decidió pasarse por la cercana Ama Dablam, “una de las más bellas montañas del Himalaya; isla y faro en un océano de cimas más altas que ella; líneas puras e ininterrumpidas que van a la cima. Una montaña que siempre he deseado subir”, según su propia descripción.

“Planteamiento simple: escalarla desde Pangboche, salir por la manana y volver a cenar. Con todo lo que necesito encima (el jumar esta en Benasque). Como son las reglas que he aprendido y que definen mi alpinismo –quizás el de muchos otros”. La idea inicial de Jordi Tosas se vio superada por la realidad hallada: “En menos de una hora cruzo el campo base de ese pico. Extensión abrumadora de gente y tiendas. Gente desayunando, gente duchándose, gente tomando el primer sol de la mañana. Y una exclamación generalizada: ¡¡Hay alpinistas escalando!! ¡¡Alpinistas en la montaña!! La situación es desbordantemente absurda. El sin sentido toca el límite en mi mente, probablemente demasiado estrecha. Un campo base entero sorprendido por el hecho de que haya escaladores por encima de las cuerdas fijas. En esa macroexpedición sherpa con apoyo internacional, el apoyo internacional se ha visto sorprendido con la llegada de escaladores.”

“Como nuevo invasor ignorado por los habitantes locales del campo, sigo mi camino. Nadie en la senda, nadie en los campos, unos pocos sherpas y, ya en la zona alta, los alpinistas, que sin yo saberlo son unos amigos. Me dicen que mucho viento y frío. Finalmente, sigo un poco más y decido bajar. Demasiadas cosas en contra. De nuevo en Pangboche, cenando ya reflexiono, sorprendido de la vía ferrata que han montado en esa preciosa montaña. Excelentes largos de granito rosa cosidos por roñosas cuerdas fijas de las que mejor no colgarte. De basura en cada una de las repisas. De los parabolts que van naciendo en las oquedades de la roca. Triste y desilusionado por la consciencia de en lo que han convertido ese pico mágico. Sus reglas son subir, subir a una cima.”

“El juego ya es otro, muy diferente. No se trata de escalar, se trata de subir. Que otros acepten incertidumbre, técnica y compromiso a cambio de dinero para que alguien pise una cima arrastrando el jumar. Me pregunto qué han hecho en veinte días, si yo he estado solo diez horas en ella. No lo entiendo.”

 

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