ENTREVISTA TRAS SU NOVENO OCHOMIL

Alberto Zerain: «Hemos hecho el Manaslu a nuestra manera»

El alpinista vasco se anotaba la semana pasada su noveno ochomil por la ruta normal tras haber sufrido un episodio polémico con la desaparición de una tienda cuando intentaba abrir una nueva ruta con Mariano Galván. Nos lo cuenta todo.

Autor: Darío Rodríguez / Desnivel | 6 comentarios | Compartir:
Alberto Zerain en la Librería Desnivel en marzo 2016 pocos días antes de partir al Dhaulagiri con Juanito Oiarzabal.  (© Darío Rodríguez/DESNIVEL)
Alberto Zerain en la Librería Desnivel en marzo 2016 pocos días antes de partir al Dhaulagiri con Juanito Oiarzabal.

Alberto Zerain ha regresado ya de su reciente expedición al Manaslu en la que ha sumado su noveno ochomil. Fue haciendo cordada con el argentino Mariano Galván y progresaron muy bien en un intento de nueva ruta que finalmente quedaría frustrado por la controvertida desaparición de la tienda que habían dejado en el C2. Mientras ellos descendían, más de un centenar de personas alcanzaba la cumbre por la ruta normal en la mejor ventana de buen tiempo de la temporada.

El dúo no se dio por vencido y, a continuación, pasaron a la ruta normal y ambos lograron también la cumbre, aunque en unas circunstancias un tanto extrañas: Alberto Zerain salió un día antes pero se detuvo en el C3 para protegerse de la ventisca durante 24 horas; Mariano Galván salió un día más tarde pero llegó primero a la cumbre y al CB tras protagonizar un espectacular ascenso non-stop. Una anécdota curiosa es que no se encontraron ni en la subida ni en la bajada.

Hablamos con Alberto para que nos cuente todos los detalles de una expedición con varios giros de guión y con un desenlace inesperado.

«Lo que más nos emocionaba era intentar la ruta nueva»

¿Cómo ha sido la experiencia?
La verdad es que lo que más nos emocionaba era intentar la ruta nueva, pero al final tuvimos la sorpresa de llegar al campo 2 y no encontrar ni rastro de la tienda y se nos cayó el mundo encima. Estábamos muy ilusionados. Cuando subíamos la idea era ir hacia cumbre pero hubo que hacer un vivac. Mariano no se conformó con quemar las últimas energías en el vivac –no había ni cocina para comer o beber– y decidió tirar para arriba con la esperanza de encontrarse una tienda por allí… ¡y al final la encontró! Una vivencia fuerte, digna de una persona capaz de tirar adelante con pocas cosas, con muchas ganas y con un conocimiento de sí mismo fuera de uso.

O sea que él tiró para arriba y se encontró esa tienda…
Sí, pero tampoco tenía cocina, luego se encontró mal tiempo, se quedó un día allá… Estábamos en buenas fechas, pues los días 30 y 1 fue cuando las expediciones comerciales hicieron cima. Mariano también podría haber llegado durante esos días, pero subía con pocas fuerzas para la dificultad y con escasez de todo. Llegó un punto en el que la montaña le cerró.

¿Vosotros habías equipado la ruta hasta el campo 2?
Sí, le llamamos campo 2 y, dicho sea de paso, el día que subimos llegamos en 12 horas, porque fuimos abriendo. Allí nieva mucho y cada vez que subes es un trabajo muy fuerte. Sabíamos que íbamos a tener que abrir huella también a partir de ahí, pero la dificultad solo venía en la parte que echó para atrás a Mariano: entre unos seracs hacia el primer pináculo del Manaslu. Si hubiésemos estado los dos, asegurando con la cuerda y habiendo dormido… son largos de escalada, pero hubiésemos luchado.

¿Cómo es esta ruta? ¿Por dónde transcurría y qué dificultades tenía?
Está en la parte norte, un poco a la izquierda de la ruta que abrió Urubko, es una ruta que va por aristas. Al principio hay que cruzar un glaciar y luego nos metíamos en una zona mixta –que luego ya era de nieve, por toda la nevada que cayó, y un poco descompuesta– que te da acceso a un corredor. De ahí, vas un poco en diagonal hasta llegar a la arista. Luego ya es arista, arista, arista… aunque hay un momento en el que, para dar acceso a una especie de plateau, se pone más o menos vertical. Luego viene un circo de nieve y a partir de ahí llegas a una grieta muy amplia por encima de un serac que no es peligroso. En ese punto hay una confluencia de rutas –un grupo de 15 japoneses trataban también de abrir una ruta que se cruzaba allí–; es un glaciar bastante tieso que va subiendo al primer pináculo. Nosotros veíamos una línea bastante estética que nos hacía pensar que podíamos subir por ahí. Además, habíamos metido unos 300 metros de cuerda fija y estábamos muy contentos con el trabajo realizado.

«Creemos que Russell Brice llamó a los japoneses y les dijo que tiraran la tienda abajo»

¿A qué altura estaba la tienda que desapareció?
A unos 6.250 m o 6.300 m.

¿Qué pensáis que pasó con ella?
Dadas las circunstancias de dónde estaba –era un sitio muy bueno– y que tampoco había caído tanta nieve como para taparla y no dejar ni rastro –teníamos piolets, bastones de esquís y muchas más cosas que la amarraban–, y tampoco había viento, creemos que Russell Brice llamó a los japoneses que estaban abriendo la ruta y les dijo que la tiraran abajo.

¿Russell Brice no estaba de acuerdo con que estuvierais abriendo esta vía?
Exactamente, él nos denunció a la agencia. Por lo visto vino al campamento y se preocupó bastante de hacérnoslo saber, pero sin que estuviésemos nosotros allá. Cuando llegamos al campo base nunca vinos a vernos. Yo creo que se escondía porque hasta él mismo se debía avergonzar de las maneras. Y decía que teníamos que pagar otro permiso si abríamos.

«Él decía que no podíamos ir por esa ruta y que teníamos que pagar más»

¿El problema cuál era? ¿No teníais permiso para esa ruta?
Parece ser que él también trabajaba con la agencia con la que trabajamos nosotros. El caso es que a nosotros nos aparecía él como líder de grupo. Pero eso parece que era más como una casualidad. Y él decía que no podíamos ir por esa ruta.

¿Y había que pedir un permiso distinto para abrir la ruta?
Pues no lo sabemos. Pero es que nosotros tampoco sabíamos que íbamos a estar con él. Cuando tú pagas un permiso, puedes ir a una ruta u otra. Si hubiésemos aclimatado en la normal y luego nos hubiésemos ido a otra, pues casi no se entera nadie, porque solo estás fuera tres o cuatro días, pero el hecho de que hemos estado abriendo, subiendo, bajando… Y para mí es una sorpresa porque nunca me había pasado. Yo pensaba que pagabas un permiso para subir el Manaslu y que luego podías hacerlo por un lado o por otro.

Nosotros nunca ocultamos que queríamos hacer algo diferente, pero es verdad que tampoco se lo dijimos a la agencia, porque tampoco pensábamos que tuviéramos que hacerlo. Igual así hubiésemos acertado porque nos hubiera puesto solos. Pero el otro estaba molesto porque le podíamos causar problemas si nos pasaba alguna cosa. Igual tiene algo de razón, pero no ha venido a nosotros primero, sino que lo que ha hecho es denunciar.

¿En ningún momento se acercó a hablar con vosotros?
No, no. Ni antes ni después. Creo que no se atrevió a venir, al ir de esas maneras. Si hubiera venido, hubiéramos podido ver cómo lo podíamos arreglar e incluso teníamos la posibilidad de pagarlo. Eran 5.000 euros más, pero si lo entiendes lo pagas… pero que te vengan a explicarlo un poco.

¿Todo eso os causó problemas con alguien más, como los oficiales de enlace?
No, qué va, no vino nadie ni hay oficiales de enlace. Tienes que pagar el oficial de enlace y tres permisos: el oficial de enlace son 2.500 dólares y los permisos 900 dólares cada uno. Pero eso no nos quitó el sueño. Quisimos hacer algo que no es lo habitual y en el Manaslu, que es una montaña ya comercial y que está colapsada de tanta gente que hay, con expediciones numerosas…


 

«Igual habría 350 personas en el campo base»

¿Cuánta gente había en la montaña este año?
Pues igual habría 350 personas en el campo base. Como un pueblo, una pasada… Había una expedición de Seven Summits con 70 chinos y 90 sherpas o más. Todos con oxígeno, claro. Luego había otras expediciones comerciales, y suma y sigue.

¿Cuánta gente habrá hecho cumbre?
Pues no te sabría decir, pero seguro que más de cien personas, en dos días. Se abre la autopista y todos para arriba con todo el ajuar y el 95% con oxígeno.

La lástima para vosotros es no haber podido hacer vuestra ruta por la falta de la tienda. ¿Qué teníais allí?
Sí. Los sacos, cocina, comida, una cámara y otras cosas que habíamos subido. Menos mal que el mono de plumas no estaba todavía allá… El caso es que al final también pudimos disfrutar de la normal, porque estábamos solos. Vivirla de otra manera.

¿Con los japoneses no pudisteis hablar nada?
Nada. El que los vio fue Mariano, que coincidió con ellos el día que él llegó a la tienda precisamente, cuando ellos ya se iban. Abandonaban ya la expedición. Les vio y cruzó cuatro palabras justas. Lo que yo cuento es lo que pensamos nosotros. Cada uno es muy libre de pensar eso o no.

«Cuando subimos nosotros, no había nadie ya en la montaña»

Cuando vosotros subís por la normal, ¿qué panorama os encontráis?
Cuando subimos nosotros no había nadie ya. Se habían quitado hasta las tiendas. Estuvimos solos en la montaña. Yo subí un día antes, empezando con mal tiempo y pensando que tenía que aprovechar la más mínima oportunidad. Subí todavía con la nevada que había caído hasta el campo 3 sin tener ningún campo montado; esperé 24 horas porque había mucha ventisca. Y 24 horas después de mí salió Mariano del campo base e hizo su non-stop pensando que se iba a encontrar conmigo. Lo que pasa es que yo estaba en el C3 y no me vio. Cuando yo salí del C3, vi que había una persona subiendo una pala de nieve hacia el C4 y, como no estaba por la ruta, me dije que no podía ser otro que Mariano. Cuando llegué al C4 vi que había una tienda rota con una mochila dentro, me puse a ver porque me parecía raro y vi que era la suya. O sea, que yo sabía más de Mariano que él de mí. Así anduvimos ese día, que hacía bastante viento, se echaba la niebla a veces… Él me llevaba unas cuatro horas, y yo siempre fui detrás, observándole muy de vez en cuando. Yo hice cumbre muy tarde, hacia las 16:45 horas.

¿En la bajada os visteis?
Hacia la cumbre se echó mucho la niebla y apenas veía, aunque tuve la suerte de que se despejó hacia las cuatro o así y aproveché para llegar bien a la cima. Antes de llegar arriba yo ya veía que había una persona que alcanzaba el C4 y que se iba.

¿No os cruzasteis?
No, ni nos cruzamos. Yo también me perdí en un momento de niebla, cuando me subí a otra arista que luego tuve que bajar. Fui subiendo, esperé un rato a que se despejara, entonces vi que tenía que bajar, emprender la parte del pináculo y subirla. Y en ese momento miré abajo y vi que Mariano estaba llegando al C4.

Qué curioso, ¿no?
Curiosísimo. Es más, ya Mariano iba muy cansado y miró para arriba y vio una persona de color rojo y se río porque, alucinando, le pareció que era un lama… y era yo, claro. Una casualidad.

Y Mariano, cuando pasó por el C3, ¿no te vio en la tienda?
No, y tampoco debió de gritar mucho… La verdad es que yo no lo vi hasta que salí de la tienda al amanecer, y estaba llegando al C4. Yo no quise salir de noche, porque lo intenté como a la una de la madrugada pero había mucha confusión y prefería ir más tarde para elegir dónde pisar. El terreno estaba raro, la ventisca había acumulado la nieve en algunos sitios y en otros no. Él llegaría al C4 como a las siete de la mañana, y a mí me costó unas cuatro horas llegar hasta allí.

En la bajada, ¿paraste a dormir en el C3? ¿Y él?
No, yo paré en el C4 y él tiró hasta el campo base. Yo llegué de noche al C4 y tampoco quise arriesgar bajando a esa hora, ya que todavía seguía soplando el viento y no me dejaba ver bien. Había todavía cuatro o cinco tiendas en el C4 y, casualmente, una tienda llena de tiendas medio extendidas… mejor, así me podía tapar un poco.

«El non-stop de Mariano Galván me parece digno de un titán»

Mariano hizo non-stop… increíble, ¿no?
Sí, sí. Él llegó a las 8:00 o a las 9:00 abajo. Y había que abrir huella, o sea que no era un non-stop aprovechando la huella de todas las cumbres que se habían hecho los días antes. Hizo unas 27 horas.

¿Y qué te parece?
Me parece digno de un titán, sobre todo viniendo después de todo ese intento que hizo y sin descansar bien.

Y a ti, ¿qué te ha parecido el Manaslu comparado con otras montañas?
En las condiciones en las que estaba, me ha parecido una montaña que hay que luchar. Otra cosa es coincidir con toda la gente, que entonces es más fácil, pero nosotros además no hemos equipado ningún campamento. Lo hemos hecho a nuestra manera. Por un lado, Mariano en non-stop; por el otro, yo fui más tradicional, llevando más peso: con el hornillo, la tienda…

¿Cómo la has visto, a nivel de riesgos, para hacerla comercial?
Este año la he visto bastante bien. No lo he visto peligroso, aunque sé de la avalancha que hubo hace cuatro años. Ahora, andando tanta gente, cualquier cosa que pueda ocurrir (un serac o cualquier tontería) puede ocasionar peligro. Este año no ha habido ningún accidente, pero yendo tanta gente pueden darse ese tipo de tragedias.

¿El resumen de la expedición al final es positivo?
Sí, al final, sí. Ya pensábamos que la cumbre se escapaba, porque si no aprovechas el buen tiempo cuando viene… De hecho, una vez hecha la cumbre, a partir del día 4 ya se puso a nevar y, estando solo en la montaña, eso lo pone muy difícil.

Formáis un equipo muy fuerte, Mariano y tú.
Yo lo he visto así, porque se nota que los dos seguimos el mismo patrón de tirar hacia arriba y parece que se hace más rápido todo. El rato que pudimos mantenernos como cordada, se notaba que avanzábamos muy bien: siempre intercambiándonos el esfuerzo de abrir la huella, y eso se nota bastante. Nos hemos quedado bastante contentos en ese sentido.

O sea que nacerán nuevos proyectos de esto.
Estamos en ellos. Yo creo que alguno caerá. Hemos quedado bastante satisfechos los dos, a pesar de que no sea normal que te desaparezca la tienda. Pero los dos somos de un temperamento que, en un momento dado, tomamos decisiones al momento. Y luego decidimos tirar para arriba, y eso hace que se vea un poco el espíritu.

De hecho, tú fuiste a buscarle cuando él no volvía del intento de nueva ruta, ¿verdad?
Yo me fui del campo base al C4 (7.350 m). Estaba un poco nervioso porque no sabía nada y pensé que también me iba a servir para aclimatar y ver si le veía. No le vi y me bajé al CB. Luego ya se despejaron las dudas porque unos prismáticos –precisamente de Russell Brice– habían visto a alguien que se movía por la pared.


 

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