La cordada formada por Elias Hangweyrer, Max Muck y Jakob Ritzl ha firmado una de las aperturas alpinas más destacadas de la temporada en Nepal con Edge of patience (M7+, A2, AI6 R), una nueva línea de 2.500 metros en la cara norte del Kongde Ri Shar (6.093 m), en la región del Khumbu.
La ruta asciende directamente por el corazón de una de las paredes más impresionantes y menos frecuentadas del Himalaya nepalí, un muro de roca y hielo cuya verticalidad había disuadido hasta ahora cualquier intento de apertura por su sector central.
Situado frente al Everest y al Lhotse, el macizo del Kongde Ri permanece relativamente alejado de los grandes focos del himalayismo pese a albergar algunas de las paredes más espectaculares del Khumbu.
La idea surgió al contemplar la pared desde el valle. “¿Por qué no hay ninguna línea por el centro de la cara?”, se preguntaban los tres austriacos. La respuesta parecía evidente: una muralla extremadamente empinada y compacta, donde desde abajo apenas se intuía la posibilidad de encontrar un paso lógico.
Aun así, decidieron intentarlo. En una primera tentativa llegaron a situarse a unos cien metros de la cima, pero las altas temperaturas y el deterioro de las condiciones los obligaron a retirarse. Convencidos de que la temporada estaba prácticamente perdida, permanecieron varios días en el campo base observando la evolución del tiempo mientras valoraban incluso cambiar de objetivo.
Seis jornadas en la pared
La llegada de una tormenta alteró por completo la situación. El descenso de las temperaturas abrió una nueva ventana de oportunidad y la cordada decidió lanzarse de nuevo a la pared apenas una semana antes de su vuelo de regreso.
Tras una jornada de aproximación, permanecieron cinco días escalando y viviendo en la pared antes de completar el descenso mediante rápeles durante una jornada adicional.
El resultado fue una experiencia que los propios protagonistas describen como una de las más exigentes de sus carreras, tanto física como mentalmente.
La principal dificultad estuvo en la naturaleza del terreno. La roca resultó mucho más compacta de lo esperado, lo que dificultó enormemente la protección de los largos.
A ello se sumó la escasez de hielo en numerosos tramos, obligando a recurrir a la escalada artificial en secciones donde inicialmente esperaban progresar en libre o en mixto.
La ruta alcanza dificultades de hasta M7+, A2 y AI6, con una seria exposición reflejada en la calificación global R. Incluso en los últimos treinta metros de pared, cuando la cima parecía asegurada, Elias Hangweyrer, Max Muck y Jakob Ritzl tuvieron que realizar una travesía inesperada para encontrar una salida viable hacia los neveros superiores.
La llegada a la cumbre estuvo lejos de significar el final de los problemas. Durante el descenso, la pared volvió a mostrar su carácter hostil.
Los austriacos comenzaron los rápeles con dos cuerdas de 60 metros, pero tres bloqueos de cuerda, dos cortes obligados y el deterioro sufrido por una de ellas tras arrancar violentamente una lasca redujeron el material disponible hasta dejarles apenas 33 metros utilizables al llegar a la base.
Siete días después de abandonar el CB, regresaron finalmente al valle agotados, pero conscientes de haber completado una apertura que les había exigido absolutamente todo.











