Aymar Navarro es uno de los mejores especialistas de freeride del mundo. Sus descensos extremos suelen ocupar portadas de los medios especializados en esquí, y a menudo también realiza actividades con componente alpinístico. En 2021, fue noticia por su espectacular descenso con Alexis Ferrera y Carlos Llerando de la Pala Sarrahèra y ahora vuelve a destacar en otra vertiente de esa misma zona de la Val d’Aran.
Se trata de la canal del Tuc des Hemnes (2.361 m), que ha podido descender después de años soñando con ello y tras haber completado la ascensión en solitario. “Hoy el sueño se ha convertido en una realidad”, señalaba en sus redes sociales el pasado miércoles. “Después de muchos años esperando y buscando las condiciones y sobre todo encontrarme con la confianza y conexión para poder esquiar esta espectacular línea”, añadía.
Máxima tensión
Respecto al ascenso y posterior descenso, Aymar Navarro reconocía que “ha sido una escalada y esquiada con muchísima tensión y solo. Ha sido una batalla constante con mi cabeza, no recuerdo nada igual…” Una afirmación a tener muy en cuenta, viniendo de alguien acostumbrado a enfrentarse a grandes dosis de exposición y riesgo en sus poco convencionales descensos.
Tan fuerte le ha parecido la experiencia que sostenía que “he llegado abajo con tal tensión que me temblaba todo el cuerpo e incluso alguna lágrima, sin saber porque pero de felicidad”.
Una pendiente constante
Aymar Navarro preparó a conciencia su descenso del Tuc des Hemnes. El día antes se fue hasta allí para evaluar las condiciones e incluso escaló una cuarta parte de la vertiente para comprobar también el estado de la nieve. Se dio cuenta in situ de la enorme pendiente que presenta, totalmente mantenida y sin ningún reposo visible.
Ya en el día D, mientras ascendía tenía dudas respecto a algunas zonas especialmente afectadas por el viento en que la nieve estaba muy muy dura. Se fue fijando en las mejores opciones para el descenso, tanto en lo que a línea como a calidad de la nieve se refiere.
Uno de los momento clave fue calzarse los esquís en la afilada cima. Tuvo que cavar una plataforma para hacerlo con seguridad. En los primeros metros del descenso se tuvo que ayudar de un cordino para destrepar sobre la roca apenas cubierta de una fina capa de nieve. A continuación, fue tratando de encontrar la fluidez necesaria para ir superando todas las dificultades. No necesitó colocar ninguno de los dos pitones que llevaba por si acaso y pasó los tramos más delicados con máximo cuidado.
Finalmente, ya en la base de la montaña, dio rienda suelta a la euforia, después de uno de los descensos de su vida.
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