Dentro de la autocaravana, ya cenados, nos ponemos a ver el documental Valley Uprising, seguramente visto ya por la mayoría de quienes leen esto. Para los demás, el ‘docu’ va sobre los orígenes, las primeras vías abiertas, las grandes borracheras y fumadas, los personajes emblemáticos… de Yosemite y su santuario Camp 4.
Las borracheras diarias a brandy de Warren Harding mientras escalaba, por primera vez, El Capitán, el hallazgo de un mega-alijo de marihuana y su impacto en la economía circular local, la capacidad de estos hippies-macarras de escalar lo hasta entonces inimaginable y, en conjunto, el ir contracorriente del American Way of Life… nos hace reír y disfrutar como niños.
Fuera azota el viento, por la ventana vemos alguna farola de Allende, aldea del valle de Liébana, cerca de Picos de Europa.
Termina el documental y Mikel, el colega zarauztarra, me suelta: «Es la ostia, Warren soplando cada día y ahí aguantó hasta los 77, el Bridwell vivito y coleando en la peli… y yo aquí dejando de fumar, tú que si me duele esto, que si me duele aquello… ¡somos unos mierdas!». Y anuncia: «Mañana, después de la vía, ¡a por brandy!». Risas.
A la mañana nos ponemos a caminar para llegar al pie de la vía Antimateria (180 m, 6a+/b), abierta en 1981 y que va por la mitad del paño de Castro Candilejas, junto al Cueto Agero (1352 m). En cuanto llegamos a la base identificamos el primera largo: una fisura evidente, se ve algún que otro pitón desperdigado, roca compacta con adherencia increíble. Sopla fuerte el viento del suroeste. Empezamos y luego ya se verá.
Esta vez no describiré al detalle los largos de la vía, más que nada por honrar el “a vista” de los que lean esto y quieran escalarla. La línea, cada uno de los 5 largazos de la vía, las posibilidades que dan las fisuras para meter los friends y fisureros… hace que sin duda merezca la sudada de la aproximación. Es una joya. El grado de la vía es asequible, pero mejor no subestimar: es «de escalar».
Desde la cima vemos los Picos de Europa. Azota el viento y viene lluvia. Bajamos caminando por el canal, llegamos a la autocaravana y, por pura suerte, se nos acerca Marc, un escalador francés afincado en Madrid. Hablamos de esta y otra vía, y nos cuenta que conoció a Luis Rubio, uno de los aperturistas de Antimateria, en Ailefroide. Y mantiene su contacto.


De camino a casa me vienen cosas a la cabeza. En Yosemite rompieron moldes, pero aquí también; desde Pirineos hasta Picos hay vías increíbles envueltas en naturaleza, aventura y soledad; muchas de las vías abiertas por astures, cántabros, euskaldunes… en los 70, 80, tienen su historia y algo que contar. Quiero saber más y “viajar” a aquel 1981 de la apertura de Antimateria.
A los días doy el paso. Luis me comenta de manera natural que con 75 primaveras sigue escalando; me acoge y deja que me encuerde a sus recuerdos para destrepar 44 años:
Su llegada al valle se debió a que a mediados de los setenta le llegó un croquis de mano de otro escalador, Pedro Udaondo; el croquis mostraba una vía abierta por tres cántabros. Durmieron en una cabaña de pastores al pie del Cueto Agero, escalaron la vía, y después vinieron otras: la vía Urogallo en el Resquilón, el Espolón Asturcones en la pared donde está Antimateria, más adelante Naúfragos del sol, etc.
El grupo de escaladores que abrió esas joyas era de Gijón: Miguel Rodríguez “el Guardia” y José Luis Rodriguez “el Maca”, Luis Rubio, Simón… Por la protección de intimidades omito de dónde venían los sobrenombres.
Tenían poca pasta. Luis era minero y con material del curro, de los talleres, se buscaban la vida para crear su propio material para asegurarse: tornillos de ferretería, clavos hechos en el trabajo. A veces rapelaban con la camisa de la cuerda, y el siguiente rápel con el alma restante. Cuando tenían que bajarse de alguna vía, remachaban un tornillo de 8 mm, lo vestían con un cordino y, sin pensar demasiado, bajaban con “total” confianza. ¿Ingenuidad? ¿Solvencia? ¿Temeridad? Un poco de todo, supongo.
Algunas otras vías que abrieron las llamaron Los celtas, Asturcones, Urbayo… para que, de paso, la gente supiese que era una tribu de astures la que estaba incubando huevos en zona Cántabra. Todo animal marca el territorio: la tierra es de los lobos y había que aullar como ellos.
El nombre de la vía surgió, en esa época de postfranquismo reciente, como válvula de escape en contra del sistema (y de la materia que Luis extraía en la mina). El anestesiante American Way of Life de la era de Nixon no pudo con la garra de los greñudos del Camp 4, ni el monocromatismo sumiso del franquismo lo consiguió con estos astures rebeldes.
Después de estar escalando por ahí y de bajar por la canal del Castro Candilejas, unos días antes de la apertura, Luis se quedó mirando hacia arriba y dijo “ostia, aquí sale otra línea”. Y esa fue la semilla de la vía Antimateria, ED inf, 180 m. Luis tenía 30 años.
Vía futurista para la época, abierta acercándose mucho a la nueva filosofía rotpunkt que había nacido 6 años antes y llegaba desde Alemania: la de intentar escalar en libre.
Aunque algo no me cuadra: me parece muy jodido subir con solvencia por la fisura del primer largo con botas duras, sin coserlo a pitones, sin friends… aunque fueran escaladores recios. El segundo largo también pide escalar con actitud de forzar pasos en libre. No entiendo cómo los abrieron con tan pocos seguros fijos.
Es cierto que justo venían de escalar con bota dura, en artificial. Pero resulta que para entonces ya llegaron los pies de gato, y fueron estos los que les dieron alas. En esta y otras vías.
Cuando la caseta de pastores fue comprada para convertirla en refugio, ya en la época de los “cholos” (conocidos en la zona de Picos por sus vías recias y expuestas), Luis salió del valle en búsqueda de nuevas paredes y aperturas. Más tarde llegaron Yosemite, Jordania, Argelia, Omán….
Una de las canciones de Led Zeppelin que escuchaban en aquella caseta de la base del Agero refleja bien lo que siento, a los pocos días, mientras escribo: Hay una sensación que tengo cuando miro hacia el oeste y mi espíritu pide a gritos que vaya (There’s a feeling I get when I look to the West and my spirit is crying for leaving).
Las cenizas de Miguel están donde la antigua cabaña, de José Luis no se ha conseguido saber su paradero, y a Luis pronto lo encontremos en alguna pared.
Gracias al trío por la visión, la belleza de la línea, y el estilo de la apertura. Y gracias Luis por habernos abierto un ventanón para asomarnos y mirar atrás.
Quedan apuntadas, para más adelante, Rescate emocional en Peña Santa y Rojo libanés o Me vi llorar en Horcados Rojos. Volveremos al cercano oeste con las espuelas afiladas.














Somos unos margaritos. No hay duda. Esta gente elevó el listón y dejó joyas tremendas. Con la firma de Miguel cualquiera que revise una Guía de los Picos (hay una buena de Cholo y suya) se encontrará decenas de vías con su firma. Puede elegir la que quiera. No le defraudará. Grande Miguel.