ES EL ENCADENAMIENTO MÁS PRECOZ

Mateo Gil, de 10 años, hace la ‘Mater misericordia’ (8a) de La Pedriza

Descubrimos a un nuevo jovencísimo talento de la escalada, que se estrena en el octavo grado con la vía más mítica de la madrileña Pedriza, un emblema de la adherencia.

Mateo Gil en 'Mater Misericordia', 8a. Foto: Joaquín Gil
Mateo Gil en ‘Mater Misericordia’, 8a. Foto: Joaquín Gil
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Mateo está en el colegio, como corresponde a sus 10 años, así que hablamos con Joaquín, su padre, escalador desde hace muchos años, que nos explica lo que hay detrás del precoz encadenamiento de su hijo. Mateo se ha subido por el “tumbado” de la Mater Misericordia, en el Risco de la Peseta, que para la mayoría de sus repetidores y aspirantes sigue mereciendo el 8a con el que Carlos Ruiz ‘Snoopy’ estrenó el grado en la Pedriza en 1993 (aunque en la guía de Escalada Deportiva en La Pedriza esté decotado a 7c+).

«Ni su madre, que también es escaladora, ni yo, le hemos obligado nunca a escalar, pero es que vemos claramente que le motiva muchísimo», explica Joaquín, «hace ya años que lo único que pide de regalo de cumpleaños, de reyes… es material de escalada, guías o algún viaje a escalar».

Tanto Mateo como su hermana Vega (de 9 años) empezaron a escalar cuando tenían unos 4-5 años en el rocódromo King Kong de Madrid. Actualmente Mateo pertenece al equipo pre-PROTES de entrenamiento de la Federación Madrileña, con el que entrena uno o dos días por semana, aunque la mayor parte del tiempo ambos escalan en roca. Aprendieron y siguen visitando con frecuencia la exigente zona de Torrelodones, y de ahí que la escalada en granito sea su especialidad.

Mateo Gil en un 7a de Torrelodones. Foto: Joaquín Gil
Mateo Gil en un 7a de Torrelodones. Foto: Joaquín Gil

«Mateo está acostumbrado a escalar conmigo y con amigos como Goin, el Sherpa, Conan… que son de una generación un poco anterior a la mía que me transmitieron a mí lo que era la escalada, y ahora se lo transmiten también a mi hijo, cuidándole y motivándole. Le encanta leer guías de escalada y se conoce a todos los ‘pros’, las historias de las vías…», nos cuenta Joaquín.

El vínculo de Mateo con la escalada difiere por tanto a la mayoría de los niños de su generación, que tiene su principal contacto a través de los rocódromos y las competiciones. Otra de las pruebas de su formación escaladora es que hace dos veranos Mateo escaló el la vía Amistad con el diablo (6a) de la cara Este del Urriellu formando cordada con su padre y con Miguel Ángel Lozano ‘Sherpa’ (quien por cierto tiene en su historial el primer ‘a vista’ de la Mater en 1997).

El encadenamiento de la Mater no ha sido en todo caso un proyecto muy premeditado. Estaban padre e hijo escalando en la Peseta y, después de que Mateo se llevara con a vista poniendo cintas Fuego manchego (6c+) y acto seguido La grande Babylon (7b), al ver la facilidad con las que las había resuelto, Joaquín le propuso probar la Mater: «En el primer pegue, poniendo cintas, se cayó ya muy arriba, en un invertido. Normalmente si él está motivado y veo que no es peligroso, le dejo que ponga él las cintas, pero si hay repisas o alguna caída mala, se las pongo yo o directamente en top rope. Para asegurar cuando vamos solo los dos utilizamos el Ohm, o a veces solo escalada él. En este caso, en la Mater, después de ese primer pegue, le acabé de poner yo las cintas. Luego le dio dos pegues en top rope, encadenando la vía, así que se volvió a meter de primero y a la primera se cayó y a la siguiente encadenó. Es decir, en total 5 pegues».

Afirma también que es la vía a la que más intentos le ha dado nunca Mateo, pues normalmente no suele probar muchas veces las vías. Hasta ayer su grado máximo era 7b+. «Ya sabemos que la escalada en la Pedriza es muy dependiente de las condiciones, un día te parece fácil y al otro imposible…», apunta Joaquín.

Al preguntarle por el futuro escalador de Mateo, su padre lo tiene claro: «A mí lo que me encantaría es que siga con esto, que llegue un momento en el que quizá yo sea abuelo y podamos seguir yendo a escalar juntos. Lo que no me interesa para nada es que ahora se achicharre por hacer un 8b y luego lo deje. Lo que me gusta es pasar el tiempo con él. Al final cuando su madre y yo –que no entendemos la vida sin hacer deporte– decidimos introducirles en la escalada fue sobre todo por buscar un tiempo en familia más íntimo, un poco alejados de todo lo demás».

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