Me encanta escribir, más aún sobre la montaña o historias relacionadas con ella. Sin embargo, no soy partidario de poner demasiado énfasis en los logros individuales, me parece mucho más interesante centrarme en los pequeños detalles. Pequeñas historias que se escapan a la vista difuminadas tras esos logros.
En este sentido, alguna vez me han dicho que, más que escribir mis propias historias, quizá haya nacido para narrar aventuras ajenas. ¿Será verdad? Y aunque fuera así, ¿todas las historias han nacido para ser recogidas en un trozo de papel?
No hace mucho un amigo me dijo que la mejor receta para vivir, reunir y escribir buenas historias es vivirlas en primera persona. Bueno, pues, atendiendo a su consejo, y haciendo una excepción en el camino, eso mismo hicimos en los alrededores del Bisaurín un amigo y yo: escribir nuestra propia historia.
Ya te habrás dado cuenta de que el título que precede a estas líneas es un poco raro para ser el nombre de una vía de escalada. ¿Misterioso acaso? Todo depende de la mirada con la que observamos una montaña, un lienzo o un poema de Bukowski, ¿no crees?
Debo admitir que a lo largo de los años alguna vez me ha parecido intuir un pequeño símil entre la escalada y la poesía; ¿el ponerse delante de una pared virgen no es, al fin y al cabo, como estar delante de un papel en blanco dispuesto a usar diferentes “recursos”? No sé si se entiende la alegoría. No sé si es mucho decir. No sé si somos poetas de la roca. No sé…
El nombre de la línea que abrimos en las agujas de Balellaza es Azken Poeta (el último poeta) en homenaje a todos los que se dedican a escribir poemas en la roca a lo largo y ancho del mundo; el 1% dicho sea de paso. La línea es muy sencilla. Humilde y lógica. Diminuta si se compara con el entorno o con algunas líneas de alrededor.
A lo largo de la apertura, quisimos actuar con ética y sentido común. ¿Lo conseguimos? Eso espero, porque ya somos bastante extraños en ese tipo de rincones perdidos. En cualquier caso, nos llenó mucho la línea, la actividad (13 horas de coche a coche) y los alrededores.
Las agujas de Balellaza están situadas al este del monte Bisaurín (2670 m), entre el puerto de Benera y el albergue de Lizara. Asimismo, las agujas forman, como si del filo de una espada se tratara, una arista afilada y un contrafuerte bajo el Bisaurín que se une a la planicie llamada Mistresa. Aunque es un lugar conocido, es salvaje a los ojos de todo escalador y montañero.
Cerca de una hora te costará intuir la cresta este de las agujas y tendrás que hacer una caminata de casi dos horas y superar los 600 metros de desnivel para llegar a ese maravilloso circo formado por agujas, cascos y torres. Tranquilo, estoy en lo cierto si te digo que el paseo en sí merece la pena, si no es para escalar, al menos para adentrarse en una zona romántica y poco transitada que en ocasiones recuerda a Ordesa.
Tal vez ese punto de romanticismo nos llevó a las paredes de allí. ¿Qué otra cosa si no? El escalador Mikel Sáez de Urabain mencionaba no hace mucho en su blog dicho lugar, y entre muchas cosas, quizá con cierto tono poético, hablaba de la magia del lugar; aunque con algo de resignación, confesaba que el entorno empieza a llenarse poco a poco de líneas de escalada y de presencia humana.
Ekaitz Maiz, Arkaitz Yurrita, el propio Mikel Saez, J.P Rio, etc. han sido pioneros en las paredes de la zona. Dicho esto, no se nos ocurrían mejores referencias para conocer el paraje y “escribir” nuestro propio “poema”.
Teníamos los referentes claros, pero ¿qué nos motivó a abrir una nueva vía? No sé si los escaladores nos hacemos este tipo de preguntas menos de lo debido. ¿Autocomplacencia disfrazada de egoísmo? ¿Ego? ¿Orgullo? ¿Un reto con nosotros mismos? ¿La atracción por el riesgo? ¿Qué, pues?
En ocasiones siento que la famosa frase de George Mallory «Escalo las montañas porque están ahí«, la hemos interiorizado casi hasta el punto de convertirla en un dogma. Dicho esto, no quisiera parecer petulante ni mostrar soberbia, simplemente creo que en ocasiones algo más profundo nos llama y lleva a subir y escalar.
En nuestro caso quizá fue el deseo de sentirnos únicos y especiales al igual que niños que hacen realidad un sueño infantil. Tal vez sea una mezcla de todas las razones anteriores.
Después de vomitar tantas preguntas retóricas sin una respuesta clara, debo reconocer que me han entrado más ganas si cabe de ver el documental de Alfonso García Una mirada atrás: el arte de equipar (2024, Kutunka films).
Estoy convencido de que Iñaki Marco, Guillermo Bañales, Aritz Aparicio y J.M Hernández tienen mucho que decir sobre las distintas motivaciones en la apertura de vías. Que más quisiéramos que parecernos un poquito a éstos y otros pocos como: Mikel Zabalza, Maialen Rojo, los hermanos Donnay y Pou, Sílvia Vidal, Ekaitz Maiz, Ibon Mendia, Tasio Martin, Joseba Iztueta, etc.
No son pocas las preguntas que nos hicimos en el trayecto desde el albergue de Lizara hasta la pared. Aunque en cuanto empezábamos a caminar estábamos llenos de determinación, a medida que subíamos la montaña las dudas nos fueron desnudando lentamente. ¿Vamos hacer algo de provecho? Queremos actuar con ética, ¿pero qué ética? ¿Debo perforar la piedra? ¿Cuál es nuestro verdadero objetivo con todo esto, que la gente repita la vía? Y si nadie la repitiera, ¿cuánto me importaría?
¡Inocentes! Yo pensaba que con los gorjeos de los pájaros y el sonido dulce del arroyo ni nos daríamos cuenta de preguntas de ese tipo. Menos mal que allí arriba desaparecieron todas nuestras preocupaciones, y disfrutamos plenamente de la aventura.
Te lo digo porque, cuanto más nos acercábamos al pie de vía, más ligeros nos sentíamos y más livianos nos sentíamos. Literalmente hablando, subimos unos 17 kg cada uno, pero en el albergue de guardas forestales nos quitamos tres kilos de de las mochilas; por otra parte, metafóricamente hablando, ver el muro y la línea que tantas noches nos hizo sudar nos ayudó a subir con más ganas si cabe.
No quisiera adornar ni hacer el relato más empalagoso de lo que ya es, pero cuando llegamos a la base de las agujas de Balellaza mi compañero y yo nos quedamos mudos. Sólo conocíamos de las fotos aquel paraje que nos robó de alguna manera las palabras. Pues bien, nos acercamos silenciosamente y manteniendo la distancia entre nosotros hasta la pared.
Tuvimos la oportunidad de comentar y discutir la línea durante el viaje, sí, pero una vez puesto todo el material -taladro, baterías, clavos y parabolts incluidos-, percibimos que nada es lo que parecía en simples imágenes. Ahí radica el reto, y las ganas de sentirse único por un instante. Puedes darte la vuelta y poner excusas, o puedes abrirle las puertas a ese sueño, como el niño que escala por primera vez el árbol más alto del parque.
Una vez escalados los primeros metros no había vuelta atrás; al menos, no le dimos tiempo a la cabeza para pensar demasiado. Teníamos un sueño y fuimos con todo a por él.
Gracias a Internet y algunas páginas de piadas (Remi Thivel, txastimendiak y xabigaton, por ejemplo) intuimos que junto a la ruta Dernier Dinosaure transcurría una línea natural y lógica. En comparación con la vía de al lado, nos pareció un itinerario que podía ofrecer más dificultades, ya que J.P Río eligió en su día las líneas más lógicas para “escribir» sus vías.
Continuamos subiendo de largo en largo, superando de vez en cuando -en nuestra modesta opinión- dificultades de entre 6b y 6c hasta llegar a la cima de la aguja central de casi 200 metros.


Al final, creamos el «poema» protegiendo placas, diedros, tubos de órgano y grietas. Intentamos introducir pocos anclajes fijos, suficientes para proteger los pasos duros, reuniones y asegurar la dirección de la línea. Sin embargo, dicho esto, no sé si, a causa de nuestras debilidades y límites, molestamos más de lo necesario la pobre pared.
Afortunadamente, estas dudas fueron aflorando un poco más tarde, pues una vez en la cima sólo disfrutamos. Disfrutamos del sonido del txistu, una flauta vasca, tocada por uno de nosotros y de los dulces momentos de silencio que fueron adornados con la misma poeticidad de la que antes hablaba.


A menudo me gusta pensar que todos los escaladores hacemos algo parecido a darle al botón de pause. Encapsular, aunque sea por un instante, la experiencia que estamos viviendo y guardarla en nuestras memoria; guardarla para siempre.
Así las cosas, me gustaría compartir contigo una última reflexión: ¿hay mejor verso que beber de esos recuerdos montañeros de camino a casa mientras los últimos rayos de sol te acarician la cara?


- Población: Aragón/ Aragües del Puerto
- Dificultad: 240 m, 6c (6b obl.) MD+
- 1ª ascensión: el 31 mayo 2025, abierta desde abajo por Karlos Aretxabaleta «Txapel» y su compañero Ander «Ugari».
- Material necesario: un juego de totem, un juego de microfriend y C3 medianos 0,75-1-2-3 (4 opcional).
- Topo: Agujas de Balellaza/ Contrafuerte del Bisaurín
- Distancia: 9,68 km 🔃 (1300 m 〽️ +/-)
- Actividad: 2h pie de vía/ 5h escalada/ 3,5h rápeles y bajada
- Entorno: Lizara -Bisa Bisaurín
- Referencias: Refugio de Lizara+ Wikilock
- Etiquetas: Bisaurín















Confieso que no escalo, solo subo montañas caminando, pero me ha encantado este artículo. La fuerza de las palabras cuando conectan con ciertos sentimientos del lector.