ESCALAR Y FILOSOFAR

Peña Montañesa, vía «Mona Pancha»: libres, en libre, y compartida

El escalador Iker Uranga utiliza su repetición a la vía «Mona Pancha» (230 m, ED 7b/+), en Peña Montañesa, para reflexionar sobre la escalada y la libertad, sobre vulnerabilidad y aceptación de dudas.

Escalando la vía Mona Pancha. Foto: Iñigo Santiago
Escalando la vía Mona Pancha. Foto: Iñigo Santiago
Iker Uranga | No hay comentarios |

La canción que escucho mientras escribo dice “La prefiero compartida/ antes que vaciar mi vida/ No es perfecta, más se acerca/ a lo que yo, simplemente, soñé…”

Compartida…. ¿la amistad?, ¿el amor?, ¿la soledad? ¿pone sobre la mesa la Libertad?

“…. Antes que vaciar mi vida”, advierte Pablo Milanés, cantando la versión junto a Silvio Rodríguez.

Si habla de amor, está claro el mensaje; ¿y si habla de amistad, del compañerismo de cordada cuando se afronta una vía maestra (véase lo contrario a grigri bitch), o de la sensación de Libertad compartida?

Parece un oxímoron, una incompatibilidad de términos: libertad compartida. Pero no lo es. Tanto, que lo contrario vacía la vida.

”…. se acerca a lo que yo, simplemente soñé”. Se repite en la canción.

Y en ese sueño avanzamos y cruzamos de noche Puente la Reina, dirección a Jaca. Hablamos de emoción, de aventura, de escalada…. hasta que le llega su momento a la Libertad.

Piloto y copiloto vibramos por lo nuevo, por la exploración en pared, … y vivimos, a veces demasiado, buscando esa conexión entre emoción y escalada/deporte. Ese es el motor que nos mueve a buscar nuevos retos, nuevas ilusiones. La sensación de aventura y libertad.

Peña Montañesa. Foto: Iñigo Santiago
Peña Montañesa. Foto: Iñigo Santiago

Íñigo, el amigo que va detrás, dice: “Además de que es imposible ser del todo libre, puede uno sentirse libre en cualquier momento, cocinando, incluso estando en un hospital. No es necesario estar escalando, hacer alpinismo… para sentirse libre”. Y añade: “Para mí ser libre es ser consciente de que vives, sobrevives, y hacerlo de manera consciente, saboreando tus actos cada instante”.

Se hace el silencio. No toca responder al instante. A nuestra derecha dejamos el Palacio de hielo de Jaca y los míticos Escolapios. Las palabras de Íñigo son compartidas: el conductor asiente, su estado vital “crianza” ya le ha mostrado ese asiento en algún banco de cualquier parque, el copiloto recupera la consciencia de aquellos días de super-vivencia hospitalaria de finales de año, y el que va detrás, el que ha abierto esa botella “Gran reserva”, ya ha tenido que bregar en la vida, sabe de lo que habla.

“Incluso estando en un hospital” retumba en mi cabeza. En ese instante me viene tía Matil al recuerdo, siempre serena y transmitiendo algo especial, incluso cuando está en un hospital. “No será perfecta, pero se acerca a lo que simplemente soñé”.

También me viene lo que dos días antes me contaba el Papila sobre su hija Lucia (renombrada como La Mona Pancha): que está recuperándose de un grave accidente por alud, justo unos pocos meses después de haber repetido la Supercanaleta al Fitz Roy.

Saco el croquis, impreso en blanco y negro, de la vía elegida: La Mona Pancha. Son las 12 de la noche, estamos ya llegando a Oncins.

Croquis de la vía "Mona Pancha", Peña Montañesa, por Papila
Croquis de la vía «Mona Pancha», Peña Montañesa, por Papila

Cuando nació su hija, Papila solía bañarla. Quizás porque sus curtidas manos estaban más acostumbradas a abrir vías y no tanto a bañar bebés, o quizás porque al principio da algo de “repelús” ver ese trozo de cordón y no quieres hacerle daño al bebé … al Papila le daba “palo” esa combinada de “trozo de cordón umbilical-bañera”. Y mientras tanto Lucía disfrutaba chapoteando, natural, libre, plena, como un mono en su medio…..De ahí el sobrenombre de Mona pancha. Una Mona compartiendo con él ese momentazo. Un must, que dirían los british.

Mona Pancha fue el nombre de la primera vía abierta en la Faixa Mula por Aurora, Sepu, Jose y Papila en Peña Montañesa, allá en el 96. La última vez que el Papila repitió la vía fue encordado con su hija Lucía, justo hace 3 años.

230 m, ED 7b+, 7 largos.

Escalando la vía Mona Pancha. Foto: Iñigo Santiago
Escalando la vía Mona Pancha. Foto: Iñigo Santiago

Amanece, desayunamos bien, una hora de caminata por el bosque, y ya estamos en el pie de vía. El bosque está en silencio, no hay nadie más. Aire fresco y cielo azul. La vía, orientada al oeste, tocará escalarla a la sombra la mayor parte del día.

Escalamos piloto y copiloto. Íñigo opta por quedarse en el bosque a observar la luz, los colores, y compartirá aventura siguiéndonos con su cámara, observándonos largo a largo. Disfruta sencillamente observando la luz, escuchando el silencio en el bosque, y siguiendo la aventura desde sus múltiples lentes telescópicas. Es entrañable el artrópodo.

Escalando la vía Mona Pancha. Foto: Iñigo Santiago
Escalando la vía Mona Pancha. Foto: Iñigo Santiago

Los que vamos al mejunje estamos tranquilos y motivados; sabemos dónde entramos, y justamente por eso entramos a la vía en silencio, concentrados:

Primer largo, un 6c buenísimo. La roca es adherente, toca protegerse, en 30 metros hay dos espits; el largo permite autoprotegerse bien, las fisuras van surgiendo cuando las necesitas, meto 3 friends.

Segundo largo: nos saltamos la reunión intermedia y sale otra joya de 50 metros, 6b (picante), 2 espits. Diedro, alguna fisura… Lo resolvemos bien. Siguiente largo, transición.

Ahora es cuando llegan los tres largos de «escalar fuerte y bien»:

El primero es un 7b/+ de 25 metros: un par de pasos de pies en adherencia en una placa – primero tumbada, luego vertical- … y después un problema concentrado de búlder en travesía. Al intentar poner la tercera cinta para protegerme, en ese equilibrio precario se me engancha el mosquetón en el pantalón… se me va un pie…. Vuelo y “¡Pillaaaaa!”. Siento rabia.

Desde la reunión salen estas palabras: “Oyeeee, que la nueva masculinidad es esto, que me caigo, que sufro… ”. Risas. “Bájame”. La vulnerabilidad une. Eñaut me baja, quita presión, acoge. Voy de nuevo al baile y esta vez sí sale en libre. El búlder: paso físico concentrado, de poner bien los pies, de echarle confianza. Increíble que esos movimientos los ofrezca la naturaleza vertical así tal cual, sin retoques, naturalmentian. Eñaut lo escala en libre con solvencia.

Penúltimo largo. De no creer: un 6c+ de los que se queda en la retina. Diedro con final oblicuo hacia la izquierda y salida en recto por fisuras…. maravilloso.

Último largo: 7a+ con inicio por un diedro-chimenea que está empapado. Lo lidera Enaut. Cuando el diedro se acaba y llega el desplome, se le ve como a un gorila en la selva de Rwanda: en su medio. Escala el desplome, mete un friend del 0.4 en una fisurita en mitad de un paso picante, y escala en libre el largo.

Me toca. Justo cuando voy a dar el paso en la sección dura del largo, se me empieza a abrir la mano: o me cuelgo o lanzo la izquierda a una pinza y a ver qué pasa.

El tiempo de decisión se acaba: 3, 2,… Segunda opción: agarro la pinza y, cuando de nuevo se me comienza a abrir la mano, paso dinámico a una fisura alta, con berrea incluida. Al puto límite. Decenas de agujas pinchan los nervios en las heladas manos. En una repisa cercana da el sol. Roca y sol. Descanso en el oasis, y llegada a reunión.

Iker y Eñaut en la Peña Montañesa. Foto: Iñigo Santiago
Iker y Eñaut en la Peña Montañesa. Foto: Iñigo Santiago

Llegamos a cima: al oeste, al fondo, los Pirineos nevados; al este, al fondo, el congosto de Montrebei; debajo de nuestra tapia, el bosque de encinas con Oncins al fondo. Unas bolitas blancas ovinas contrastan con el verde. Encima de nuestras cabezas un buitre extiende sus alas en su nido.

Dentro de mis pensamientos: Lucía Guichot, Matil, también el Jabitxin, … Macedonia de personas que comparten ingredientes: aceptación de dudas y vulnerabilidad, superación del miedo, movimiento consciente, y quizás el saber cuidar esa libertad interior a pesar de los embates recibidos.

Vista oeste, Pirineos. Foto: Iñigo Santiago
Vista oeste, Pirineos. Foto: Iñigo Santiago

Mirando a este y oeste, respirando aire fresco, llega esa plenitud consciente que a menudo coincide con la llegada a cima. Me identifico con el eslogan de mi camiseta: “Dance with the doubt, face fear, move within the moment. Be yourself. Be a climber”. [Baila con la duda, afronta el miedo, muévete con el momento. Sé tú mismo. Sé un escalador].

Justo cuando intento aferrar estos pensamientos en la corteza temporal del cerebro, escucho: “Goazen (vamos), Iker!”. Toca recoger las cuerdas y buscar la línea de rápel para bajar el muro y volver a mezclarnos con los árboles.

Llegamos a la furgoneta, aparcada en Oncins. Nos espera íñigo, que charla, junto a un tractor «old school” indestructible del 72, con Toni y su madre.

Toni y rebaño. Foto. Íñigo Santiago.

Es el momento de comer el arroz hecho, lentamente, por Íñigo la víspera. El Gran Reserva se come un plato, yo dos, y el Crianza tres platos como tres soles.

Disfrutamos de ese momento compartido como imagino lo hacía la Lucía en la bañera, o cualquier crío -que todavía no ha descubierto el football– con una hoja caída de un árbol en la mano, junto a su aita/ama: viviendo el momento, en buena compañía, y sin pensar (todavía) en mañana.

Gracias Papila por la vía, y gracias Lucia Guichot por inspirarle. Aurrera (adelante, con todo).

– Iker Uranga

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