EXPLORANDO

Adam Ondra y Om 9a

Cuando por fin logró encadenar Om, en 1992, poco se imaginaba Alexander Huber que el futuro primer repetidor de su vía aún no había nacido. Después de 17 años, el joven checo Adam Ondra, también primer repetidor de Open air (Alex Huber, 1996), se ha encargado del segundo rotpunkt a una de las piedras de toque de Alex Huber.

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Adam Ondra en Massone. Foto: Darío RodríguezAdam Ondra en Massone. Foto: Darío Rodríguez

Puede parecer que el joven Adam Ondra va siguiendo los pasos de Alex Huber, encargándose de las primeras repeticiones de las vías más duras del alemán. En realidad no es así, porque Adam Ondra persigue todo lo relacionado con la escalada deportiva extrema y eso se traduce en un número: el nueve.

En un año, Ondra ha pintado el punto rojo a diez rutas del grado brutal (entre 9a y 9a+). Entre ellas, a finales de 2008, a Open air, convirtiéndose en el primer repetidor de esta propuesta de 9a de Alex Huber y recotándola a 9a+. Su último encadenamiento ha sido Om, en Endstal (Triangel, Alemania), la segunda propuesta mundial de grado XI.

Desde su primer encadenamiento en 1992, Om se ha mantenido bajo la incertidumbre de una ruta propuesta como la más difícil del mundo (junto a Acción directa, 1991), sin repeticiones en casi dos décadas y unida a la controversia (superada con el tiempo y, sobre todo, las repeticiones a la mítica vía de Güllich) que en su momento provocó la conversión del grado UIAA al francés: ¿cómo se traduce el XI? ¿8c+ o 9a?

Om tiene 45 metros, pero la sección clave se concentra en apenas 12 metros: un par de problemas de bloque unidos por un lanzamiento.

Alex Huber en Om, 9a. Foto: Heinz ZakAlex Huber en Om, 9a. Foto: Heinz Zak

Hace años los rumores apuntaban a que un canto se había roto y hacía prácticamente imposible la resolución de un movimiento. Alex Huber lo desmintió: “No se ha roto un canto imprescindible. En la sección clave hay que hacer un movimiento muy muy largo desde un invertido a un romo. Luego un pie-mano y, claro, hay que sacar primero la mano. Cuando yo hice este movimiento, para guardar el equilibrio, me ayudaba de algo que ni siquiera le podemos llamar presa, un bultito de nada. Ésa es la no-presa que se ha roto, pero hay otras muchas parecidas que se pueden usar en lugar de la rota. Aun así, meter ahí el pie no es lo más duro, sino el bloqueo largo que viene después”.

Adam Ondra la ha resuelto en seis intentos y dos días de trabajo. “Una escalada muy bonita en una roca de tipo alpino”, escribió en su lista de encadenamientos. El grado se mantiene inmutable y da la razón a lo que hace 17 años consideró Alex Huber: 9a.

 


 
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