Amanece temprano un jueves 27 de noviembre, el frío se prevé protagonista y anuncia el inicio del primer encuentro Los puentes de Chulilla. Empezamos por lo importante, sembrar una semilla en los más pequeños, a los que dedicamos la mañana en el colegio entre juegos en el rocódromo y material de escalada.
A pesar de no ser aún fin de semana, Chulilla se llena de escaladores de distintas partes del mundo y juntos se reúnen en el auditorio, caída ya la noche, para presenciar un coloquio tan interesante como necesario. Pedro Pons, Litri, Pato, Yolanda, Cap y Presi nos cuentan como fueron los inicios de este deporte, nos muestran imágenes de la competición de 1988, nos hacen reír con sus anécdotas y nos provocan alguna lagrimilla cuando apelan a la nostalgia. Acto seguido, Alan Formánek, fundador del VIMFF (Vancouver International Mountain Film Festival), nos deleita con una serie de películas que logran un pleno absoluto en la sala y dejan a todos boquiabiertos. Termina así el primer día de cuatro.

El sol vuelve a salir el viernes 28, la mayoría aprovecha para escalar y prepararse para el rally del día siguiente. Más tarde, en la plaza, la noche se revela temprana. Los organizadores han planeado un circuito con varias pruebas para competir por parejas; juegos aptos para los más fanáticos, como plegar la cuerda –el récord, 39 segundos–, carreras de aseguradores, travesías en el suelo, estiramientos imposibles o suspensiones de infarto.
Se anuncian los mejores tiempos sin mucha dilación para continuar al resguardo del rocío con Urko Carmona, que nos reúne a todos de nuevo en el auditorio y nos cuenta su experiencia vital con su habitual naturalidad y desparpajo. Continúan las películas después, alguna premiada hasta el punto de poder ser candidata a Oscar. Al terminar, cada mochuelo se dirige a su olivo.





Sábado 29, 12º en el termómetro, los más valientes se reúnen en la puerta de la tienda de escalada Alcoxinillo para dar comienzo al rally. Peñeta, Competición, Muro de las lamentaciones y Tío José, son los sectores elegidos para tal evento. Al mismo tiempo, en el polideportivo, Silvia y Chino nos regalan una sesión multinivel de acroyoga; se preparan el rocódromo y la tirolina para que los niños hagan una cata de aventura; se disponen también los puestos del mercado con artesanía, fitoterapia, apicultura y Blakpak. El sol empieza a caldear los ánimos. Nos visita la radio local con música y entrevistas en directo; la barra, liderada por los clavarios, nos hidrata y nos alimenta sin descanso.
Si el día se ve marcado por el disfrute, la tarde y la noche se tornan inolvidables. Hippie nos cautiva con sus actividades cooperativas y una pequeña charla, dando paso luego a la super rifa valorada en casi 2000 euros. Blakpad cede rodilleras y camisetas, Desnivel incluye tres libros, Garra nos brinda vales para dos pares de gatos, Asegurapsicología, un vale por dos sesiones para la gestión emocional en la escalada. La organización aporta el resto: mochila, arnés, cuerda, caña, casco, bolsa para cuerda, cintas express y algo de merchandisig.
La euforia de los asistentes se multiplica con la salida de la luna. Comienzan a darse los primeros premios de la rifa, mientras The Cashers, el primer grupo de los cuatro, se prepara. Empieza la música y el campo de fútbol se colma de baile. Terminan de tocar y los ganadores del rally se anuncian a los cuatro vientos; premios para ellos, más regalos de la rifa y la siguiente banda ya esta lista para continuar la velada. La Fricativa Sonora se gana el corazón de muchos. Después, Tarrak inspira cuantiosas unidades de pogos y, por último, cierran el escenario, pero no la jornada, Vagos y Maleantes. Los que aún tienen fuerzas para proseguir continúan la noche en Discopeta, el único antro del municipio.


Domingo 30, último día. El frío persiste únicamente hasta que el sol empieza a picar, y el acroyoga, para los que se fueron a dormir a una hora decente, también. Las agujetas lideran el domingo, pero no impiden que se lleve a cabo el broche de oro: la torre humana con lance al jamón. Es tradición chulillana hacerla en mayo con los locales. En honor al pueblo se replica, con una hermosa comunión de escaladores y vecinos, en la tarde que marca el final de este primer encuentro Los puentes de Chulilla.
Saciados, satisfechos y contentos, organizadores y participantes recogen sus bártulos y se despiden hasta el próximo año, con la grata sensación de que este festival ha sido el primero de muchos, de que ha sido todo un éxito.









