Libros para tocar

Recordamos a Ueli Steck

En el aniversario de la muerte de Ueli Steck, ocurrida el 30 de abril de 2017 en el Nuptse, invita a hacer un ritual. Quizá más allá de logros y números, para recordarle apetece pensar en algo tangible hoy, en libros, papel… permanecer y palpar.

Autor: | No hay comentarios | Compartir:
Ueli Steck en la Ultra Trail du Mont Blanc 2015.  (© Darío Rodríguez/DESNIVEL)
Ueli Steck   Darío Rodríguez

Una pared impresionante del valle del Silencio: la pared del Nuptse. Una muralla kilométrica de hielo vertical. Donde Ueli Steck se fue mientras se preparaba para el ambicioso proyecto de enlazar el Everest y el Lhotse en solitario. 

Y ahí se quedó la increíble fragilidad de la vida y a la vez su poder más allá de nosotros.

En su aportación en el libro Entrenamiento para el nuevo alpinismo dejó claro que era meticuloso con el control, que asumía los riesgos que creía que podía gestionar: «Soy un fanático del control. Hasta para la vida cotidiana necesito que todo esté fuertemente estructurado. En montaña, necesito contar con la sensación de tenerlo todo bajo control. Creo que esta actitud me mantiene vivo. Afortunadamente, soy un cobarde; de lo contrario mi ambición me habría llevado ya a la ruina».

Entrenamiento para el nuevo alpinismo

Entrenamiento para el nuevo alpinismo

Y que su intención nunca fue morir en la montaña:

«Lo más importante es que regreses, con o sin cumbre. Tienes que ser honesto contigo mismo y admitir el hecho de que, a fin de cuentas, a nadie le importa eso en realidad y que lo haces para ti. Cada uno debe decidir el riesgo que quiere asumir. El riesgo no puede medirse y siempre depende de la persona».

Ueli Steck

Y a la vez, entre este control y esta conciencia de querer regresar, un deseo que se cuela en las rendijas: «atrapar el momento e ir a por ello» como refleja en una conversación plasmada en La escalada imposible, la historia de Alex Honnold en El Capitán escrita por Mark Synnott:

«Habían salido a caminar por las colinas de cerca de la casa de Steck y hablado sobre “cuando sencillamente te la juegas”. Steck le dijo a Alex que en algunas de sus grandes escaladas, él “atrapaba su momento e iba a por ello”, reconociendo que cuando la apuesta era lo suficientemente alta, estaba dispuesto a tirar los dados. Steck, sin duda, se estaba refiriendo a su ascensión en solitario de los 2400 metros de la cara sur del Annapurna, una montaña de Nepal que tiene 8091 metros. En la historia del deporte, esa ascensión ocupa un lugar destacado en la corta lista de las gestas más audaces en el Himalaya». 

El último libro de Ueli Steck

El último libro de Ueli Steck, El siguiente pasorelata, entre otras cosas, esa ascensión al Annapurna. Ueli sintió la muerte muy cerca. Atormentado por estos acontecimientos, tuvo que replantearse los riesgos que estaba dispuesto a asumir en el futuro para conseguir de nuevo recobrar su autoconfianza. Hablar de ello fue parte del proyecto de este libro que es el que a mí me gustaría destacar hoy.

En El siguiente paso narra de manera íntima y sincera no solo sus escaladas más recientes antes de su muerte, sino también cómo vivió y asimiló los reveses, y cómo se proponía vivir cada día como si fuera el final en lugar de como si no hubiera un final. 

Ueli Steck. El siguiente paso

Entre sus páginas reflexiona a cerca la sabiduría de la retirada:

«En mi opinión, ahí radica el mayor potencial de peligrosidad de las expediciones. Se debe tener la fuerza de saber decir “no” cuando las condiciones no se den».

Sobre la necesidad de aceptar el riesgo como parte del alpinismo: 

«El riesgo cero no existe en montaña, eso es algo que debemos aceptar, aunque nos manejemos de manera correcta y minuciosa».

Habla de los callejones sin salida a los que te puede llevar el ego o la ambición o la sensación de que eres lo que haces y lo que demuestras. También del teatro de la publicidad y la imagen:

«Ahora, el negocio de los deportes de montaña se nutre más de sesiones fotográficas puestas en escena y de astutas estrategias publicitarias, y menos del auténtico logro deportivo».


 

Y con crudeza asume nuestro paso leve y efímero por el mundo:

«Martijn estaba muerto, y el que yo me quedara en casa o continuara no iba a cambiar eso. Además, fuera en el proyecto 82 cumbres o no, iba a seguir haciendo alpinismo. Para la familia de Martijn, su pérdida era trágica e inconcebible, pero la vida continuaba.  El tiempo transcurre, pasamos un periodo de duelo. Y llegará un día en el que seamos nosotros quienes nos vayamos. Todos y cada uno de nosotros».

En El siguiente paso habla del miedo, «De golpe, tuve miedo: podía caerme y no sobrevivir. Hasta ese momento, eso lo había asimilado y enmascarado, pero ahora, en un visto y no visto, el temor se había avivado. Ahora, volvía a ver de pronto un futuro». El miedo como una proyección del futuro ya que en el presente prevalece la confianza en la vida.

Y quizá esto es lo que rescato como muy brillante en este libro, cómo relata con qué precisión y detalle su ascensión al Annapurna. Esa capacidad de que la experiencia te atraviese:

«Me había desprendido por completo del otro mundo. Ahora solo existía la escalada y nada más. Ni meta, ni futuro, ni pasado. Escalar aquí y ahora. Un golpe de piolet tras otro. Solo veía la hoja del piolet, que mordía el hielo o la nieve en cada pegada, y penetraba unas veces más y otras menos. Mi campo de visión se estrechó. Contemplaba el mundo como a través de un tubo».

Ahora que parece claro que el futuro no existe (llega un virus y te desmonta los planes, desmonta los planes a todo el planeta), quizá aferrarse al presente de la forma más plena que cada uno posea, sea la manera de aferrarse a la vida. 

Hoy como homenaje a su vida

Hoy como homenaje a su vida nos quedamos con esa capacidad que parecía tener para habitar el  presente, nada de gestas, heroísmos, juicios o controversias, solo un mantra, un mundo, una minúscula tarea hoy… 

«No prestaba atención a lo que me rodeaba, me limitaba a escalar, sumido en mi propio mundo, en el que únicamente existíamos el Annapurna y yo.

Me encontraba por completo inmerso en el momento. Lancé mi piolet contra la nieve asentada, agarró y me transmitió sensación de seguridad. Al clavar el piolet derecho me encontré roca. Volví a lanzarlo, esta vez con algo menos de fuerza y un poco más a la derecha, y ahí la nieve era mejor y la hoja mordió bien. Subí los pies y volví a lanzar el piolet izquierdo.

Fui repitiendo esa secuencia una vez tras otra: pegada, pegada, subir pies. Ese era mi mantra, mi mundo, mi pensamiento, mi tarea».

 


 
Lecturas relacionadas

Ayudarnos a difundir la cultura de la montaña

En Desnivel.com te ofrecemos gratuitamente la mejor información del mundo de la montaña. Puedes ayudarnos a difundir la cultura de la montaña comprando tus libros y guías en Libreriadesnivel.com y en nuestra Librería en el centro de Madrid, o bien suscribiéndote a nuestras revistas.

¡Suscríbete gratis al boletín Desnivel al día!

Estamos más ocupados que nunca y hay demasiada información, lo sabemos. Déjanos ayudarte. Te enviaremos todas las mañanas un e-mail con las historias y artículos más interesantes de montaña, escalada y cultura montañera.